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Opinión

Derechos humanos para humanos derechos


La tarea del periodista consiste en transmitir lo que pasa y para eso hay que estar en el lugar del hecho.

Ser "los ojos de la radio" es una tarea complicada ya que uno tiene que tratar de describir al máximo posible un panorama para poder transmitir, además del hecho, cuál es la sensación de estar allí, y una de las primeras lecciones que me dio el periodismo es que hay tantas miradas sobre un hecho como pares de ojos se posen en él. Por eso el periodista habla con todos, busca todas las miradas para poder reconstruir lo sucedido de la manera más completa posible.

La marcha convocada por los amigos y familiares de Matías Quiroga podía contarse desde muchos lugares, tantos como personas estuvieron presentes. Pero cuando a pesar de todas las miradas sale un sólo grito de todas las bocas, eso, es un hecho de por sí.

El martes por la tarde, caminando entre los manifestantes, uno podía escuchar la misma pregunta en todas las voces, incluso en la voz de los padres de Matías: ¿los derechos humanos son sólo para los delincuentes?
Eso gritaba una chica joven, muy bien vestida, muy bien peinada, muy bien maquillada y perfumada y parada en una pose que no es la que normalmente se usa en una manifestación. Al lado suyo, una señora muy humilde, con un vestido sencillo y roto, trataba de llegar hacia la entrada a la Legislatura levantando un cartel con la foto de su hijo asesinado en un barrio humilde. La chica se dio vuelta y con gesto casi de asco miró a la señora y le dijo "váyase señora, acá estamos por Matías, no por su hijo".

Me pregunté entonces si contar esto así como sucedió bastaba para transmitir cómo esa marcha, aunque no quisiera, se había transformado en una marcha "de clase".

Los argentinos somos clasistas, y separatistas, y discriminadores, y super individualistas. Los mendocinos, aún más.

Instalar en la sociedad la separación entre derechos humanos y "gente como uno" es muestra de ello. Ayer, los padres de Matías reprochaban con justa razón que a su hijo lo asesinaron delincuentes que debían estar presos y no lo estaban por gozar de salidas transitorias antes de tiempo. Tiraban la bronca bajo el argumento de que esos beneficios eran otorgados por el accionar de las organizaciones de derechos humanos que "se preocupan más por los delincuentes que por la gente de bien".

A los gritos, la madre de Matías aclaró que nadie, ningún integrante de esas organizaciones la había siquiera llamado. Lo hizo frente a casi mil personas que acudieron en su apoyo porque se sintieron identificadas con ella, casi al borde de la certeza de que lo que le hicieron a matías podían hacérselo en cualquier momento a sus hijos, nietos, hermanos y amigos. Cayeron en la cuenta de que las cosas malas también le pasan a "gente como uno". La marcha de ayer se trataba de Matías, tal como la chica le aclaró a la señora humilde, y no de ese chico que murió en una villa, adonde es común que haya tiros y bueno, la gente se muere.

La señora humilde no tenía derecho a pedir, para ella también, un llamado de la gente de los derechos humanos. Los crímenes de la clase media son tratados por la policía y la justicia como "algo a investigar  a fondo" mientras que los que suceden en los barrios de casas sin garage siempre terminan siendo pasionales o peleas entre bandas y pase al archivo.

En tanto, los organismos de derechos humanos se ocupan de los presos por un hecho simple: la pena del preso es perder la libertad, nada más, aunque mucha gente piense que merecen perder mucho más que eso y la realidad es que generalmente pierden mucho más que sólo la libertad.
Los abogados de derechos humanos de Mendoza tampoco llamaron a la mamá de Lucca Di Marco, cuando el Estado le entregó, en la pasada nochebuena, el cuerpo muerto y calcinado de su hijo de 16 años que se incendió estando preso en una cárcel de jóvenes.

De hecho, nadie la llamó. Nadie le organizó una marcha pidiendo justicia por el asesinato de su hijo a quien mató el Estado con su desidia, nadie lloró con ella como lloraron ayer muchos mendocinos por el hijo de los Quiroga y la verdad es que nadie lo hizo porque Lucca estaba preso. Distinta hubiera sido la reacción de la sociedad si un chico se moría quemado en una escuela pública.

La realidad es que la marcha de ayer fue una protesta de la clase media y alta mendocina, que se sintió tocada por la cercanía de la muerte en este caso y que despotricó contra los Derechos Humanos desconociendo que el principal derecho de todo ser humano es a ser tratado como a cualquier otro, sin distinción de clase ni de condición social.

El panorama, en una sociedad que no respeta eso, es uno lleno de violencia.

(*) Ana Montes de Oca es periodista deMDZ Radio.