Presenta:

Opinión

¿Qué nos pasa?

La autora pone énfasis en el retroceso de los comportamientos sociales.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

 Sí, qué nos pasa a los argentinos que en vez ir incrementar el nivel de civilidad, de tolerancia, de expresar conductas democráticas en el quehacer cotidiano que importan el respeto por el otro en la acción o en el pensamiento, cada vez más nos vamos convirtiendo en verdaderos cavernícolas,

Las conductas primitivas y violentas son el pan nuestro de cada día. Se manifiestan en todas y cada una de las acciones, de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, en todos los estratos sociales, políticos y económicos.

Espacios públicos, ámbitos educativos, vida nocturna, conducción en calles y rutas, festejos y así podríamos seguir enumerando todas las actividades del hombre de hoy, son el fiel reflejo de una conducta social propia de inadaptados. Todo parece estar permitido so pretexto de la libertad, una libertad mal entendida porque una regla básica de la convivencia es que mi derecho termina donde empieza el de los demás.

Me pregunto cómo es posible que hasta se enrejen las plazas para evitar desmanes; que festejar traiga consigo acciones cada vez más violentas, ya en el orden privado o en el orden público. En vez de avanzar en este camino de libertad con crecimiento cívico y social que tano nos costó y que nos abrió las puertas para poder expresarnos no sólo en las urnas sino también en todos los actos ciudadanos que implican el cotidiano vivir, hacemos regresiones permanentes.

La violencia no sólo es física. También es psicológica, social, político, comunicacional. Pareciera que levantar la voz cada vez más (léase gritar), para no respetar al otro y hacer valer sólo su propio parecer, es lo correcto. Pero no lo es. Hemos dejado de escuchar al otro, cualquiera sea el ámbito; del diálogo hemos pasado al grito, al insulto, a la descalificación. Una peligrosa actitud social.

Educación. Una palabra tan simple pero que encierra la mejor respuesta a muchos de los interrogantes acerca de los “por qué” de hoy. Con ella, todo se supera. Sin ella, todos los males se profundizan. Tenemos que vivir cada vez como más libertad pero con los límites que una sociedad necesita para crecer y seguir avanzando, partiendo del ámbito familiar, pasando por el educativo, social y político. En esto, todos somos responsables.

(*) Norma Abdo es periodista.