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Opinión

No hace falta el agravio, los docentes trabajamos no sólo cuatro horas…


Homenaje  a todas las docentes

Un día, un lugar, una esperanza

He pasado una noche inquieta. Sueño con imágenes que reproducen  confusamente mis deseos y esperanzas. Muchos niños. Niños felices. Niños jugando y cantando. Estas escenas se interrumpen con velos oscuros, casi sombras, de miradas tristes. Grandes ojos de pobreza y abandono. Un escalofrío recorre mi cuerpo, mientras mi mente  pierde el sentido del lugar y del tiempo.

“Hermosa y ardua esta tarea de ser maestra”, pienso y respiro la brisa de esta mañana soleada. Por lo menos, la luz brillante del día y el ruido sonoro de los pájaros , son una buena señal para mi desasosiego.

Junto el material para la clase . Papeles de colores brillantes, música de Vivaldi, algunas piedras pintadas y otras curiosidades para sorprender a mis niños. He conseguido algunas zapatillas y ropas usadas en “buen estado”. ¡Poca carga para tantos sueños!

Durante esta semana, he ocupado parte de mi tiempo estudiando nuevas propuestas pedagógicas, “nuevas “ formas de evaluar , nuevos contenidos para un contexto global. El mercado y el capital. Eficacia y eficiencia. Exclusión. Los niños no saben leer. Los niños incorporan imágenes del “tercer padre” la televisión. Son, según el filósofo italiano, Sartori, los “teletontos del mañana”. Los niños se vuelven violentos. La rebelión del hambre y la pobreza.

Me pongo mi guardapolvo blanco, ése que ya no se usa, pero que me brinda una sensación de pulcritud y limpieza (también del alma). Cargo  mi mochila, no sólo con útiles, sino también con una cierta mezcla de tristeza y optimismo y parto hacia la escuela.

La escuela. Mezcla de barro y ladrillos. Construcción emparchada, aún sin terminar. Baños precarios y un bebedero insalubre. ¡Cuántas notas a las autoridades y que largas esperas! Insalubre. Contaminación. Los niños de las villas no conocen diferencias.

El ómnibus en el que acabo de subir y que, por suerte, me deja en la esquina del establecimiento, va cargado de gente  que va a los consultorios externos de un hospital psiquiátrico que queda justo enfrente de la escuela. Hoy, ninguno se descompone en el trayecto, lo cual no deja de ser una buena noticias. En cambio, este ómnibus viejo,
 sucio, va vomitando humo negro, que nubla la carretera y escupe a la frondosa arboleda.

Llego a mi destino. En la parada , un paciente del hospital recoge “puchos” y los guarda en una bolsa. Alguien, conmovido, le da un cigarrillo entero. El lo mira con ojos ausentes, recibe el cigarrillo y lo corta en tres pedazos que vuelve a guardar en su bolsa. Todos los días igual.

Respiro hondo. El patio escolar se va poblando de niños , de risas, de saludos, de empujones y algunas burlas.

A la hora señalada, una bandada de niños-pájaros, entran corriendo en el aula. Este espacio compartido, que pretendo sea un lugar de encuentro, afecto, aprendizajes y alegría. Otra vez besos y saludos. Ocupan sus lugares ruidosamente, sacan sus cuadernos arrugados, con signos de zarcillos y cosechas.

Hoy han faltado cinco chicos. Seguramente, Juan, el chico que va a la feria a vender las verduras de su chacrita, llegará más tarde.

-“Niños, hoy les contaré la historia del agua y su importancia para Mendoza”.

Agua de deshielo que fluye generosa guiada por la mano del hombre.

“Los indios construían canales para el riego.” Manitos sucias, endurecidas por el trabajo de cosechar.

-“Vamos a dibujar en estos papeles el ciclo del agua”... Papeles de colores. Ojitos brillantes.

_”Seño, no hay agua en mi casa, la recogemos de un camión”.”En mi casa la recogemos de las acequias”... “El pozo se secó”...”Fría, cala hasta los huesos a la mañana”....

María, niña sarmentosa y desnutrida, me mira desde su soledad. Acaricio sus cabellos. Me sonríe. Mueca de sonrisa. Está pensando en el agua y en sus hermanitos que quedaron en el rancho.

-“El agua potable es importante para la salud” “Observen este vaso con agua clara y este otro, con agua de las acequias y comparen” “¿Qué ven?”

-“Medio vacíos, Seño”.

-“El color digo”. Será difícil para ellos percibir el vaso medio lleno. Optimismo y realidad.
Mientras dibujan, pintan y parlotean, me acerco a cada uno de ellos y les digo: “¡Muy bien! No olviden lavarse las manos!”. Manitos de basurales, de cosechas, de barro. Manitos que hoy se pintan de colores e ilusión.

Ayer fui a ver a la mamá de Joaquín, el niño gordo que respira con dificultad. Me contó que se alimenta con carne de cerdo que crían y faenan en su casa y que también toma una copa de vino. Su papá bebe muchas más.

-“Señora debe controlar qué come su hijo”.

-“Señorita, los pobres comemos lo que tenemos”.

-“Puede plantar algunas verduras y..."

-“¿No le estará envidiando la gordura al Joaquín?”.

--“Deme permiso para llevarlo al médico”.

  -“Y, si quiere”.

  -“Por favor, firme esta autorización”.

  -“Señorita, yo no se leer..."

Colgamos los dibujos en las paredes. Paredes de barro, pintadas con cal, iluminadas con tanta creatividad.

Terminada la tarea, nos despedimos con saludos y besos. “¡Hasta mañana Chicos”!.     “Chau, Seño!”

Algunos niños se quedan a terminar sus dibujos. En realidad, se quedan para cambiar sus  zapatillas rotas, por las nuevas que he traído. Es una ceremonia sencilla.

-“Las viejas déjenlas aquí”.

-“ ¿Podemos llevarlas, todavía nos sirven, para el trabajo, sabe?”.

Tienen razón.

Tienen toda la razón del mundo.

Tienen todos los derechos ¿Los tienen?

Los acaricio con ternura.

-“¡Hasta mañana, queridos niños!”.

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Para vencer el miedo, para renacer a la esperanza cotidiana de un lugar mejor. para el coraje cotidiano de enseñar a ser más gente.

Mi homenaje a todas las maestras que venciendo la angustia de las situaciones límites y de los conflictos de todos los días, tienen el valor de seguir tendiendo puentes de paz para nuestros niños.

Elia Ana Bianchi de Zizzias

Ex maestra de la Escuela Nacional Nº 60, de la Esc. Hogar Dr. Carlos M. Biedma y de la Esc. Manuel Quintana.

Ex diputada nacional por la UCR