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Opinión

Una para Batman y Robin: terminar con las armas en Estados Unidos

En Estados Unidos hay más armerías que estaciones para cargar combustible. Las armas están al alcance de cualquier mano. Una masacre en el estreno de la nueva versión de Batman reaviva la polémica y conmueve por unas horas, una vez más. pero el tema de fondo es otro y Obama no se conmueve por las 150 muertes violentas al año en toda América.

Es evidente que tras la nueva masacre producida en los Estados Unidos el tema no es ni la presunta locura del asesino ni el carácter de la película que estrenaban cuando se produjo el infeliz tiroteo. El dato que rodea a este hecho (y tantas decenas de sucesos similares) es la tremenda disponibilidad de armas que hay en ese país, el más armado y violento del mundo.

Allí, los clientes de un supermercado pueden llevar de souvenirs armas y balas, con absoluta tranquilidad. O, por ejemplo, se puede conseguir con más facilidad una armería que una estación de servicio para cargar combustible en el coche. En ese país hay un cuarto de millón de comercios dedicados a vender armas en todos sus tipos y calibres y las correspondientes municiones.



Absolutamente sordo a las recomendaciones de las Naciones Unidas y ajeno a toda iniciativa para controlar la tenencia, portación, utilización, fabricación y exportación de armas, Estados Unidos es una bomba de tiempo siempre activa.

Pero no solo representa un peligro interno, sino para el mundo entero. No hablamos aquí de La Guerra de las Galaxias ni de las guerras de invasión y destrucción por petróleo, reconstrucción y medicamentos, sino de armas comunes y corrientes, las que técnicamente son denominadas “ligeras y pequeñas”.

Sus 1.059 empresas con licencia para la fabricación de armas producen anualmente unas 4 millones de unidades que “necesitan” quién las compre y use, para poder seguir fabricando también balas. También el movimiento de esa industria requiere que esas armas se vayan, se pierdan, sean robadas y hasta que la moda las desactualice, para poder venderle otra más al mismo fanático que compró la anterior. Por eso el comercio anual de venta asciende a una cifra cercana a los 10 millones de piezas nuevas y usadas.

Cuando decimos que las tristemente célebres masacres universitarias de los Estados Unidos  no son el único emergente de que haya tantas armas al alcance de cualquier mano, nos referimos también a que, por ejemplo, el 80 por ciento del poder de fuego de las bandas narcocriminales que azotan a México provienen desde los Estados Unidos que ve a esta situación como una oportunidad comercial, más que como la causante de un alto porcentajes de las 50 mil muertes por año que se han producido allí, ni de las 150 mil muertes violentas que se producen en todo el continente.

Se ha dicho insistentemente que, además de las masacres en los campus universitarios o como la ocurrida en un cine de Colorado, las armas estadounidenses trasponen sus fronteras sin que se le mueva un pelo a las autoridades a la hora de controlarlas.

Hoy, un Barack Obama en campaña se ha mostrado “conmovido” por los asesinatos en el estreno de Batman. Momento triste pero oportuno para que el mandatario de una de las potencias más porfiadas del mundo a la hora de comprender la necesidad de controlar el comercio de armas, vea la dimensión del problema. Aunque posiblemente el debate tras la masacre  termine copándolo las quejas de la industria cinematográfica por la suspensión de los estrenos del filme en otras ciudades del mundo…

Un video para comprender el por qué d ela necesidad de un tratado mundial para controlar las armas: