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Opinión

Menemismo explícito e imprevisión

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Ocurre, simplemente, que el segundo mandato de Cristina Fernández, a poco de andar, se ha tornado difícil de explicar . Algunos viejos problemas irresueltos se acentuaron desde la muerte de Néstor Kirchner. Pero la Presidenta se había encargado siempre de resguardar las formas mínimas. La semana pasada el Gobierno rompió con ese pudor y dejó al descubierto la verdadera catadura de su cuerpo y de su alma.

Hace mucho tiempo que el kirchnerismo trafica influencias en el Poder Judicial. Basta para corroborarlo, la cantidad de causas sobre corrupción que atesora el juez Norberto Oyarbide. La renovación de la Corte Suprema, en el amanecer del ciclo K, obró como el árbol que ayudaba a tapar el bosque. Una investigación que levantó vuelo –que involucra a Amado Boudou– fue suficiente para que el Gobierno desatara una ofensiva salvaje sobre el cuerpo judicial. La notificación aterrizó también en los escritorios de los siete miembros de la Corte.

Hace mucho tiempo, también, que se advierte sobre el encierro de Cristina. En un punto infinito deben estar sus promesas del 2007 cuando pregonó la idea de reinsertar a la Argentina en el mundo. La Presidenta tendría el propósito de recuperar para el Estado la mayoría accionaria o una porción importante de la principal empresa del país, que ahora controla la española Repsol.

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