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Opinión

Fin de ciclo

Argentina es Disneylandia o el infierno de Dante a los ojos del espectador mediático.
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 En un diciembre que está terminando sin mayores sobresaltos, fin de ciclo parece raro. Poca inflación la de este mes. Aparentemente no hay quejas por el impuesto a las ganancias, los policías están de acuerdo con sus salarios, la clase media sueña con el Atlántico y los pobres, son pobres. Ya nadie se acuerda de los planes, de los negros, de Vaca Muerta, del Vice. La situación alarmante por los pronosticadores económicos sobre un fin de año más parecido al Titanic que a las Aventuras de Chatran no llegó. Quisieron, algunos o muchos, un diciembre rojo, nuevamente, pero no asomó ni a naranja.

Argentina es Disneylandia o el infierno de Dante a los ojos del espectador mediático. Al lado de esta realidad, pegada y silenciada a nuestros oídos de clase media, está el pueblo, no la gente -esa construcción de señora linda que se alarma ante un homicidio, pero no de las miles de muertes que se lleva el aborto ilegal y que llora cuando aparece un nieto recuperado. El pueblo, que no llega al impuesto a las ganancias y si lo hace, no le alcanza para la casa propia, encuentra en las políticas inclusivas, un abanico digno, aunque pequeño, que recibe del estado, del gobierno y de las instituciones, ante el fortísimo calor del capitalismo. Ese es el pueblo que está solo y espera.

En las opiniones que vierten especialistas o no tanto sobre el futuro del país, siempre aparece la educación como la clave a resolver. El partido más difícil. Pero no se menciona que la tan mentada crisis educativa que atravesamos es el resultado de años de políticas contradictorias: los modelos pedagógicos no se pueden cambiar como quien no sabe qué ponerse para noche buena mientras el asado se pasa. Los resultados de la ley 1420 de 1.884, impulsada por Sarmiento recién se vieron en las primeras décadas del siglo pasado.

El día 12 de diciembre pasado, en una escuela secundaria para adultos, CENS, que funciona en un ex depósito de la Municipalidad de Guaymallén, a las nueve de la mañana, veintidós mendocinos adultos terminaron sus estudios. El acto comenzó a horario. Las sillas se acurrucan en una pequeña galería de una construcción chorizo, según el criollismo arquitectónico. Adelante los egresados y atrás los familiares. Pocos padres y más niños en brazos y maridos. Adolescentes que ven cómo sus madres terminan lo que a ellos no les cuesta mucho. Y sin netbook regalada o incluida.

Cantamos el himno, somos testigos del cambio de abanderados. Todas mujeres, madres y hasta abuelas, portan con orgullo la celeste y blanca. Hay lágrimas que corren como goteras de un techo que no se arregla nunca.

Atrás de los flequillos, rodetes, de los pantalones anchos y los cortes de pelo símil wachiturro, se observa la felicidad de quien dio un paso adelante en este ajedrez de todos los días, donde la educación es el único juego que te permite cambiar de ficha. Luego vienen las gaseosas, los chizitos y los palitos; una torta, simple y rica. Los profesores que ofician de padrinos de los egresados llevan regalos. Un video emotivo musicalizado con rock nacional cuenta la historia en imágenes de esas veintidós vidas que no reniegan de su pasado y se hacen cargo del presente.

Como cualquier fiesta, ya no acto, termina con música. Un saxofonista que comenzó con un poco de tos musical hace bailar a docentes, egresados y familiares al ritmo de Carlos Santana. Llegan los abrazos y las despedidas. Las sillas se acomodan, por un profesor que tiene aspecto de haber llegado tarde. La escuela va quedando vacía. Fue otro fin de ciclo, en el laberinto con salida de la educación.

Mendoza tiene 117 CENS, ninguno con edificio propio. Según la DINIECE (Dirección Nacional de Información y Evaluación de la Calidad Educativa) egresaron en el año 2009, 1392 alumnos, en 2010, 1449 alumnos; en 2011, 1736 alumnos; 2012, 2155 alumnos; y en el 2015, 2253 alumnos). Obviamos consultar cuántos reciben el Plan Progresar, por no querer seguir escribiendo cifras menores.

Nota de autor: El acto mencionado se llevó a cabo en el CENS 3-482 “Eduardo Pinto”. El nombre de la escuela es en homenaje al músico mendocino fallecido en el año 2008. La música cambio su vida y su nombre cambio la de veintidós más.