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Opinión

Intelectuales K, detrás del FMI


Paradójicamente, se ha producido un seguidismo por parte de los intelectuales K hacia los tecnócratas neoliberales del FMI. Es como una gran ola, que se extiende por todo el universo kirchnerista y abarca a todos sus intelectuales orgánicos: periodistas, intelectuales, ensayistas.

En la década de 1990, los tecnócratas del FMI se dedicaron, rabiosamente, a aplaudir la administración del presidente populista de derecha, el peronista Carlos Menem. Ellos tenían un motivo central para apoyarlo en forma automática: las privatizaciones. Para los tecnócratas del FMI, en su militancia fundamentalista neoliberal, las privatizaciones de la gestión Menem configuraban un acto de santidad tan grande, que merecía que se hicieran los sordos, ciegos y mudos por todo lo demás que estaba sucediendo.

La corrupción del Estado, la ausencia de organismos estatales de contralor, la ausencia de políticas sociales, la hiperdesocupación y la segmentación social, no eran tema para el FMI.

Tampoco lo era el hiperendeudamiento. Esta fue la trampa que usó el peronista Carlos Menem para “esconder” la inflación. Durante 60 años, los gobiernos argentinos, incapaces de administrar con eficacia las cuentas públicas, tendían a gastar más de lo que generaban, para dar una falsa sensación de abundancia y bienestar a la población. De esa forma se generaba un desequilibrio fiscal, que se licuaba a través de la inflación. A partir de la Ley de Convertibilidad, Menem suprimió la inflación; los indicadores oficiales mostraban índices muy favorables en ese terreno. Pero no eliminó el déficit, sino que lo exportó mediante endeudamiento externo. Durante su administración, la deuda externa argentina subió de 60 a 140 mil millones de dólares, hasta finalmente estallar en el 2001.

¿Qué hicieron los tecnócratas del FMI durante ese decenio? ¿Cuál fue su actitud al ver que el país se sobre endeudaba, irresponsablemente, sin tener ninguna capacidad, alguna vez, de pagar esa gigantesca deuda? ¿Qué actitud asumieron, al comprobar que la administración Menem marchaba hacia el abismo?

La respuesta es nada. O casi nada. Al contrario, siguieron aplaudiendo y aclamando la gestión Menem, debido a que coincidían con ella en un punto considerado vital: las privatizaciones.

Cuando la Argentina estalló, en diciembre de 2001, esos técnicos y economistas neoliberales, se desentendieron del asunto, y siguieron sus vidas. Nadie les pidió cuenta de su absoluta falta de responsabilidad, al promover y alentar una política orientada en esta dirección. Se puede decir que la responsabilidad principal corresponde al votante peronista que consagró a Menem con sus votos en el poder durante diez años. Se podría aludir, como atenuante, que algunos votantes peronistas tenían acceso limitado a la información; en cambio los tecnócratas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, tenían pleno conocimiento de lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, callaron.

Los intelectuales K van por el mismo camino. Saben que el peronismo K, igual que el M, está manejando mal aspectos importantes de la economía; y que trata de ocultar la inflación por todos los medios; si Menem la exportó transitoriamente, vía endeudamiento externo, la administración K la oculta mediante la manipulación del Indec, convertido en fábrica de información falsa.  ¿Cuál es la respuesta de los intelectuales K? La misma que la de los tecnócratas del FMI en los 90: a pesar de tener pleno acceso a la información, callan, y tratan de justificar, por todos los medios, lo injustificable.

En ese sentido, parece más digna la posición del sindicalista Moyano que, a pesar de su alianza política con la administración K, tiene al menos la independencia mental para reconocer que la inflación es muy alta y un problema grave para el país.

Es preocupante la posición de los intelectuales K, que renuncian al sentido común y a la distancia que naturalmente debe tener el intelectual con respecto al poder, para asumir posiciones de adhesión incondicional, casi religiosa, de corte fundamentalista.

La falsificación del Indec no es un caso aislado. Lo mismo ocurre con la actitud general del gobierno con respecto a las instituciones. El populismo tiene una tendencia incontrolable a minimizar las instituciones y mecanismos de control y división de poderes, lo cual abre las puertas a la concentración del poder y la corrupción. Este criterio lo aplicó con notable desparpajo la versión neoliberal del populismo peronista en los 90, y la vuelve a reiterar la versión “nacional y popular” de este populismo en la era K. La aplicación sistemática de estos criterios genera situaciones como los recientes escándalos de los fondos de viviendas administrados por las Madres de Plaza de Mayo, tema que ha ganado espacio en los medios internacionales. ¿Cuántas personas valiosas más van a hundirse tras recibir el abrazo K y embarrarse con su estilo populista de gestión, sin institucionalidad?

¿No es tiempo de hacer autocrítica y de aprender de otras tradiciones políticas? ¿No es tiempo de renunciar al populismo, que siempre ha fracasado, y mirar otras formas de entender la gestión del Estado, la importancia de la división de poderes y los equilibrios institucionales, tal como proponen los socialistas?