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Opinión

¿Es la Vendimia una fiesta “tradicional”?

Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

No se asuste ni me empiece a dudar el amigo lector. La respuesta es un rotundo “sí”... aunque posiblemente no en el sentido que usted se imagina. Deje por favor que se lo empiece a explicar con una anécdota.

A principios de los años 80 el antropólogo Luis Díaz Viana visitó Vinuesa (Soria, España) para estudiar la conocida fiesta de la “Pinochada”. Y mientras entrevistaba a los vecinos más viejos de la localidad, notó que se lamentaban insistentemente porque según ellos el festejo estaba perdiendo “tradicionalidad”. Por ejemplo, en la vestimenta de los participantes. Así, criticaban a los jóvenes por tomar parte en “traje de calle”, cuando lo bonito y “tradicional” –argumentaban– era hacerlo en el traje típico de serrano (el equivalente al gaucho en la región española de Soria).

Como sea, al confrontar la versión de los vecinos más viejos de Vinusa con antiguos documentos (fotografías y viejas descripciones escritas) Díaz Viana notó que, por el contrario, desde finales del siglo XIX la tendencia era justamente participar de la celebración en “traje de calle”, aunque convenientemente endomingado. E indagando y dándole vuelta al asunto, terminó descubriendo que la incorporación del traje típico de serrano a la fiesta de la “Pinochada”... ¡No era más que una innovación introducida en los años cincuenta para que la fiesta le resultara visualmente más atractiva a los turistas!

¿Qué exactamente nos enseña lo anterior sobre lo “tradicional”? Que en realidad no se trata de una costumbre inmutables que se repite mecánicamente “desde siempre” sin sufrir modificaciones (esa idea dejémosla para la gente de miras estrechas que tiende a confundir eternidad con “tiempo congelado”)... sino de la última forma adquirida (y registrada en nuestra memoria) por dicha costumbre en el largo proceso de adaptación a distintas circunstancias y situaciones.

Y si nos tomamos el trabajo de revisar sistemáticamente la historia de la Vendimia mendocina, resulta fácil darse cuenta que efectivamente se trata de una celebración “tradicional” en ese último sentido. Sólo  por poner dos ejemplos bien gráficos: ¿quién se acuerda hoy que las primeras candidatas a Reina no eran estudiantes universitarias con cutis de seda y pasta de modelo sino cosechadoras con manos curtidas y contextura bien fornida? ¿O quién lamenta que la Bendición de los Frutos no se haga más a los pies de los pies de los Caballitos de Marly (como entre 1938 y 2005) sino en el Prado Gaucho?

Lo “tradicional”, a esto quería llegar, implica renovación. Relativa, dosificada, casi imperceptible e incluso sin conciencia. Pero renovación al fin y al cabo. Renegar del cambio es, pues, renegar de la Tradición y obviamente la desmerece (y sea mi conclusión un palito para los encargados del guión del acto central de la Vendimia 2013).