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Opinión

El valor de las palabras: "clase media", "asco" "miedocracia"


En un contexto convulsionado, como en el que vivimos, resulta necesario reflexionar sobre el valor de las palabras.

En estos días ha circulado un torrente de cruces de palabras, algunas agresivas; otras, esperanzadas. Lo importante es que podemos decirlas aunque a veces no sepamos qué significado tienen. Palabras contagiosas, palabras manipuladoras,  palabras de compromiso o solidaridad.

Entre las palabras que han producido debates en estas semanas, hay palabras llenas de sentido, de historia, cuya fuerza impregna principios, tales como “laicidad”, “educación pública laica”: el laicismo en la educación responde a las aspiraciones de los pueblos, que quieren  asegurar la libertad de conciencia, afianzar, mediante la educación, una forma de gobierno y un sistema de vida democráticos en los que se exprese el pluralismo social y político del país .
Otras, que hay resignificar  como “Clase media”: Gente que "no pisan el pasto para no ensuciarse".

"Son sectores que no toleran una política igualitaria. En la Argentina a muchos no les gusta sentir que valen lo mismo"(Palabras de  Abal Medina).

Hebe de Bonafini aseguró que le da "asco" y "repugnancia" las protestas.

“El asco desempeña un papel en algunas fobias, pero la característica esencial de una fobia es el miedo,  no el asco. La sensibilidad extrema al asco se considera parte de la idiosincrasia de quien lo siente. La sensación de repugnancia se correlaciona moderadamente con los trastornos obsesivos compulsivos asociados” (Berle D, Philips E. Disgust and Obsessive-Compulsive Disorder).

Adolfo Pérez Esquivel , premio Nobel de la Paz, llamó al Gobierno a "registrar la preocupación de la gente".

El concepto de clase está hoy en debate. Sin embargo, podemos caracterizar a la “clase media” como aquella que cuenta con cierto capital, el cual puede ser tanto económico, como social y/o cultural (Bordieu, 1988).

En realidad la “clase media” tiene una identidad simbólica”, dada su gran movilidad social es difícil definir.

La “clase media “  argentina es caracterizada como un grupo idealizado históricamente, por ser una sociedad abierta, con posibilidades de crecimiento, con movilidad social ascendente en la que el progreso personal coronaba el esfuerzo (Minujín.Anguita.2004). Lamentablemente, parte de esa clase media  tiene ahora, en nuestro país, un movilidad descendente, ha pasado a integrar una zona vulnerable de “nueva pobreza”.  Castel caracteriza una nueva categoría de exclusión contemporánea “la nueva pobreza”, no se trata de una pobreza residual en algún sentido intemporal, sino de una nueva estructuración que requiere análisis nuevos, porque representa lo que hoy  tiene de inédito la coyuntura social. (Castel.2.004).

Existen, también, palabras amenazantes:   “Después de Dios, me tienen que tener miedo a mí”. Palabras que dichas por una Presidenta de la Nación adquieren una grave connotación. A un Estadista se lo respeta, no se le teme. De allí que en la manifestaciones pasadas, en las pancartas las palabras denunciaban el rechazo “No te tengo Miedo”, “No tenemos miedo”.

La “miedocracia” es un sistema de gobierno basado en los temores que aquejan a las sociedades abiertas” (Popper).

El miedo siempre es una fuerza poderosa, nace de la inseguridad, del temor a perder espacios propios. En general, apela a las emociones. En el tema que nos ocupa, “Asustar a las masas” es una estrategia de cierta forma de poder.

“Pero la utilización persistente del miedo por parte de los políticos, como sistema de movilizar simpatías y reclamar adhesiones, parece indicar que nuestros líderes contemplan un país constituido por un inmenso gentío de ciudadanos asustados, sólo dispuestos a prestar su apoyo para defenderse del mal que los acecha” (Juan Luis Cebrián. El País.2.008).

Las amenazas en los discursos son las expresiones más acabadas de la intencionalidad del poder que no se ejerce, sino que se compra, a costa de menospreciar el juicio crítico de los ciudadanos.

Hay también un vacio de credibilidad entre las palabras de  los dirigentes políticos y  las impresiones del ciudadano común.

Política, democracia, honestidad, paz, parecen hoy términos devaluados.

Sin embargo , su etimología, su historia, su vigencia , se inscriben en el sentido más digno de la humanidad.

¿Sabrán nuestros jóvenes qué sentido se oculta en las palabras simbólicas que quieren representar? ¿Conocerán la historia  detrás de “La Cámpora”? Y de otras, que circulan, que adiestran, que manipulan y apelan al legítimo ímpetu de juventudes con deseo de participar. Ahora existen “Manuales” que pretenden enseñarnos  qué debemos decir en cada oportunidad, desconociendo que el ciudadano tiene la capacidad de pensar.

Saber lo que se quiere decir connota la presencia del Sujeto que emite el discurso. Entonces  también el valor de la palabra está condicionada por quién la emite y su contexto.

Obsecuencia, corrupción, abuso de poder, también son las palabras sobre las que deberíamos tomar posición, porque afectan a nuestra ciudadanía.

“Lo peor que puede pasarnos es no saber. Quien piensa sabe decir NO y esa palabra constituye una revolución, pero ese No tiene sentido cuando es la expresión de una voluntad colectiva. No obstante todos sabemos que también ese No se corrompe, se acomoda y se convierte poco a poco en un Sí. Cuando esto ocurre, no hay más remedio que volver a decir otra vez NO” (Saramago.2010).

Continuemos defendiendo nuestros derechos, digamos NO a la violencia, a la corrupción, a la inseguridad,  a la mentira, al abuso de poder.

Elia Ana Bianchi Zizzias . Educadora.
Eliana C. Zizzias de Rosso. Abogada. Mediadora.