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Opinión

¿Podemos proyectar en Mendoza una economía más justa, solidaria e inclusiva?

El ministro de Desarrollo Social y Derechos Humanos, Guillermo Elizalde, en una columna especial para MDZ.
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Recordamos todos cómo, el modelo político-económico neoliberal imperante hasta la década del noventa en Argentina, lo financiero sobre lo productivo, el capital sobre el trabajo, la concentración de la riqueza sobre el desarrollo social. En definitiva puso a las personas en función de la economía. Un modelo económico-político que dejó afuera del trabajo y del consumo a millones de argentinos.

Ese modelo de Estado entronizado por entonces, se derrumbó estrepitosamente en el 2000-2001 dejándonos al borde de la disolución nacional. Es sintomático que su implosión institucional se iniciara con el escándalo por el dudoso tratamiento en el parlamento de la Ley de “Flexibilización Laboral”, considerada imprescindible por el poder económico para que “el mercado” creciera de forma tal que produjera un “derrame” de riqueza que nunca llegó.

Aquel modelo destruyó el trabajo disminuyéndolo en cantidad, calidad y valor social para utilizarlo como el necesario disciplinador social de un modelo excluyente. Al vaciar de contenido el VALOR TRABAJO se pretendió también “vaciar” desde lo político a los sujetos del trabajo, es decir a los TRABAJADORES.

Por otra parte las Políticas Sociales de entonces, incluida la política laboral, fueron pensadas para la “mitigación” de los efectos de la exclusión social generada, pero no para resolver el problema social de fondo que fue la desocupación y la falta de oportunidades, en especial para los sectores más vulnerables.

El trabajo centro articulador de las políticas

Creo necesario recordar esa dolorosa experiencia de ayer, para comprender mejor hoy, con toda su complejidad y valía, la frase que la presidenta Cristina Kirchner sostiene: “La mejor política social es el trabajo”.

En el TRABAJO se realizan las capacidades de los individuos y las potencialidades de los grupos. El TRABAJO crea ciudadanía en tanto amplía nuestra capacidad de decir sobre nuestra forma de vida y se efectiviza nuestros DERECHOS de acceso a la Salud, la Seguridad Social, procura las oportunidades de movilidad social, etc. En última instancia es el Trabajo la mejor forma de asegurar una integración social sustentable.

En consonancia con esto desde las Políticas Sociales afirmamos la necesidad de fortalecer el TRABAJO y sabemos que la Economía Social y Solidaria es una herramienta formidable para ello. De hecho, de los 5 millones de puestos de trabajo generados en los últimos 9 años, el 20% (1 millón) fueron producidos en la Economía Social. Aún más creemos que es mucho más que eso: es otra concepción ética y humana del trabajo y de la producción, que se sustenta en lazos solidarios y de respeto promoviendo la autonomía de gestión y los procesos de decisión democráticas en las unidades económicas.

Aunque algunos hoy la vean como algo “novedoso”, la Economía Social recoge una larga historia de lucha de los trabajadores argentinos, que desplegaron frente a la crisis social producto décadas de ajuste. En 2001, la destrucción del mundo del trabajo y la perdida masiva de la protección social resignifican el lugar de la economía social, convirtiéndola en un espacio de resistencia de los trabajadores y de alternativa a las políticas neoliberales.

Posteriormente, la visión sostenida por un Gobierno popular desde el 2003 no aborda a los trabajadores como victimas de la exclusión social a los que hay que “asistir”, sino que los incorpora en un proyecto re-situándolos dentro del aparato productivo, reconociendo su derecho a discutir las relaciones sociales en las que se insertan, planteando otras formas organizativas de la producción, otra distribución de las ganancias o el fomento de redes de consumo responsable.

Lo que tal vez resulte novedoso para algunos es el activo rol que se asume hoy desde el Estado para fortalecer este movimiento de la Economía Social incorporándose como un actor más de una red formada por miles de organizaciones sociales, universidades, cooperativas, fábricas recuperadas, agricultura familiar, entre otros.

Creemos que es un movimiento de alto valor social y cultural que rescata las mejores capacidades de cada sujeto y pone en valor la organización social para la resolución de sus propias necesidades. Por ello estamos desarrollando algunas herramientas de la Economía Social como formas concretas de apoyo al sector. Por ejemplo, que el Estado local tome como proveedores a los productores sociales inscriptos en el monotributo social o que se ayude a crear cadenas de valor constantes como La Ruta de los Artesanos.

Queremos un Estado presente, pero no resolviendo todo, sino respetando las modalidades, la historia y las capacidades de cada comunidad. La presencia de la gestión de los tres niveles del Estado, nación, provincia y municipios; es cada día más una realidad que como dijo nuestro gobernador Francisco Pérez el 1ro de Mayo, está “en cada barrio, en el patio de cada casa donde dos personas se juntan con una idea para articular un mejor presente y planear un futuro de mayor bienestar.”

Este es un tema en constante evolución y abierto a muchos puntos de vista, bienvenido el debate fértil de las ideas que sirven para construir. Con este espíritu, el conjunto de instituciones solidarias que integran desde hace años el Foro de Economía Social de Mendoza junto con los distintos niveles del Estado incluidos; nos preparamos para recibir en nuestra provincia los días 10, 11 y 12 de mayo a referentes de la Economía Social del país que participarán del II Foro Nacional “Hacia Otra Economía” y V Foro Regional de Economía Social.

Allí se pondrán en común un cúmulo de experiencias que por su probada eficacia creemos que es tiempo para que, con los más amplios consensos posibles, se conviertan en políticas públicas. Tanto en acciones concretas de gestión como en la proyección de más largo plazo a través de una Ley Provincial de Economía Social cuya media sanción entendemos puede estar próxima.

Para los observadores menos atentos a estos temas les propongo simplemente pensar que, si se quiere, “la economía es una sola”, lo que cambia es la forma de participar de ella y el lugar desde donde se hace. Uno puede, con mirada corta, ser simplemente un consumidor que busca la satisfacción inmediata de una necesidad o, en cambio, ser un consumidor conciente, comprendiendo que cada acto de consumo está lleno de un valor simbólico y también una responsabilidad económica, ambiental y social.

Desde el sector productivo, se puede participar de la economía privilegiando por sobre cualquier otro valor el de la rentabilidad o considerar que éste es sólo uno en un conjunto, importante claro, pero que se vacía de sentido sin la comprensión de que formamos parte de un conjunto social que requiere, para ser sustentable, de la consideración de otros valores como la justicia en las transacciones o la cooperación y la asociatividad para el crecimiento del conjunto, por sobre la competencia sin más.

Finalmente, evocando a nuestro querido poeta Armando Tejada Gómez, podemos reflexionar así: “Importan dos maneras de concebir el mundo. Una, salvarse solo. Arrojar ciegamente los otros de la balsa. Y el otro es un destino de salvarse con todos, comprometer la vida hasta el último naufrago”. Lo que debemos decidir en conjunto es cuál de estos destinos imaginamos la Mendoza.