ver más

Opinión

La batalla contra un mal que se llama EI

La situación de los grupos yihaistas y el peligro que implican.

Con intervalos de algunos días nos estamos acostumbrando a observar una imagen siempre parecida a sí misma: una o varias personas con el rostro cubierto de negro aparecen al lado de otra persona, ésta con el rostro desvalido, en videos que culminan con que estos últimos son decapitados. Las víctimas fueron primero periodistas estadounidenses (James Foley y Steve Sotloff), luego un turista francés (Hervé Gourdel) y finalmente (hasta ahora) el taxista británico Alan Henning, un alma grande que había viajado a Siria para ayudar a las víctimas de la guerra civil.

Detrás de un modus operandi de semejante impacto emerge un nuevo actor en el escenario internacional, "Estado Islámico" (EI), una versión radical del Islam que no sólo genera horror y temor sino que amenaza con provocar movimientos impensados en la política exterior de varios países.

La aparición de EI registra varias fechas clave, pero la más cercana es el 29 de junio de este año. Ese día, en que comenzaba el mes del Ramadán (ayuno prescripto por el Islam), se declaró la intención del grupo de crear un califato que se extendiera por todo el mundo musulmán. Fue una ruptura con las anteriores formas, en las que, desde 2004 en adelante, se había proclamado como una organización destinada a actuar solamente dentro de Irak (en una primera etapa), y luego en Siria, cuando se involucró en su guerra civil.

La idea de califato es clave, porque se trata de una forma de Estado dirigida por un líder político y religioso que se rige por la sharia, la ley islámica. La diferencia con los estados laicos es que, mientras en éstos la ley civil impera sobre la religión, en la sharia es al revés. Por usar un ejemplo clásico, en un estado laico un pecado no es necesariamente un delito, mientras sí lo es en un estado religioso.

En su etapa actual, Estado Islámico muestra una fuerte voluntad de expansión. Ha prometido "romper las fronteras" del Líbano y Jordania y se encuentra cerca de la frontera turca. Se estima que ya controla territorios en los que viven unos 8 millones de personas (algunas ciudades son muy conocidas, como Tikrit, en Irak, donde nació Saddam Hussein) y entre sus activos hay varios campos petroleros, su sustento fundamental. Su paso arrasador por Irak ha generado el desplazamiento de aproximadamente un millón de personas.

Los miembros de EI son jihadistas de la rama sunnita del Islam y creen ser los únicos creyentes reales. Por eso, en las ciudades que conquistan gobiernan con el peso de toda su creencia: las mujeres deben vestir velo, hay ejecuciones públicas de quienes no se adapten a las nuevas reglas, se destruyen templos y mezquitas que no respondan a su visión y se expulsa o ejecuta a los cristianos que no se plieguen a sus dictados. La situación de los cristianos llevó a que el Papa Francisco dijera que "es lícito y urgente" detener las acciones contra ellos, y a que su secretario de Estado, Pietro Parolin, abogara por "una acción concertada" de la ONU en la región.

Entre lo más llamativo de la aparición de EI se encuentran el hecho de que muchos de sus combatientes son extranjeros (principalmente europeos desilusionados con sus democracias), y que su amenaza podría llevar a alianzas impensadas, como un eventual acuerdo de Siria con Estados Unidos para que este último los pueda bombardear en su territorio.

La política internacional está alterada por este nuevo fenómeno y Washington, París y Londres encabezan la coalición que está tratando de detener a EI, que impresiona por su radicalismo. El escenario es inédito y es imposible saber cómo seguirán las cosas, aunque es muy probable que nos sigamos atragantando con otros cuantos videos incivilizados.

(*) Mauricio Llaver es columnista de El Sentinel en EEUU.