Opinión
Yo te hostigo, tú me hostigas, ellos nos hostigan
Al principio, la democracia era el gobierno de la mayoría con la representación de las minorías. Después, como todo, esa idea fue perdiendo terreno y resultó que la democracia era de quien tiene el poder.
Si alguien me cuestiona esto, le digo que la muestra más clara la hizo la presidenta cuando puso en las listas de candidatos a diputados nacionales a los amigos de Máximo.
Así llegó a ocupar el segundo puesto de la lista mendocina la joven abogada y camporista Anabel Fernández Sagasti, una chica como vos, como yo, y que ahora dice que se siente “hostigada” porque se le cuestiona no tener méritos previos como para llegar a semejante candidatura.
Lo cierto es que Anabel tiene el derecho constitucional a ser diputada nacional. De hecho, para ser diputado no te piden secundario completo, ni inglés oral y escrito, ni siquiera currículum.
De hecho, la constitución asegura que vos y yo y ese estereotipo argentino llamado Doña Rosa también podemos ser diputados. Así que está bueno que una chica de apellido Fernández pueda llegar al Congreso Nacional.
De hecho, la constitución asegura que vos y yo y ese estereotipo argentino llamado Doña Rosa también podemos ser diputados. Así que está bueno que una chica de apellido Fernández pueda llegar al Congreso Nacional.
Lo que no está bueno, es su silencio.
Porque con su silencio da a entender que no está preparada ni para hacer de abogada de sí misma y refutar las acusaciones que se le hacen.
Porque lo que dice su silencio es que como está en segundo lugar, ni siquiera tiene que tomarse el trabajo de hacer campaña para que la voten, total, Cristina y Máximo la hacen por ella.
El problema es que cuando tenga que sentarse en la banca, nosotros, a quienes ella tiene que representar, vamos a querer que nos represente y no que levante la mano según lo que Máximo le indique.
Por eso la hostigamos, que según el diccionario quiere decir “incitar con insistencia a alguien para que haga algo”. La hostigamos ahora y la hostigaremos después para que nos represente.
Para que nos muestre sus ideas (que hasta ahora demuestra no tener por su silencio) y las ponga en debate.
La hostigamos como nos hostigan a todos nosotros para que hagamos bien nuestro trabajo.
Si la democracia no fuera para los que tienen el poder, ella debería pedir a gritos que el pueblo le demande que cumpla con su cargo con responsabilidad y honradez, que le den la oportunidad de demostrar que aunque no tenga experiencia previa es capaz de hacer el trabajo.
A todos nos pasó alguna vez tener que convencer a algún jefe de que nos dé la oportunidad.
Pero Anabel no entendió todavía quién es su jefe y por eso ni siquiera nos habla.
Hagámosle entender. Hostiguémosla.
Porque con su silencio da a entender que no está preparada ni para hacer de abogada de sí misma y refutar las acusaciones que se le hacen.
Porque lo que dice su silencio es que como está en segundo lugar, ni siquiera tiene que tomarse el trabajo de hacer campaña para que la voten, total, Cristina y Máximo la hacen por ella.
El problema es que cuando tenga que sentarse en la banca, nosotros, a quienes ella tiene que representar, vamos a querer que nos represente y no que levante la mano según lo que Máximo le indique.
Por eso la hostigamos, que según el diccionario quiere decir “incitar con insistencia a alguien para que haga algo”. La hostigamos ahora y la hostigaremos después para que nos represente.
Para que nos muestre sus ideas (que hasta ahora demuestra no tener por su silencio) y las ponga en debate.
La hostigamos como nos hostigan a todos nosotros para que hagamos bien nuestro trabajo.
Si la democracia no fuera para los que tienen el poder, ella debería pedir a gritos que el pueblo le demande que cumpla con su cargo con responsabilidad y honradez, que le den la oportunidad de demostrar que aunque no tenga experiencia previa es capaz de hacer el trabajo.
A todos nos pasó alguna vez tener que convencer a algún jefe de que nos dé la oportunidad.
Pero Anabel no entendió todavía quién es su jefe y por eso ni siquiera nos habla.
Hagámosle entender. Hostiguémosla.