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Vendimia 2015: la mejor

"A este guion no había con qué darle", nos dijeron.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

Vamos a hacer una afirmación que, desde ya, quienes lo deseen pueden comenzar a refutar, pero esperemos que el tiempo nos dé la razón: los diarios del domingo 8 de marzo del 2015 van a decir en sus titulares de portada que la Fiesta de la Vendimia fue una de las mejores de los últimos años, sino una de las más logradas de la historia de Mendoza. De la misma manera, los diarios de los siguientes días destacarán los espectáculos musicales que se presentarán en las repeticiones, y esto lo sostenemos a pesar de que todavía ni siquiera suenan nombres de solistas o bandas para esas noches.

Dicho lo anterior, pasemos a otra afirmación, esta menos constrastable: toda forma de arte, toda manifestación artística o literaria, es política, por más que a veces se pretenda la asepsia argumentando que lo que se hace es “lo que la gente quiere” o se recurra a fórmulas igual de patéticas como “humor sano” o “películas para toda la familia”, por citar sólo algunos ejemplos.

Esto último es lo que los gobiernos saben y lo anterior es a lo que los gobiernos aspiran. Cualquier gestión reconoce que la Vendimia es un hecho político y toda gestión quiere que el diario del domingo posterior al sábado del acto central alague la fiesta.

Entonces: ¿qué sorpresa hay en el hecho de que el actual gobierno de Mendoza pretenda que la Vendimia 2015, la última de su gestión, sea “LA” fiesta? Mejor, reformulemos la pregunta: ¿qué hay de malo en el hecho de que cada gobierno quiera que la última Vendimia de su gestión sea “LA” fiesta?

De hecho, a lo que deberían aspirar es a que las cuatro fiestas que caben en cada gobernación fuera “LA” fiesta, y para esto también comprometer a los empresarios, pero comprometerlos en serio, que, al fin y al cabo, ellos son los principales beneficiarios del flujo de turistas que llegan a la provincia para ver la Fiesta de la Vendimia.

Durante las dos semanas de mayor intensidad en las actividades vendimiales, todos parecen pasarla bien: la gente sale a las calles, hace cola por una entrada, llena los cerros; los políticos (oficialistas y opositores) aprovechan para florearse, muchas veces sólo diciendo frases de ocasión, y los empresarios reciben los réditos de los hoteles llenos, los servicios turísticos a pleno y las bodegas muy visitadas, entre otros beneficios (amén de que aprovechan, también, para presionar al gobierno y cerrar algún que otro negocio).

Si todo lo que rodea Vendimia puede verse claramente, si lo que se denomina “la fiesta de los mendocinos” se vive en planos tan visibles y si, fundamentalmente, ninguna Vendimia define una elección (ni legislativa ni ejecutiva), entonces, ¿por qué no blanquear esto de la función política de la fiesta y, si fuera necesario, eliminar el concurso de guiones y convocar a los que cada gobierno considere los más capacitados para hacerla?

¿Acaso los municipios no hacen eso con sus fiestas, que cada vez son más espectaculares y con mucho más despliegue?

Es más: ¿acaso las conquistas de actores, músicos bailarines y demás participantes se perderían por esto? No parece posible.

Y hay un argumento más (el último sobre este punto, tampoco vamos a realizar un ensayo sobre el tema): ¿alguien recuerda de qué iba la Vendimia de este año, la del año pasado o la del anteaño pasado?

No va a faltar quien ante lo anterior esgrima frases tan de moda como “así van a imponer su relato” o alguna por el estilo. Y ante eso sólo cabe responder: vuelvan a hacerse la pregunta del párrafo anterior.

Vendimia 2015

Hace unos meses, desde el gobierno se gestó una idea: que el acto central de la Fiesta de la Vendimia 2015 fuera memorable, el gran cierre de la gestión Pérez, una fiesta (dejemos la sutilezas de lado) de puta madre.

Y para eso llamaron a los mejores.

Desde que se instaló esta idea, comenzó a conformarse un equipo que, le guste a quien le guste o le disguste a quien le disguste, es uno de los mejores que tendrá la historia de la Vendimia.

En el camino quedaron una de las coreógrafas más importantes y con más trayectoria de la provincia y varios directores de teatrales que son para sacarse el sombrero.

Lógicamente, estos (como otras personas de rubros relacionados con la Vendimia, como músicos, vestuaristas, bailarines y demás) quedaron afuera por diferencias internas, alguna que otra discusión, incluso hubo a quienes directamente no los atrajo la idea… En fin, que al final quedó un tamizado de gente que elaboró un proyecto irrefutable.

El equipo, así constituido, sabía que no le podía pifiar. Era sencillo: la cabeza del proyecto es una persona irrefutable como artista como lo es Marcelo Rosas; contaban con una de las escritoras más importantes de habla hispana; los músicos involucrados tienen experiencia de sobra; habían invertido mucho tiempo y dinero, por lo que les sacaban varias cabezas de ventaja a los demás proyectos…

La propuesta estuvo tan bien cuidada y es tan contundente, que uno de los miembros del jurado con el que pudimos hablar (uno que no es exactamente el más kirchnerista ni mucho menos) nos resumió todo en una categórica frase: “A ese guion no había con qué darle”.

Esto estuvo tan claro desde el principio, que los integrantes de los otros cuatro grupos se olieron que no iban a poder hacerle ni sombra (aunque, por supuesto, quedaba la esperanza). Y este dato, como sucede con la mayoría de los datos, se filtró, y entonces comenzaron las especulaciones respecto de los acomodos y las dudas sobre el jurado.

Todos los años hay especulaciones de este tipo en torno al guion ganador de Vendimia, pero las de este año apuntaron todas a lo cierto, a que el ganador sería uno específicamente, y esto no porque hubiera acomodo ni porque fuera “LA” fiesta de Francisco Pérez, sino porque, sencillamente, “no había con qué darle”.

En definitiva, si los municipios tienen la libertad de elegir a sus equipos para realizar las fiestas y la Provincia tiene la libertad de elegir los espectáculos musicales (que a veces son más políticos-partidistas que el mismo acto central), lo que habría que poner en cuestión es si, antes que un concurso, no sería más adecuado que cada año se escogiera un grupo de gente capacitada que se hiciera cargo de la Vendimia. Tal vez, sería un paso más en el sinceramiento de los gobiernos y, por qué no, un gran salto en la transparencia de las gestiones.


Para el final: Ucronía en forma de pregunta-epílogo: “¿Qué hubiera pasado si no hubiera sido este el guion ganador?”.