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Opinión

Ya tenemos papa

Quién es Bergoglio según la decana de Ciencias Políticas y referente del FAP en Mendoza.

Pasados los primeros días de sorpresa y euforia por la elección de un nuevo papa, con serenidad pretendo reflexionar acerca de las implicancias que este acontecimiento puede traer a la iglesia católica, a América Latina y al mundo.

La novedad es absoluta, se consagró a un papa no europeo y jesuita. Nada de esto había ocurrido nunca antes en los dos mil años de historia de la iglesia.

La iglesia como las otras grandes religiones monoteístas: el judaísmo y el islamismo, se constituye como baluarte del sistema patriarcal, que implica un rol subordinado de las mujeres a las que se les reserva sólo el ámbito de lo doméstico. Cuando el capitalismo, el nuevo sistema socioeconómico que reemplaza al feudalismo, genera profundos cambios en los patrones culturales, la iglesia mantiene sus rígidas estructuras que contribuyen a alejarla de las problemáticas más urgentes de las sociedades contemporáneas.

Pero, a pesar de su carácter conservador, siendo la iglesia un reservorio de conocimientos y un espacio de discusiones teóricas y de importantes núcleos de intelectuales, también, en toda su historia, ha generado pensadores críticos que se han plegado a las vanguardias políticas. Recordemos, sin ir más lejos, los curas que contribuyeron activamente a la independencia latinoamericana.

La iglesia es en sí misma un lugar de confrontaciones permanentes. En la década del sesenta un papa renovador como Juan XXIII provocó cambios espectaculares que se hicieron sentir en todos los países con mayoría de católicos. Grandes contingentes de jóvenes se involucraron activamente en la nueva perspectiva eclesial que hacía una opción por los pobres. En la Argentina una parte importante de la juventud revolucionaria de los sesenta y setenta se formó en la iglesia.

Por otra parte, los jesuitas han sido la congregación más mundana y política de la iglesia. Su obra en América se destacó por construir comunidades con los indígenas a los que protegió de la feroz explotación de los conquistadores. Siendo esa una de las razones de su expulsión.

Con todo esto quiero resaltar, por un lado, el carácter conservador y patriarcal de la iglesia y, por otro, su demostrada capacidad de transformación que, puesta en acción, acompaña e intensifica los procesos revolucionarios. En esta tensión se manejará Francisco. En un mundo al borde de algo que no podemos prever, en una patria grande que busca un nuevo destino. Es latinoamericano, es jesuita, pero también es parte de una de las instituciones más conservadoras del mundo. Se ha mostrado como todos querían: humilde, austero, dispuesto al diálogo y preocupado por los pobres. Con eso no basta pero es un buen comienzo.