Opinión
Sobre Padilla y su columna: el lado oscuro de la belleza
El gran (e injustamente denostado, digamos de paso) Nicolás Maquiávelo, solía decir que se sentía más satisfecho guiándonos por los oscuros laberintos del infierno –así aprendíamos a no perdernos en ellos– ... que mostrándonos el camino que conduce al Cielo.
¡Por supuesto! El Cielo representa la pureza, la sublimidad, la perfección. ¿Pero como alcanzar todo eso si primero no aprendemos a hacernos amigos y convivir con la lujuria, la compulsión y el instinto de autodestrucción que anida, indefectiblemente, en cada uno de nosotros?
Muchas veces (desde este punto de vista) el descontrol y la desmesura no son los opuestos diametrales de la pureza, la sublimidad y la perfección... sino simplemente su otra cara; su complemento más que necesario.
Creo que la columna “Pensamiento Salvaje” (que dos veces por semana escribe Marcelo Padilla para el Diario online MDZ) debería incluirse en esa clase de cosas que necesitan descontrol y desmesura para ser perfectas.
Porque vaya si no hay descontrol y desmesura en cada entrega bisemanal de Marcelo Padilla. Cualquier dato anecdótico, casi tribial (el faso; Tinelli; el último partido del Tomba; etc.), termina indefectiblemente convertido entre los dedos de nuestro autor en una orgía desvergonzada de palabras procaces que hacen poner colorado hasta al más mentado, colaborando así a crear un raro y denso climax de tensión en torno a temas que (precisamente por su tribilidad) para la mayoría de los otros mortales no se merecerían tal cosa ni de acá a mil años.
Con todo, esa falta absoluta de miedo al exceso que juega siempre al borde de lo admisible no es gratuita ni carece de sentido en “Pensamiento Salvaje”: busca pasearnos por el alma del autor con la intensión deliberada de revelarnos los entresijos de su inconformismo e “infectarnos” con él.
Y no hace falta aclarar que lo logra acabadamente, perfectamente. Creanme. La genta hace filas a los pies de las columnas de Padilla para saldar cuentas con el mundo y todo el que se hace notar por ahí se siente con derecho a moverle las agujas. Ahí nadie parece estar nunca satisfecho con nada.
Así que, por favor: antes de denostar “Pensamiento Salvaje”, primero evaluen si no les gusto porque realmente es una columna mala... o simplemente porque logró cumplir acabadamente en ustedes su cometido. Es decir, infectarlos de inconformismo.
Fuente: Mente Cultural
Con todo, esa falta absoluta de miedo al exceso que juega siempre al borde de lo admisible no es gratuita ni carece de sentido en “Pensamiento Salvaje”: busca pasearnos por el alma del autor con la intensión deliberada de revelarnos los entresijos de su inconformismo e “infectarnos” con él.
Y no hace falta aclarar que lo logra acabadamente, perfectamente. Creanme. La genta hace filas a los pies de las columnas de Padilla para saldar cuentas con el mundo y todo el que se hace notar por ahí se siente con derecho a moverle las agujas. Ahí nadie parece estar nunca satisfecho con nada.
Así que, por favor: antes de denostar “Pensamiento Salvaje”, primero evaluen si no les gusto porque realmente es una columna mala... o simplemente porque logró cumplir acabadamente en ustedes su cometido. Es decir, infectarlos de inconformismo.
Fuente: Mente Cultural