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Opinión

Lubertino podría ir presa


A veces la ignorancia de los legisladores da pena. Otras veces, repugnancia.

La diputada María José Lubertino (quien asegura ser abogada recibida con medalla de oro) sorprendió al país entero con una propuesta para que se les entregue preservativos a los niños, repito, NIÑOS de 11 años en adelante.

Justificó su gran idea basada en la cantidad creciente de embarazos de adolescentes que registra la Ciudad de Buenos Aires, donde ella cobra el sueldo cada mes, y agregó que, con el condón, “los alumnos recibirán un instructivo para su adecuado uso e información sobre prevención de embarazo y enfermedades de transmisión sexual”.

Lubertino necesita urgente un instructivo sobre el Código Penal, o repasar sus apuntes de facultad, o consultar un buen abogado porque su proyecto podría llevarla a la cárcel unos cuántos años.

Una de las mejores modificaciones que se le hizo al código penal fue la de especificar lo que son los Delitos contra la Integridad Sexual, a saber:

El Artículo 2 expresa que “Será reprimido con reclusión o prisión de 6 meses a 4 años el que abusare sexualmente de persona de uno u otro sexo cuando, ésta fuera menor de 13 años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción”.

El código protege así a las niñas porque reconoce que, a esa edad, ninguna nena puede comprender lo que significa un acto sexual y, por ende, no puede consentirlo.

Es simple: las nenas no se tocan.

Pero además, y esto es lo que Lubertino debería haber pensado antes de presentar su iniciativa, el Código indica en su artículo 5: “El que promoviere o facilitare la corrupción de menores de 18 años, aunque mediare el consentimiento de la víctima será reprimido con reclusión o prisión de 3 a 10 años”.

¿Acaso pensar en repartir preservativos entre niños no es una forma de promover y facilitar la corrupción de menores?

Si esta señora está tan preocupada por la creciente ola de embarazos de niñas y adolescentes debería, antes que nada, recordar que la ley estipula que tener sexo con una nena es un delito.

Debería sentarse a escuchar de boca de esas nenas qué las llevó a consentir un acto sexual y horrorizarse cuando le cuenten que es una forma de que las traten bien por un tiempo, porque a las embarazadas nadie les pega.

O enterarse de que muchas de esas nenas se embarazan porque viven en una realidad en la que ser madres las convierte en señoras y entonces cambian de status y pueden exigir otro trato.

Lubertino podría averiguar, cuántas de esas nenas realmente quisieron tener sexo o simplemente obedecieron cuando alguien les dijo “abrí las piernas”.

Esta diputada, que poco conoce de pudor y por eso creyó revolucionario sacar la teta del corpiño para amamantar a su hijo frente a todos los diputados del Congreso Nacional, debería pedir que se aplique la ley, que se llenen minutos de aire televisivo y radial con campañas contra los delitos a la integridad sexual y que niños y grandes entiendan que las nenas no se tocan, en vez de violar ella misma la ley promoviendo las relaciones sexuales de menores de edad.

Y en cuanto a su consejo de pedirle a los violadores que usen forro, lea el Código Penal, Lubertino. Los abusos sexuales se llaman ahora contra la integridad sexual porque desintegran a la víctima, la reducen a trizas que no pueden, nunca más, volver a pegarse.

Mientras la están violando, lo único que puede negociar una mujer es cómo seguir siendo una persona cuando sólo le quedan pedazos de lo que fue.