Opinión
Lo estamos haciendo otra vez
Mientras Ulises chequea varios diarios y mira lo que se dice por TV, descarta usar ese cable que mandó la agencia de noticias que cuenta mucho menos de lo que podemos contar nosotros en MDZ con esa diversidad de fuentes. Jorge y Viviana están anticipando por Twitter las notas que están procesando Jimena, Santiago Jimena y Lili, mientras Rodolfo nos avisa que está cayendo granizo en el Sur, que los lectores nos están mandando fotos y eso les sirve a Carlos y Maximiliano para repartirse las llamadas por hacer: a Contingencias climáticas y a los productores de la zona. Edwards busca en videos disponibles en Youtube las explicaciones que a más gente le gustaría ver en ese formato que leerla en un texto clásico, pero le pide a Federico que haga un informe señalando las claves del asunto, para poner en foco el problema. Pablo indaga en la búsqueda del dato duro del que, insiste Jorge, “hay que enamorarse”. Walter leyó un tuit de un músico y ya lo está llamando por teléfono para verificar si es cierto lo que dice. De ser así, piensa publicarlo no bien termine la llamada. Danila está en su último día en el diario, antes de irse a estudiar fuera del país, pero está recibiendo a unos vecinos que quieren responder a la nota que le hizo Verónica y usa un smartphone para registrar sus argumentos. Patricia acomoda su pila de libros, esos que ya leyó y que quiere que vos también leás. En tanto, Alejandro llama al Ministerio de Defensa para saber si eso que publicó Clarín es así o es como dice Tiempo Argentino; Gema busca por Facebook otros testimonios, para ampliar la cantidad de voces y no quedarse con la agenda que viene armada. Diego y Julio, en Buenos Aires, preparan notas sobre el tema también, para que la profundidad le gane a la versión, mientras que por lo menos 400 correos electrónicos son auscultados para chequear si todo eso que nos dicen es tan así y pueda transformarse en una, 10 o 400 notas. Con los auriculares encarnados, Horacio escucha lo que dicen en la radio y lo va escribiendo: informa en tiempo real y hace lo que ya llamamos como “una radio escrita”. En medio de todo esto, se mueve el piso; Gonzalo y Ariel lo sienten y dejan el seguimiento de los deportes en todo el mundo para ayudar a buscar la data: lo tienen, con epicentro y magnitud y todo y mientras sigue temblando, el editor de turno pone un alerta: “Está temblando”. Pachy avisa que están “subidas” al sistema las fotos de la sesión. Lo hizo desde la Legislatura, desde donde Liliana anticipa por Twitter (y se refleja en el diario) lo que está pasando, minuto a minuto. Llega una nota que Gustavo escribió desde su smartphone, en el estadio: se revisa, se le da formato y se publica. Alfredo le comenta a Nacho que mande una foto del accidente vía Dropbox, obtenida con su BlackBerry y que luego traiga a la redacción “las de verdad”. Federico y Muriel juntan “perlitas” de la fiesta a la que fueron a noche y se preparan para escrachar a los mejor y peor vestidos. A Atahualpa se le ocurre que puede escribirse un enfoque sobre cómo nos vestimos los mendocinos y Maxi le toma la palabra: en media hora su opinión estará acompañando a la nota social. Mientras chequean la versión móvil, Gustavo nos avisa que hay tantos lectores en línea que el ancho de banda va a tener que ser ampliado y pide, una vez más, que seamos discretos a la hora de elegir el tamaño de las fotos. Le hacemos caso y nos alegramos. No estamos solos. Hay compañía: la gente está leyendo y ojo, está opinando, por lo que los moderadores de los comentarios de los más de 22 mil inscriptos se concentran en escoger la paja del trigo.
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“Esto está pasando ahora” es el concepto de este diario que nació hace poco más de 5 años y que hoy muestra su primera actualización integral.
Pero, de inmediato, no camuflamos ni fundimos en una sola la opinión de mujeres y hombres que trabajamos aquí: opinamos, discrepamos, criticamos, felicitamos, analizamos, interpretamos y lo hacemos sin arrogarnos ser los dueños de la verdad absoluta, simplemente nos interesa que los temas críticos no mueran en un flash noticioso que impacta y muere con la aparición de otro flash, y así sucesivamente.
Tenemos que decir algo más: somos parte de una empresa que no tiene otro interés que la comunicación. No participa de ningún negocio con el cual “operar” desde un medio de comunicación: su negocio es, desde hace décadas, comunicar, ya sea que se trate de publicidades o noticias, como en nuestro caso.
Algo que habrán notado mucho, sobre todos nuestros lectores que se dedican a la actividad política y principalmente, la gubernamental, es que tenemos opinión editorial sobre los temas de Mendoza. Se habrán dado cuenta de que no cambia con el clima, con el paso del tiempo ni con sus llamados telefónicos: aquí vivimos, aquí crecemos y vemos crecer a nuestros hijos.
Queremos que Mendoza no se mueva por inercia, sino que cobre vida y que sus dirigentes asuman el rol que les toca. No somos neutrales.
Por ello nuestra labor está despojada de presiones y prejuicios y no tenemos ningún problema con cualquier otro diario mendocino, por ejemplo, salvo cuando éstos nos creen parte de una amorfa y lejana “Internet” y, entonces, nos copian las ideas o las notas, desconociendo los derechos de autor de los trabajadores que buscan, encuentran y publican informaciones.
Somos un diario mendocino en el mundo, disponible en forma gratuita en donde sea que haya conexión a Internet y allí nos paramos cuando pensamos en qué publicar y cómo enfocar cada tema. Todos los asuntos inherentes a la condición humano nos parecen importantes, ocurran en aquí a la vuelta o en el otro lado del mundo.
Como hemos dicho otras veces (y a riesgo de que esta parezca una frase “ñoña”) vos ya no sos tan solo un lector; nunca te pusimos en la categoría de “cliente” y no cumplís con el término técnico de “visitante” con tu clic en una de nuestras notas.
No sos un IP. Ya nos tuteamos, nos conocemos y compartimos la compañía y queremos seguir así por mucho tiempo más.
Hoy empezamos una segunda etapa. Aquí ejercemos la misma pasión por descubrir qué está pasando, con ropa nueva, digamos, pero centralmente con mejores herramientas tecnológicas para que el diálogo que hemos mantenido en los últimos cinco años no sea bilateral, sino múltiple; para que la noticia no muera una vez que es publicada, sino que comience allí un ciclo en el que todos podamos aportar, discutir, resolver, ayudar, solucionar, quejarnos… Y así sucesivamente.