Marcelo Padilla y la defensa del kirchnerismo por otros medios
Mi colega Padilla, con sus 45 años a cuestas y con insomnio por causas desconocidas, (aunque su confesión acerca de que la cabeza le da “muchísimas vueltas” nos da una pista), reflexiona sobre el peronismo.
Dice que entre sus condicionamientos le juega en contra no decir lo que piensa. Y amigos, familias, relaciones, parentescos y sus autocensuras emotivas relacionadas con lo que queda bien decir.
Finalmente, propone a tono con el “cinismo” de sus maestros nacionales y populares “olvidados”, Mario Franco entre otros, proscribir definitivamente al peronismo.
Ha reemplazado así su intención de mandar a los que no piensan como él “a la puta madre que los pario”.
Convengamos en que su propuesta, devenida de un particular estado de conciencia, es un delirio. Por lo que no tiene mucho sentido analizarla.
Sí me referiré a alguno de sus comentarios. La corriente historiográfica a la que adhiere y su premisa “nacionalizar la izquierda e izquierdizar lo nacional” hace años que son profusamente difundidas. Aunque, por lo que se ve, sin éxito práctico. De modo que reprocharle a la superestructura (que reduce a lo cultural) haber olvidado a sus mentores es al menos un equívoco.
Consecuentemente, una de sus referencias políticas, Abelardo Ramos, terminó recalando en el menemismo como embajador en México (1989-1992). Y Ernesto Laclau, que dirigió las revistas Izquierda Nacional y Lucha Obrera, ligadas al Partido Socialista de Izquierda Nacional (PSIN), es hoy probablemente el intelectual más influyente en el oficialismo. De modo que muy ninguneados no han sido. Incluida la inserción de Padilla: docente en la universidad y columnista de un diario digital.
En lo que hace a lo local, conmilitones autóctonos se mimetizaron en el PJ bajo la batuta del otrora “equipo de los mendocinos”. Luego de la de Jaque y hoy de la de ex ministros de aquel. Aunque no se notó el matiz nacional. Menos el de izquierda.
En cuanto a Franco, sabido es que no debe polemizarse con ausentes. Sin embargo, frente a exaltaciones injustificadas, el silencio no es buen consejero. Que sólo pueden comprenderse en el contexto de un amigo de “asado y discusiones”.
Para alejarme del mal gusto, opinaré desde un artículo mío en la revista Claves (22/2/74). Allí afirmo que los enfoques de Mario Franco coincidían con los de la misión Ivanisevich. Como coincidieron las prácticas de la AUN-FIP (Agrupación Universitaria Nacional-Frente de Izquierda Popular) con la derecha estudiantil. En la vereda de enfrente, nosotros, la “izquierda cipaya” (según los susodichos), confluíamos con la Juventud Universitaria Peronista (JUP) en la lucha contra Ivanisevich-Otto Burgos y la CNU. Y en el Consejo de Centros y Minoría. Daniel Olivencia, su presidente (JUP), sería expulsado de la UNCuyo por los aeronáuticos durante la gestión universitaria del vicecomodoro Ruiz. Luego fue asesinado por la dictadura.
Y si del presente se trata (y desde mi adhesión al marxismo), sostengo que el llamado modelo K concentra y extranjeriza. Que el federalismo es un cuento. Que la inseguridad pública golpea duramente a la sociedad. Que la corrupción “hace su agosto”. Y que la democratización de los medios y la Justicia es “un engaña pichanga”. Amén de algunas cuestiones valorables que, como la de derechos humanos, reivindico desde hace años. Más o menos desde cuando comí un asado con Néstor K.
Si la irónica propuesta de Marcelo Padilla se hiciera realidad y se proscribiera al peronismo desde una “oposición de mierda” (otra formulación de la izquierda nacional y popular de sus noches de desvarío), muchas expectativas no podríamos tener en el futuro próximo.
Afortunadamente, las especulaciones que nos ocupan devienen de alteraciones en las que el desorden de las ideas y las alucinaciones prevalecen.
La realidad, que es la única verdad, nos depara un futuro promisorio.
Aunque sólo fuera para evitar la insania que deviene de lógicas algo intrincadas, debiéramos procurar confluencias que posibilitaran hacer realidad aquello de justicia social, soberanía política e independencia económica.
Y aunque nunca nos creímos el cuento del “combatiendo el capital” de la marchita, insistiremos en señalar el camino de la unidad popular para alcanzar banderas que siguen siendo de todos.
Y que, más tarde que nunca, serán realidad.
