Presenta:

Opinión

|

indio

Transa con lobos, el western prominero que mantiene en vilo a la Legislatura mendocina

Mal que les pese a algunos, las leyes no pueden hacerse y deshacerse a su antojo.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

Breve síntesis de la trama: El Soldado disfrazado de Hierro Indio

Resulta que el yacimiento el Soldado se quiere hacer pasar por Indio, en medio del bello y agreste paisaje del sur mendocino. En las orillas del menguado río Atuel, que está al 60% de su caudal histórico, recibe su nuevo nombre de los caciques malargüinos, que en lengua nativa quiere decir “Transa con Lobos”, porque en una escena memorable en la que El Soldado creía que nadie lo miraba, en lo profundo de la noche, se lo vio transar con lobos mientras jugaban con fuego. No sólo lo vieron los caciques políticos que estaban allí, también fue visto por los productores que, como riegan cada 18 días por la escasez de agua del río, tienen mucho tiempo para observar lo que sucede entre gallos y medianoche. “Ahora eres uno de los nuestros”, se lo escuchó decir a cada lobo, mientras les pasaba algún objeto que por la oscuridad no se dejaba ver, pero que ha de ser sagrado en su cultura o algo así, porque de inmediato los lobos se pusieron a aullar frente a las cámaras déjenNOScontaminar un poquito, así en primera persona. Como si hubieran incorporado el sacrosanto objeto, y ya sintieran como propio el proyecto minero del Soldado, que apresuradamente se hizo pasar por Hierro Indio.

Mientras tanto, en el pueblo, el comisario Elizalde también se apresura: unas pocas horas antes del debate en el Senado, abre las puertitas de goznes giratorios de una Agencia Provincial Ambiental ad hoc, que se acaba de inventar como pretexto para decir “Oh, con esto vamos a controlar a estos forajidos”. Y sale caminando chueco para trabarse en un duelo verbal con otro lobo de la Vieja Guardia de los Poquitos, el cowboy Tanús, que dispara: “Hay que cambiar un poquito la ley 7722”. A lo que Elizalde responde “a la 7722 no se le toca ni un punto ni una coma”, y no sé si será la sed de este duelo al rayo del sol, pero más bien parece una bala de fogueo, o un guiño.

Al mismo tiempo, en otra parte cuya localización los espectadores desconocemos, la chica de la película –no puede faltar-, una cautiva cuyo nombre occidental es Senadora Silvia Calvi, “Erguida con lengua” para la tribu, intenta recuperarse del tiro por la culata de su intento de sincericidio. Cautiva y amordazada, deshoja margaritas como si fueran un rosario, hasta dejarlas calvas: “déjennos contaminar mucho, poquito, nada, déjennos contaminar …”. Y así sigue,en un loop infinito, ya que sus antiguos compinches no hacen ni el más mínimo intento de rescatarla.

Sin código y fuera de la ley

Mal que les pese a los promineros, no estamos en el lejano oeste de las películas, donde las leyes pueden hacerse y deshacerse a su antojo. Desde el vamos, ya antes de empezar, están violando varias, y hasta su propio código de minería, ya que no se trata de uno sólo, Hierro Indio, sino de dos yacimientos que están en distintas etapas, y por lo tanto se requieren procedimientos diferentes. El Soldado, más grande, según el Código Minero y el Decreto 820, tendría que solicitar permisos para prospección, mientras que la antigua mina de Hierro Indio, a la que se pretende reactivar, tendría que solicitarlos para exploración. Detalle no menor, ya que la fase de exploración produce impactos ambientales tan significativos que pueden observarse desde imágenes satelitales.

Aunque se rasguen las vestiduras diciendo que respetan la ley 7722, lo cierto es que ya violaron sus artículos 2 y 5, al otorgarle la DIA a este proyecto sin consultar a los otros municipios que comparten la cuenca del Atuel: los dictámenes de Alvear y San Rafael brillan por su ausencia. En plena emergencia hídrica, la situación es realmente delicada para todos los que se abastecen aguas abajo, incluso también a La Pampa, que ya lanzó un grito de alerta y un pedido de informes, porque tampoco ha sido consultada ante la posible disminución en la cantidad y la calidad de aguas del disputado río Atuel.

Llama la atención la celeridad con que le dieron el ok a una Declaración de Impacto Ambiental tan floja de papeles, sin detenerse a analizar estas y otras violaciones a leyes vigentes: sin Estudio de Impacto Ambiental, ni Consulta Pública de los expedientes, ni Audiencia Pública, están violando la Ley General de Ambiente 25.675, el artículo 41 de la Constitución Nacional, y el mismo Código Minero, en su artículo 233.

