Opinión
El ejemplo de Juan
Mientras los lobos políticos se desgarran unos a otros el traje de oveja y centran sus campañas en ver quién convence al electorado de que el otro es peor, Juan sigue haciendo campaña por los que no tienen aparato.
Mientras los candidatos se echan en cara quién tiene que hacerse cargo de darles calor a los que duermen en la calle, Juan reunió a 1400 vecinos que les llevan café, comida y frazadas.
Mientras los equipos técnicos analizan cómo armar la boleta para que sea más llamativa, Juan ve la posibilidad de que, si cada elector llevara dos paquetes de comida a la escuela donde vota, se acaba el hambre en Argentina por cuatro meses. Y con tres paquetes, un año.
Mientras los aspirantes a gobernadores cuentan cuántos kilómetros de ruta van a hacer, Juan organiza una campaña para sumar carriles en la ruta 3, donde un domingo murieron once personas y muchas más otros días.
Mientras el Ministro de la Corte da el desejemplo con sus puteríos y en vez de defenderse dice que “lo quieren desestabilizar emocionalmente”, Juan sigue publicando en las redes sociales las fotos de las mujeres presuntamente secuestradas para explotarlas sexualmente y nos pide que las sigamos buscando.
Contrariamente a lo que hacen todos los políticos, Juan Carr dedica cada hora de sus días a encontrar soluciones ya, para los que necesitan ya.
Pide llaves para construir centros de salud, cuadraditos tejidos de 40x40 centímetros para hacer frazadas, un peso, a cada contacto de Facebook, para un niño que necesita una operación, un fardo de pasto para llevar a aquellos a quienes las cenizas les tapó hasta las esperanzas, diez minutos de tiempo para difundir un video buscando a Sofía Herrera y otros chicos desaparecidos.
Juan Carr nunca dice que no hay presupuesto, o que no hay infraestructura.
Tampoco hace propaganda con la sonrisa de los chicos a los que les acercó una mochilita con útiles para la escuela. Sus planes sociales son increíblemente efectivos pero en vez de perder tiempo mostrando los logros, encara la próxima necesidad con la misma urgencia que tiene el necesitado.
No habla mal de ningún funcionario ni critica gobiernos pero les recuerda, cada tanto, cuántos pobres más significa una décima más de inflación.
Desde que inició su campaña a través de la Red Solidaria, recaudó miles de toneladas de alimentos para todas las provincias del país, Chile y otros países azotados por alguna catástrofe natural. Repartió medicamentos, ropa, útiles escolares, ladrillos para hacer escuelas y juguetes a los chicos sin techo.
En el camino, fue cambiando la mentalidad de muchos argentinos que vieron en él que para transformar la realidad, hay que ponerse a hacerlo.
Desde que él empezó, en 1995, la cantidad de llamados pidiendo ayuda se redujo de 100 a 50%. El otro 50% de los llamados son ahora para ofrecer algo.
¿Lo habrá llamado algún presidente? ¿Algún gobernador o intendente, o diputado, o senador? ¿Algún ministro de la Corte?
Tal vez. Pero desde 1995 hasta hoy, ningún funcionario le preguntó cómo hace.
Lástima que Juan Carr no figure en las boletas.
Lástima que quienes figuran no le sigan el ejemplo.