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No necesariamente naciste para ser un garca

Un reconocimiento a esa clase media que no discrimina, que se compromete, que se conduele, que no busca eliminar a todos los negros de mierda.
Foto: Ulises Naranjo.
Foto: Ulises Naranjo.

"¿Cómo alcanzar a seguir
en la caída o el fracaso de las cosas
la huella de lo que no cae ni fracasa?
Quizá debamos aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que la perfección asume
para poder ser amada
". Roberto Juarroz.

Está más que claro que vivir es sobrevivir, no te lo voy a negar. Cada uno va a haciendo lo que puede para mantenerse a flote y, luego, juntar valor y nadar a lo perrito, hasta terminar atravesando los mares en estilo mariposa rodeado de delfines.

Para vivir, de todas, la mejor herramienta no es tu educación ni tu vocación de esfuerzo ni tu contracción al trabajo, sino tus contactos. El nivel social de la familia que te tocó y el grado de habilidad que tengas para mantenerte erecto y cínico, sin pagar boleto, en la jungla donde todos los precios corren por cuenta de los desafortunados, los empobrecidos y los desarmados, que son la mayoría, silenciosa y criminalizada, son las llaves que te abrirán los claustros de los colores de la paz interior, el yoga y sus meditaciones si querés y el perdón de todos los pecados.

Tener buen orto a la hora de nacer, amigos, es fundamental.

Ser parido en una familia bien te garantiza todo: pañales de calidad, buena comida, canciones de María Elena Walsh, adecuada vestimenta, juegos didácticos, habitación propia, educación en todos los niveles, vacaciones en el mar, tardes de té con lemon pie o de cine en 3D, experiencias bilingües para lucir encantadores, vajillas coquetas, perfumes sensuales, recetas gastronómicas exóticas, tonteras vía Tablet, lecturas de Osho o Pilar Sordo, orgasmos fingidos e invitaciones a eventos que aparecen en las secciones de Sociales de los diarios.

Tener la suerte de convertirse en el jubiloso resultado del óvulo y el espermatozoide apropiados, te abre todos los espacios VIP del paraíso en la Tierra.

Así es: te asegura casi todo: un título sin mayores esfuerzos que los correspondientes con el estudio; un buen trabajo sin ningún tipo de esfuerzo y buena remuneración y la garantía de que jamás irás a parar a una cárcel aunque cometas delitos aberrantes y que conducirás un cero kilómetro y te harás de un hogar con aire acondicionado, alarma monitoreada y televisión satelital y de una novia o novio de tu mismo linaje, con todos los dientes en el hocico y tersura en la piel, con quien, luego de un tiempo prudencial, deberás casarte ante Dios, para repetir la mismísima experiencia con tus hijos. Y así.

Ser alguien, si has tenido buen orto para nacer en el sitio adecuado, es relativamente fácil. El asunto, en todo caso, es mantenerse y cuando te das cuenta de eso, descubrís el miedo a perder todo aquello que te ha sido dado. Y te ponés cabrón. Y ponés bajo custodia tus bienes, también tu corazón y así hasta que un día los teros del Parque de Descanso te dan la bienvenida.

No obstante, y he aquí la maravilla, por suerte en este mundo no todos son como vos y como yo. Que vos seas una cagada de persona y que yo también lo sea, no necesariamente significa que todos van a serlo.

Te voy a contar algo que pasó el otro día y que tal vez ya sepas: un par de mendigos –Ramón y Domingo, excelentes personas, te lo garanto de una– que fueron tirados como perros a la calle por la Municipalidad de Capital, construyeron una piecita de paredes de nailon en Perú y Videla Correas, hace varios años ya. Pues bien, el tema es que el otro día, la comuna repitió la salvajada: les tiró abajo su habitación y los dejó en medio de la intemperie invernal, aunque no le compete ejecutar tal cruel acción. Ahí, en medio de la nada, Ramón y Domingo quedaron peor de lo que ya estaban.

Ramón Orozco.
Pues bien, ¿qué creés que hicieron muchos vecinos de la Sexta Sección? Contra lo que vos y yo podamos imaginar, ellos se involucraron en favor de los abandonados, los ayudaron con sus cosas, les dieron afecto y no permitieron que siguieran humillándolos.

Ahora, tranquilo yo en mi hogar súper moderno y con muchas más comodidades de las que pueda necesitar, elijo brindar por esa gente que, en lugar de pensar que hay que matar a todos los negros de mierda, decidió ayudarlos, porque se reconoció en esos otros, aunque luzcan distinto. Entonces, pienso, mientras bebo un Cynar con tónica, bien helado: “No necesariamente hemos nacido para ser unos garcas”.

Todo está casi perdido, los sabemos. Sin embargo, en ese “casi”, podemos elegir levantar nuestra casa, que será luego casa de nuestros hijos.



Ulises Naranjo.