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Opinión

¿Nos enseñan a resolver nuestros problemas de una manera distinta a la violencia?

Foto: Web
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¿Es el hombre un lobo para el hombre?  ¿O, como decía Rousseau,  el hombre es naturalmente bueno y es la sociedad quien lo corrompe?.  Creo  que optar por alguna de las dos respuestas es simplificar al ser humano en una bipolaridad sin sentido. El hombre debe ser entendido en su extraordinaria complejidad. 

Edgar Morin, en su libro El paradigma perdido: el pasado olvidado dice: “Ante todo, el hombre no puede verse reducido a su aspecto técnico de homo faber, ni a su aspecto racionalístico de homo sapiens. Hay que ver en él también el mito, la fiesta, la danza, el canto, el éxtasis, el amor, la muerte, la desmesura, la guerra… No deben despreciarse la afectividad, el desorden, la neurosis, la aleatoriedad. El auténtico hombre se halla en la dialéctica sapiens-demens…”.

El accionar del hombre es el producto o la conjunción de múltiples factores: genéticos, de personalidad, de pensamientos, emociones, educación y cultura .Todo depende de la forma  en que se encauce y se exprese. Esta forma estará dada  por las herramientas y elementos de juicio  que el individuo posea. Y me pregunto : ¿Nos enseñan  a resolver nuestros  problemas  de una manera distinta a la violencia? ¿ A respetar las instituciones y las normas? ¿ A dialogar o a escuchar? ¿A ser tolerantes, pacientes y comprensivos?

Como bien dijo un lector de MDZ : “Todo es cuestión de educación”.

Cierto día, en el  Centro de Resolución del Conflicto, que coordinaba, llegó una señora, muy ofuscada, pidiendo un asesoramiento legal. Con amabilidad, una de las abogadas la escuchó y la asesoró correctamente. Sin embargo, al no recibir una respuesta acorde a sus expectativas o necesidades , es decir, al no recibir la respuesta que ella quería escuchar, comenzó a insultar y maltratar a la profesional que la había atendido.

Al escuchar el escándalo me acerqué a la señora y con un tono tranquilizador la invité a sentarse, nuevamente, en el despacho y  la escuché con atención  creando empatía con ella, legitimándola en sus emociones,  comprendiendo desde donde le venía tanto odio, indignación y frustración. La simple escucha, la paciencia y el entendimiento de sus sentimientos  hizo que los decibeles de su violencia comenzaran a menguar. Se tranquilizó, entonces, comencé a explicarle en forma pausada y con ejemplos reales sus derechos y lo que la ley decía en el caso planteado. Así  fue como  entendió sus  opciones legales  y se retiró , pidiendo  perdón por el maltrato hacia la abogada  y  agradeciendo que alguien se hubiera tomado el tiempo para escucharla y  comprenderla.

La cordialidad, la escucha activa y la empatía son herramientas extraordinarias para manejar la violencia. Un mismo mensaje dicho de manera distinta causa un efecto totalmente distinto , como en este caso. Mi experiencia de trabajo como mediadora, por más de trece años escuchando todo tipo de problemas en el ámbito público avalan esta práctica.  Resulta significativo afirmar  que en el 90% de los casos la gente se retira agradecida por el servicio prestado. 

Debemos comenzar a producir cambios, y esos cambios deben surgir de nosotros mismos ,con simples y grandes  acciones de respeto.

Necesitamos de las  utopías que no son afirmaciones ingenuas  de un futuro ideal, sino la necesidad de indagar y proyectar más allá de las limitaciones o restricciones interesadas del status quo. La pérdida de las utopías es la caída de la esperanza. 

 “…La utopía da sentido a la vida, porque exige, con toda verosimilitud, que la vida tenga sentido” (Jimeno Sacristán, pedagogo español).


Eliana Zizzias de Rosso. (Abogada mediadora)
Elia Ana Bianchi Zizzias (Educadora)