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Opinión

El mendocino que fue ministro de Defensa en la guerra por Malvinas y que camina tranquilo por el Centro

Amadeo Frúgoli tuvo a su cargo nada menos que el Ministerio de Justicia durante la presidencia del condenado ex presidente de facto Roberto Viola. Eso, un año antes de ser el responsable de Defensa con Galtieri al mando, en medio del desastre de Malvinas. Tuvo a su cargo el Fondo Patriótico y sostiene: "Hay grupos a los cuales no se les cae de la boca la expresión derechos humanos". Nadie lo ha juzgado por su pasado.

 

 

 

 

No está de más recordar que el término "gobernar" viene del latín "gubernaculum" y del griego "kubernetes", que significa "el timón del navío". El arte de gobernar es, pues, dirigir la embarcación y su tripulación con acierto en aguas llenas de peligros.

Amadeo Frúgoli, La Nación, 27 de marzo de 2003

- No. Tenemos hambre y frío. No ha llegado nada. Si podés, mandame unos guantes y una radio para saber qué pasa. Pero no, no ha llegado nada. Te agradeceré mucho que puedas colaborar con algo.

Esa frase, más o menos escrita de ese modo, pertenece al soldado Cid. Se la escribió al autor de estas líneas en 1982 desde un batallón de combatientes en Puerto Deseado, Santa Cruz. Hacía referencia a la carencia de comodidades y, también, de información.

Sin embargo, todo el país estaba movilizado enviándoles abrigo, comida, chocolates, revistas… En cada escuela se había armado un comité de solidaridad con los combatientes y desde cada aeropuerto partían Hércules transportando ese material hacia la Patagonia (o al menos eso creímos).

Murieron 650 combatientes en Malvinas y otros 400 se suicidaron en el continente. Para ayudar a los combatientes, en pleno conflicto bélico, cual “patricias mendocinas” redivivas, se armó el Fondo Patriótico que resultó ser una estafa que involucró a 54 millones de dólares, 141 kilos de oro, departamentos, casa y vehículos que –tal como resultó ser un modus operandi de la dictadura- desaparecieron.

Un mendocino estuvo en la cima de las decisiones de la guerra que marcó al país. Se llama Amadeo Frúgoli y camina a diario por su finca en Junín y, cuando está en la ciudad, recorre la avenida San Martín, cafetea con sus amigos y pasa absolutamente desapercibido para los mendocinos.

Esa capacidad fantasmagórica es, según coinciden hoy los observadores de aquella realidad y de su actualidad, es lo que le jugó a favor al dirigente demócrata mendocino.

No lo teníamos presente y él se encargó de contárnoslo: "Tuve a mi cargo el Fondo Patriótico Malvinas".

“Se les escapó la tortuga”, señala hoy un antiguo dirigente del mismo que criticó las decisiones de su partido durante la dictadura y que hasta fue detenido, con mejor suerte que otros miles. Lo dice en referencia a los organismos de derechos humanos que se enfocaron en otros casos y situaciones y no se concentraron en la responsabilidad que tuvo quien fuera ministro de Justicia y también de Defensa de la Dictadura y que, además –tal como se lo confirmó él mismo al periodista Santiago Montiveros- pudo ser el primer civil en asumir la presidencia en los años oscuros, si la aventura de Malvinas hubiese salido bien.

Diversos tipos de delitos podrían haberse encuadrado: desde los que le alcanzaban como funcionario público hasta los de índole económico, pasando por su responsabilidad en las determinaciones militares de la guerra, de las judiciales cuando estuvo a cargo del ministerio correspondiente en medio del furor de las desapariciones, hasta las tácticas investigadas por la Comisión Rattenbach.

El manejo del fondo fue investigado y se lo liberó de responsabilidades legales en 1989. Pero todavía no ha explicado su rol en los años oscuros ni en sus extensas columnas en La Nación y Los Andes, ni la Justicia ha creído necesario que lo haga en sus salones.

Frúgoli fue ministro de Justicia del presidente de facto Roberto Eduardo Viola en 1981, un año antes de que asumiera, con Leopoldo Fortunato Galtieri, la cartera de Defensa y la coordinación, como tal, de las acciones bélicas en el Atlántico Sur.

“Fue un adorno; un civil para decorar a tanto milico”, se justifican, hoy, sus correligionarios del PD mendocino, tratando de sacarle responsabilidades al ex funcionario que, además, fue senador nacional por Mendoza en el período democrático iniciado en 1973.

