Opinión
¿Y si el cristianismo fuera tu “condena” y no tu “salvación”?
No es un secreto (y tampoco intento ocultarlo) que soy profundamente escéptico respecto a la fe religiosa y las religiones en general. De hecho escribí varios ensayos para este medio que lo dejan bien claro (“Los ateos también van al Cielo”; “Malas razones para creer en Dios”; “La perversa y absurda doctrina cristiana de la Salvación”). Y como resultado de mi trabajo, suelo recibir numerosos e-mails de cristianos que intentan convencerme que su religión es la única verdadera (por lo tanto, el único camino posible para salvarse del infierno) y con tal finalidad todos esgrimen siempre la misma serie de supuestas evidencias.
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¿Se entiende? O bien los prodigios extraordinarios y los “santos” prueban la “veracidad” de las religiones, y entonces tanto el Hinduismo como el Cristianismo son la verdadera religión (lo cual suena contradictorio porque sólo una puede ser verdadera), o bien no prueban la “veracidad” de las religiones (lo cual suena más razonable), y entonces ni el Cristianismo ni el Hinduismo son ciertos.
¡Desengáñese y abra pues los ojos el amigo cristiano! Usted tiene “fe” en el Cristianismo (así como el hindú en el Hinduismo) no porque se trata de la religión verdadera... ¡sino porque se trata de la religión que le inculcaron de chiquito! Aunque nada lo indica, quizás el Cristianismo sea “verdad”. Quién sabe. No obstante, la “fe” que usted deposita en esa religión nada tiene que ver con la “veracidad”. Odio sonar repetitivo, pero tiene que ver sólo y solamente con que se lo metieron sistemáticamente en la cabeza desde su más tierna infancia. Tan simple como eso.
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Es decir: si lo hubieran educado como hindú, defendería al Hinduismo (aunque ahora coincide conmigo que no es “verdadero”) con el mismo fervor religioso que hoy defiende al Cristianismo. Si lo hubieran educado como musulmán, defendería al Islam (aunque ahora coincide conmigo que no es “verdadero”) con el mismo fervor religioso que en otras circunstancias hubiera defendido al Cristianismo o al Hinduismo. Si lo hubieran educado como budista, defendería al Budismo (aunque ahora coincide conmigo que no es “verdadero”) con el mismo fervor religioso que en otras circunstancias hubiera defendido al Cristianismo o al Hinduismo o al Islam. Y así sucesivamente hasta el infinito.
Ahora bien, amigo cristiano, piense lo siguiente: ¿qué pasaría si el Cristianismo que usted está defendiendo no fuera la “verdad” y, en cambio, sí fuera “verdad” aquel Islam que usted hubiera defendido en otras circunstancias? ¿Sabía que al igual que el Cristianismo, el Islam no tiene miramientos con los que (¡usted incluido!) no lo dan por “verdadero”? ¿Y si resulta que por seguir al Cristianismo, y no al Islam, se está condenando al infierno? ¿Nunca lo consideró? ¿Cómo respondería a Dios si en el más allá le pregunta “¿por qué seguisteis, hombre necio, aquella falsa doctrina palestina llamada cristianismo en vez de seguir la ‘verdad’ que amorosamente revelé a través del Islam?”.
Afortunadamente no hay evidencia que sean ciertos ni el “más allá” ni el infierno ni ese dios enfermo de celos que apoya una religión determinada con el único fin de reprender severamente a las personas que cometieron el “gravísimo” error de creer en las demás religiones o de no creer en ninguna. Así que duerma tranquilo esta noche amigo cristiano, pues hasta donde sabemos nunca tendrá que atravesar el mal trago escenificado arriba y casi con todas seguridad el único lugar al que va a ir a parar después de su muerte es el mismo lugar donde estuvo hasta antes de nacer: exactamente ninguno.

