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Opinión

Trata de blancas, otra “Gran Pilatos”


La actitud de Poncio Pilatos de lavarse las manos, esta teniendo en nuestro país una inesperada expansión. Si leemos los Evangelios, dice que en los tiempos de Jesús, el procurador romano se lavó las manos en aquel histórico gesto con el que quiso distanciarse de la decisión tomada por la muchedumbre, que eligió salvar a Barrabás en lugar de Jesús. “Lavarse las manos”, se interpreta como desentenderse de la responsabilidad en un asunto. Desaparece la suciedad, y metafóricamente también desaparece la responsabilidad. Como puede verse, la asociación entre pureza física y pureza moral se daba ya por establecida desde los tiempos de Poncio Pilatos (siglo I de la era cristiana).

Un proverbio dice que para juzgar a un pueblo conviene leer sus proverbios... y en nuestro país, el lavarse las manos, no solamente hace prevenir los contagios con diferentes factores de riesgo, como virus, bacterias, sino también de las protestas sociales, índices de mortalidad infantil, enanismo nutricional, déficit de vivienda, carencias educativas, transporte, inundaciones, inflación, trata de blancas, narcotráfico, corrupción, … a las se pueden denominar “crímenes de lesa gobernabilidad”. Si los crímenes de guerra son graves, mas son estos crímenes de paz, que se producen en un “Estado de Derecho”, como el ataque que sufren los sectores precarizados, que por un imperativo ético y político exige declarar la emergencia nacional, tanto en lo educativo, sanitario, nutricional, habitacional, del transporte, etc. Es un verdadero crimen provocado por la ineptitud del gobierno.

Han pasado 21 siglos y este gesto intuitivo, que nos lleva a lavarnos las manos después de haber cometido alguna bajeza, y hoy en la Argentina sigue siendo es un sello de usanza nacional, porque los hábitos que la ciudadanía ha aprendido con el tema de la gripe, se mantienen como prevención en muchos hechos de la vida política: Decretos de necesidad y súper poderes: Los legisladores se lavan las manos; Apropiación de terrenos y campos fiscales: lavarse las manos. Nombramiento de parientes en el gobierno: lavarse las manos. Desnutrición infantil, y el asesinato más cobarde del aborto: lavarse las manos. El hambre en el país de la comida: lavarse las manos. El Evidente enriquecimiento ilícito de funcionarios: lavarse las manos. Incompatibilidad entre ser funcionario y dueño de empresas: lavarse las manos. Poder Judicial extorsionado por el Poder Ejecutivo y el Congreso: lavarse las manos. Aliados de Castro, Chávez, Evo Morales, Ortega y Correa y su Revolución del Siglo XXI: lavarse las manos. Hambrear a la institución Fuerzas Armadas y de Seguridad: lavarse las manos. En lo ecológico el agua para lavar tanta mugre existente seguramente no sea potable, ni incolora, insípida e inodora, porque muchas de las obras de saneamiento imprescindibles nunca se realizaron, los mecanismos de contaminación de las napas siguen, con el tema de los basurales, y los que prometieron hacerlas, también se están lavando las manos. Los olvidados hielos continentales, donde nadie quiso quedar pegado, y hacen también hicieron “la gran Pilatos”.

Quizá ya llegó el momento de pensar en la emergencia de todas las emergencias: La catástrofe nacional. Colapso, cisma institucional, grave crisis económica, aislados del mundo,… que se fueron encubriendo con indicadores que nadie creyó, y hoy es una realidad irrebatible. Es responsabilidad del pueblo argentino construir la muralla ideológica y política para poder librarse de los gobernantes que no asumen sus errores, que todo lo ensucian, y usan el constante mecanismo de “lavarse las manos”, para limpiar su sentimiento de culpa.

Lavarse las manos ya pasó a ser un tema de seguridad nacional, un modo de guardar las apariencias, o mejor dicho, un modo de tener impunidad estatal, como el reciente caso tucumano de los vínculos con redes de traficantes de blancas: lavarse las manos.

Aníbal Hardy
hardyani@arnet.com.ar
Diputado de la Nación MC
1991/95- Bloque Movimiento de Integración y Desarrollo
Provincia de Formosa