Viola fue condenado en los históricos juicios a las Juntas Militares  a “diecisiete años de prisión, inhabilitación absoluta perpetua, accesorias legales, accesoria de destitución y pago de las costas”. Acompañar a Viola como ministro de Justicia resulta más o menos lo mismo que convalidar a un militar que en agosto de 1975 fue nombrado por el comandante Jorge Rafael Videla como Jefe del Estado Mayor, desde donde participó en 1976 en el golpe de Estado contra Isabel Perón. Luego, el 31 de julio de 1978, Jorge Rafael Videla lo ascendió a Teniente General y se convirtió en Comandante en Jefe del Ejército, pasando a integrar la Junta Militar que gobernaba el país junto al presidente de facto.

La gran dimensión de aquellos hechos no se compadecen con el destino que le tocó vivir al ex polifuncionario de la Dictadura.

Muchos de aquellos hechos que podrían caratularse en un expediente judicial han prescripto, como si hubiese transitado la última democracia adentro de una burbuja protectora.

Valga la imagen: Frúgoli, acaso podría reclamar en alguna marcha contra el delito y pasar absolutamente desapercibido.

En estos años no ha sido ajeno a la realidad política y, sin embargo, no ha recibido respuestas o embestidas. Así, ha sido columnista habitual en La Nación y en Los Andes.

Es el mismo diario de los Mitre el que, en una columna de José Claudio Escribano publicada el 24 de marzo de 2002, señala al mendocino que pudo suceder a Galtieri como “ministro de Defensa, nada menos que ministro de Defensa”, otorgándole el protagonismo al cargo que realmente tuvo en 1982.

En su tribuna porteña, Frúgoli llegó a escribir, en 2001, que "parece haber caído en el olvido que la política es una de las ocupaciones más estimables y eminentes, inexcusable y forzosa, porque es la que defiende el bien común y edifica la sociedad en la que los hombres y las mujeres luchan por cumplir su destino y alcanzar la felicidad. En definitiva, una tarea cuyo objetivo final es la dignidad humana, lo cual la hermana con la ética".

En una pretendida lección de ética en el lenguaje, en la misma sección, sostuvo: "Las palabras vaciadas de su verdadero significado sirven sólo para el engaño o el agravio, para luchar indistintamente por el bien o por el mal, para defender actitudes contradictorias. Por eso hay grupos a los cuales no se les cae de la boca la expresión derechos humanos , aunque aprueban al mismo tiempo a Fidel Castro, que desde hace cuarenta años los viola sistemáticamente".

Afecto a los latiguillos, escribió en otra columna, sobre el "populismo" argentino, que "no se les cae de la boca la palabra pueblo. Pero esta vocación popular es puramente verbal".

De pluma fácil, el ex polifuncionario de la Dictadura ha escrito, también, que "la política no ha sido nunca tarea de ángeles, ni mucho menos, pero el grado de descomposición a que ha llegado en la Argentina actual la convierte en una actividad realmente penosa".

En 2009 una columna suya en Los Andes fue reproducida por el portal educativo de Mendoza, a cargo de la Dirección General de Escuelas. En ella, Frúgoli consideró -y no es una ironía- que "formar ciudadanos supone, en primer término, enseñarles la Constitución Nacional; explicarles la importancia que tiene para la vida en comunidad; hacerles conocer cómo se fue formando, quiénes le dieron forma y las dificultades que debieron vencer para concretarla. Tarea ésta que debe empezar en la escuela primaria y continuar en la secundaria".

Pero Frúgoli no ha estado escondido. Lo dijimos: escribe en dos diarios impresos, atiende el teléfono en sus dos propiedades principales y camina por las calles del centro mendocino. Si la Justicia quería buscarlo, lo encontraba fácilmente. Si se le quería cuestionar, allí estaban sus párrafos cargados de consejos hacia la política. pero como en muchos otros casos, un paraguas protector lo ha acompañado a lo largo de las últimas tres décadas.

Su intervención en el Fondo Patriótico, quedó reivindicada y fue salvado por la Fiscalía de Investigaciones Administrativas a cargo del por entonces célebre Ricardo Molinas. En un dictamen dado a conocer el 10 de febrero de 1989, que incluyó la firma del fiscal adjunto, Jorge Luis Magnasco, sostuvo:

"Las donaciones de joyas, relojes, platería, monedas de oro, anillos etc., se clasificaron con la intervención de funcionarios del Banco de la Nación, técnicos de la Ciudad de Buenos Aires y la presencia de escribanos que labraron las actas correspondientes, para su posterior remate en forma individual o en lotes, de acuerdo a su importancia. En estos casos, también se ingresaron los fondos en las cuentas habilitadas y se concretaron las rendiciones a la Secretaría de Hacienda”.

