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Opinión

K o anti K: los dueños de la calle


Las multitudinarias manifestaciones que se han expresado en las calles de nuestro país en los últimos meses han desatado la polémica acerca de quiénes son los dueños de la calle, si  el kirchnerismo o el antikirchnerismo.

Para hacer un análisis que no sea una mera competencia deportiva es necesario tener en cuenta  no solamente los números sino también la composición social, las formas de convocatoria, los reclamos  y la intensidad de las adhesiones de los que participaron.

Está claro que las manifestaciones anti K superaron a las K en cantidad de gente, tanto en Capital como en el interior. Este dato surge de multiplicar metros cuadrados por personas y de los informes policiales y periodísticos. En el caso de la “Fiesta de la Democracia” no es posible determinar cuántas personas fueron sólo para presenciar el espectáculo artístico, aunque es de suponer que constituyeron una minoría. También es importante aclarar que no toda la oposición se manifestó en el 13S y el 8N, ya que la mayoría de los partidos opositores no adhirió ni mandó contingentes.

En las manifestaciones antikirchneristas se vio claramente que era la clase media en toda su heterogeneidad la que salió a la calle, desde encargados de edificios y empleados de comercio hasta profesionales de altos ingresos. En la manifestación kirchnerista también hubo una gran presencia de clase media que es el estrato social que mayoritariamente constituye las organizaciones cristinistas. Pero, se agregaron amplios contingentes de sectores populares que vinieron en su mayoría del conurbano bonaerense. En ambas manifestaciones no se advirtió la presencia de la clase obrera que tuvo su protagonismo en el paro del 20N.

En los dos casos la composición por edades y sexo pareció corresponderse con los porcentajes que se dan en la población en general.

Las formas de convocatoria también fueron distintas, en las primeras movilizaciones las redes sociales jugaron un papel fundamental y la gente se dirigió a los lugares establecidos por su propia cuenta. En la segunda se observaban grupos ya constituidos que se movilizaban organizadamente. Se destacó la presencia de movimientos sociales y también de contingentes aportados por los llamados barones del conurbano a través de redes clientelares.

Los reclamos de los primeros fueron muy variados pero podrían sintetizarse, especialmente en la convocatoria de noviembre, en torno a ejes relacionados con la calidad de la democracia y de las instituciones. La inseguridad también figuró como muy importante pero con contornos desdibujados, en la medida en que no estaban claras las medidas que se proponían para solucionarla.

Con respecto a la intensidad de las adhesiones y oposiciones me apoyaré fundamentalmente en encuestas. Las marchas anti K reflejaron un muy fuerte sentimiento de rechazo hacia el actual gobierno que impulsó a manifestarse a personas que probablemente no lo habían hecho con anterioridad. Son los que en las encuestas responden que “de ninguna manera votaré a Cristina”.

En la Fiesta K existieron dos sectores diferenciados: los militantes que son tan intensos en su adhesión al gobierno como los otros en su rechazo, y los sectores que fueron movilizados por los intendentes. Estos gobiernos locales, todos sabemos, tienden a apoyar a los gobierno de turno por razones de coyuntura y, a través del otorgamiento de asistencia social, logran el apoyo de amplias capas empobrecidas cuya estrategia de supervivencia es precisamente esa.

Con este último párrafo no he buscado desvalorizar a estos sectores sino simplemente destacar las características que muchas veces asume la política en los segmentos más empobrecidas de nuestra población a partir del menemismo. (Para entender este fenómeno recomiendo “Desde abajo. Las transformaciones de las identidades sociales” de la socióloga Maristela Svampa)

Como conclusión podemos decir que la calle no tiene un solo dueño, el poder de convocatoria del gobierno es importante y cuenta con recursos como para efectivizarlo. Pero, la oposición también ha demostrado que puede copar el espacio público y que posee un gran poder de presión.

Las manifestaciones opositoras tienen la dificultad de que no reconocen un líder claro. Esto ha sido señalado por el kirchnerismo como una debilidad fundamental al punto de que lanzaron la pregunta: Y después qué? La respuesta no es otras que: Después, las elecciones.