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Opinión

Una década relatada

Todo se montó a partir de un populismo que privilegió el consumo sobre el ahorro y la inversión.

Llegamos al final de una década con el país enfrentado entre un relato oficial y una realidad que lo contradice, el famoso “relato” que intenta instalar la idea de la “década ganada”.

Lo cierto es que, después de la explosión del sistema menemista y sus terribles consecuencias, llegó un período donde la megadevaluación producida por la salida de la convertibilidad nos llevó a un punto donde todos los indicadores sociales llegaron a un piso histórico. Fue en ese tiempo cuando apareció el matrimonio Kirchner en el poder.

Ese fue el mejor momento de sus gobiernos, la situación económica no podía estar peor y el contexto internacional nos dio el empujón necesario, la tonelada de soja que costaba alrededor de 130 dólares en 2002 pasó a valer más de 400 en 2005 y hoy supera los 500, es el famoso “viento de cola” que permitió el crecimiento de la economía.

Mejoraron todos los indicadores, económicos y sociales, se utilizó el capital ocioso, se creó empleo y se bajó el nivel de pobreza e indigencia. Esto fue acompañado por la instalación de una Corte Suprema independiente y la reinstauración de la política de derechos humanos comenzada por Raúl Alfonsín. En ese momento, muchos creímos que al fin habíamos encontrado el camino.

Sin embargo, todo se montó sobre la base de un populismo que en lo económico privilegió el consumo sobre el ahorro y la inversión, en lo social se eternizaron los subsidios y la asistencia, en lugar de generar mejores empleos y creando un gigantesco aparato clientelista.

Llegamos al final de ciclo, en un país donde las rutas y el sistema de transporte se cobran cada vez más víctimas, que pasó de autoabastecerse en energía a importar combustibles, que se aisló internacionalmente, no se invirtió prácticamente nada en infraestructura y mantiene un sistema fiscal regresivo que incluye impuestos al consumo y al trabajo pero no a la renta financiera.

La intervención del Indec sirvió para alimentar el “relato” y ocultar los índices de inflación, de esta manera también pudieron mentir acerca de los retrocesos en materia de pobreza y de ingresos.

Esta situación se agrava con el avance sobre las instituciones, la república y el sistema político. El intento por controlar la Justicia a través de la reforma del Consejo de la Magistratura pone en serio riesgo la división de poderes, el Congreso funciona como una escribanía que no permite ningún tipo de discusión ni de consensos.

También se intenta limitar la libertad de expresión a cualquier costa, libertad que afecta la credibilidad de su discurso.

A esto habría que sumarles las “picardías” supuestamente inocentes pero que afectan al sistema político, las candidaturas testimoniales, la limitación de las coaliciones, la negativa a implementar la “boleta única”, los intentos re-reeleccionistas y las operaciones desde los medios oficiales contra los opositores son una muestra del poco respeto que muestran hacia la democracia.

Respeto que tampoco muestran hacia valores como la honestidad y la legalidad, en su “vamos por todo” incluyen el dinero de todos, casos de corrupción tan groseros que hoy la plata se pesa en vez de contarse. Y la corrupción no sólo implica robar, recordemos la frase de las víctimas de Once: la corrupción mata.

Llegamos al final de una década de kirchnerismo, un cuarto de siglo de gobiernos peronistas, y las preguntas son simples: ¿Usted cree que hoy hay menos villas? ¿Más viviendas? ¿Menos inseguridad? ¿Mejor educación? ¿Mejores hospitales? ¿Mejores rutas? ¿Menos corrupción? ¿Mejores servicios? Lo puede responder usted o lo puede responder el “relato”…