“Resta apuntar que el Tribunal de Cuentas de la Nación que tan luego de su control hacendal (sic) sobre las cuentas referidas y movimientos dinerarios, no formuló observación legal a ningún aspecto de la administración del ‘Fondo Patriótico Malvinas Argentinas’”.

El dictamen concluye señalando que “de la investigación practicada por esta Fiscalía Nacional no es dable formular exigencias de responsabilidad a funcionarios públicos intervinientes en la administración y disposición de los fondos pertenecientes a la cuenta especial “Fondo Patriótico Malvinas Argentinas”. Y se dispuso el archivo de la investigación N°6656.

"Sobre estas cuestiones se ha fabulado mucho", dijo Frúgoli en una carta que le publicó Los Andes.

"El Fondo -explicó el ex funcionario- aportó al esfuerzo financiero de la guerra 150 millones. Digamos de paso que a raíz del conflicto bélico la Tesorería Nacional erogó 424 millones, a los cuales hay que agregar 100 millones destinados a reponer aviones. El material bélico que se perdió a raíz de la guerra, había sido adquirido con anterioridad y, en su casi totalidad, no se repuso. Los submarinos, buques de guerra, aviones de combate, tanques y otros armamentos, habían sido en su mayor parte adquiridos en el exterior, a partir de 1978, y no tuvieron por objeto el conflicto".

No dice lo mismo que dijo el comunicado del Ejército, en agosto de 1982: "El Ejército, por toda explicación, difundió un comunicado en agosto de 1982, donde afirmaba que, de los 139 mil millones de pesos que recibió, el 53 por ciento fue destinado a medicamentos y equipamiento hospitalario, el 23 por ciento se usó para la compra de repuestos para equipos de combate y el 24 por ciento restante fue para la compra de combustible, calentadores y vestuario especial".

A pesar de esto, la conductora Pinky le dijo a MDZ sobre el Fondo creado por decreto 953 el 12 de mayo de 1982, aquella "fábula": "Han sido 30 años de fastidio con un tema que yo hice con todo el corazón".  

Sin embargo, algunos detalles de cómo se manejó fueron publicados por Clarín. Señala que u n militar, el vicecomodoro Juan Carlos Rogani, lo afirma sin pudor: "Se decidió que los objetos sin valor comercial fueran a la basura. Las cartas, los cuadritos, las bufandas no eran vitales, tendrían Prioridad Número 100. Despachar un Hércules para llevar esas cositas no valía la pena, no justificaba el costo de la operación".

En una entrevista realizada por Pablo Calvo en Clarín al mencionado Rogoni y al general Gerardo Núñez, comandante de Intendencia del Ejército durante la guerra y pieza clave en la cadena de abastecimiento de las islas, se rescata el siguiente diálogo:

- ¿Qué pasó con el oro que donó la gente?

Las piezas se fundieron en 73 lingotes en la Casa de Moneda. Pesaban 141 kilos. Con ellos, se hicieron subastas en el Banco Ciudad y el dinero resultante fue depositado en el Fondo Patriótico. Renato Vaschetti, un empresario vitivinícola de Rosario —ya fallecido—, fue el único que logró recuperar los tres kilos de oro que había donado. Su reclamo ante la Justicia se basaba en "los inciertos destinos" que tuvieron las donaciones. En mayo de 1984, le devolvieron las mismas barras que había entregado, con la inscripción de un banco suizo.

- ¿Qué pasó con los abrigos tejidos por voluntarias?

No llegaron a las islas. Según el vicecomodoro Rogani, los elementos "sin valor comercial" terminaron "en la basura", porque era muy caro y peligroso enviarlos a destino, sobre todo con la interrupción del puente aéreo con el continente por las acciones enemigas. Muchas prendas fueron desechadas porque su colorido "llamaría la atención del enemigo", explicó el general Núñez.

Por esto, que muchos mendocinos se enteren de quiénes hicieron qué cosas durante los años oscuros, hace que "no se nos caiga de la boca" la palabra derechos humanos, aquí, en Cuba o en Estados Unidos, en donde sea.

Y recordar las palabras escritas por Frúgoli, el responsable de Malvinas que camina por las calles del centro sin que nadie sepa quién es: "Formar ciudadanos supone, en primer término, enseñarles la Constitución Nacional".

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Por lo pronto, al soldado Cid no le llegaron los alimentos ni los abrigos que les mandaron desde todo el país. Y si consiguió esa radio portátil que tanto quería, seguramente pudo escuchar que en Malvinas "estamos ganando" o "nos va muy bien", como declaró Frúgoli en pleno desastre austral.

En Twitter: @ConteGabriel