También, la ligereza con la que el ministro Zandomevsky, escapado de un film ruso rodado en Macedonia, vino a decirles a los malargüinos que el agua que vienen tomando sin ningún problema desde hace siglos no sirve ni para bebida de nada, porque dizque tiene un PH malísimo que sólo la hace apta para la minería. Un argumento casi calcado al que esgrimieron en Uspallata hace añares, cuando un paisano mío les derrumbó todo el powerpoint y los doctorados a los especialistas con un simple y sencillo “disculpe don, pero en ese arroyo hay truchas, y mi tata me decía que donde hay truchas pueden tomar tranquilamente los cristianos”. Sí, también hay truchas en el Arroyo Colorado, donde se asienta el Soldado disfrazado de Indio: sabiduría popular: el agua es buena.

EL CLUB DE LOS POQUITOS

“DéjenNOS ofrecerles unos poquitos puestos de trabajo”, ruegan los lobbystaspromineros, ya que, según consta en el expediente de Hierro Indio, sólo ofrecen 5 (cinco) puestos de trabajo para esta etapa. Una minucia que, si contamos con las 8 familias de puesteros que utilizan esos campos para pastoreo (aunque en la foja 143 la empresa los ningunee, diciendo que la zona “no posee actividad antrópica”) ya nos estaría dando un saldo negativo. El argumento de los puestos de trabajo de la megaminería se cae por su propio peso, si contamos todas las fuentes laborales que potencialmente pueden perderse, y no sólo por el caso de los puesteros: también en turismo (muchas empresas han tenido que cesar sus actividades por la escasez de agua del Atuel), en la agricultura (los productores tienen que regar cada 18 días por el mismo motivo), etc. Esta peli ya la vimos: siempre son unos Poquitos los que se enriquecen a costa del sufrimiento y la pauperización de los muchos, y después no se hacen cargo de los conflictos laborales y sociales –como en la telenovela brasileña La Fuga de Vale- ni de remediar lo irremediable: los pasivos ambientales y las enfermedades que generan, como en el caso de Sierra Pintada.

De la poquita información que pudimos recabar en la poquita página web de la empresa, se desprenden dos datos fundamentales: en el o los yacimientos, hay titanio, metal mucho más valioso que el hierro, algo que la empresa no ha declarado públicamente. Y también hay fósforo y azufre, dos sustancias tóxicas contenidas en la roca que, de ser liberadas en el polvillo de las voladuras, afectarían la salud humana, la de la flora y la de la fauna. Con el agravante de que, para separar el fósforo del hierro, se requiere un procedimiento de flotación con agua y químicos del que la comunidad no ha sido debidamente informada, como el que ya se utiliza en la mina de hierro de Sierra Grande, explotada por los chinos, que muchos lectores recordarán por el programa Periodismo Para Todos cómo había secado las fuentes de agua de las poblaciones aledañas, e incluso había tenido que interrumpir sus actividades porque el agua no le alcanzaba ni para ella misma.

Ni tan seco, ni tan magnético, ni tan sin químicos, como declaran los Poquitos en los medios, el método de extracción de hierro requiere enormes cantidades de energía, y sobre este punto la empresa tampoco ha sido clara: de dónde la van a sacar, cómo la van a llevar hasta allá, etc.

Tampoco dicen si le van a pagar algún tipo de peaje o compensación económica a las aves migratorias, por atravesarles el humedal de Laguna Blanca, donde tienen su sitio de nidificación y parada, con caminos de acceso a la mina: ruidos molestos de camiones y transporte de sustancias peligrosas, que a las aves no les agradan ni medio.

¿Sin lugar para los débiles?

En sintonía con las declaraciones de Erguida con Lengua, el comisario Elizalde, ahora erigido en guardián de la moral y las buenas costumbres de los colonos, les ruega que por favor dejen de usar la palabra “penetrar”, para evitar un doble sentido que nos permitiría una comprensión más cabal de lo que ello significa. Pide que en cambio hablen de “perforar” cuando se refieran a los acuíferos, a nuestra tierra, en definitiva.

Como es costumbre de todos los emprendimientos megamineros que han intentado colarse en nuestra cordillera, sus estudios de línea de base dejan mucho que desear (esto es, el relevamiento de cómo es la calidad del agua, el aire, el suelo, cuáles son las actividades y el estado de salud de los pobladores, en síntesis: cómo está el mundo antes de ellos, sin ellos, datos indispensables para evaluar si realmente los necesitamos o no, y qué tantos daños ambientales, económicos, sanitarios, nos quedarían si hubiera un después de ellos). En particular, el de las napas subterráneas, y su delicado equilibrio con los humedales, también obedece a la lógica de lo poquito.

Ya lo sabemos: en todo western que se precie, el que dispara primero, dispara dos veces. Mientras los protagonistas de esta saga se entrenan en velocidades récord para aprobar DIAs al bulto y al voleo ¿por qué tan lerdos y perezosos para darle tratamiento a un proyecto como es el Parque Paso Pehuenche? Uno que no contaminaría ni un poquito, que daría muchos puestos de trabajo inagotables en turismo, y que protegería las aguas de nuestros ríos para todos los seres vivos y las economías regionales que se sostienen en ese líquido invaluable que los mendocinos jamás, por nada del mundo, negociaremos con nadie. Bangbang, saqueadores: fuera de este pueblo.

Eugenia Segura