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Opinión

Nadie se come los mocos

Lo que no dicen desde aquel lado del mostrador es que hay otro periodismo militante.

Mucho se ha hablado del periodismo militante oficialista. Ya está instalado el rótulo para aquellos que de una u otra manera destacan positivamente los logros del gobierno nacional pero que a la vez critican aspectos como la economía con inflación, el despegue de funcionarios e intendentes de la presidenta tras los magros resultados electorales en las PASO o la falta de compromiso de algunos gobernadores con el proyecto nacional.

Hay quienes bancan todo del oficialismo sin marcar sus errores, porque -justifican-no le darían de comer a la oposición con la autocrítica pública.  Esto es así en varios medios ligados al kirchnerismo o periodistas que aprueban la etapa inaugurada por Kirchner desde el 2003 a la fecha.

Pero lo que no dicen desde aquel lado del mostrador es que hay otro periodismo militante, también. Así como existe oposición política militante, existe oposición mediática militante (no nos hagamos los boludos). Porque si no lo vemos así estaríamos legitimando el supuesto carácter independiente de las notas de los medios de Clarín o La Nación, por ejemplo. Y como ya sabemos, acá nadie se come los mocos.

Hay en todo caso dos tipos de periodismo militante en tanto existen dos visiones diferentes de país. Y no está mal que así sea toda vez que se vaya con la verdad y de frente se diga a qué jugamos cuando escribimos en un medio.

La información no habla por sí misma si no la interrogamos desde una perspectiva para “hacerla hablar”. La información se construye contra el sentido común y no a la inversa. De lo contrario, deberíamos tomar en cuenta las expresiones independientes de las señoras de las peluquerías y panaderías de los barrios que repiten hasta el cansancio discursos dominantes que absorben en la tele o en los diarios y en las revistas del corazón.

Escribimos para algo. Para comunicar una posición que no solo implica palabras sino también fotografías, diseño gráfico del medio, forma de presentar una noticia, la voz de un locutor que pone acentos en sus enunciados allí donde puede crearse un simulacro, fomentar el morbo social, hacer hincapié en fragmentos de un discurso que circula siempre descontextuado a los fines de transmitir un mensaje dirigido con una intención.

La omisión también es una forma de comunicar. Pero asistimos, además, a la mentira y a la desmentida. A la falta de chequeo de fuentes. A darles entidad a declaraciones absurdas y apocalípticas de fantoches que dan rating televisivo y a datos de estudios de dudosa metodología.

Hay que despintarse la cara colegas. Somos en todo caso comunicadores de posiciones no inocentes.