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Opinión
Ética política, ética pública y ética ciudadana
El reconocido pediatra y dirigente político y social Roberto Chediack nos estremece con su análisis sobre la ética. Leé esta columna y opiná.
En la medida que envejezco, se me acentúan ciertas “obsesiones”, sobre todo pensando en ciertos valores y pautas culturales que hacen a los mismos. Creo sinceramente que si la política y la sociedad no están sustentadas sobre ciertas bases y valores, no tienen futuro ni destino más allá del desarrollo económico-social.
La ética y la moral en la función pública, en la política en general y una sociedad que no la ejerza y la exija terminan en cualquier parte. El tema de la ética pública está prácticamente ausente en la agenda política. “El roba pero hace”, “El clientelismo político a través de prebendas, dádivas o promesas electorales para obtener votos, el mentir a sabiendas aunque no se esté dispuesto a cumplir lo prometido, el decir una cosa y luego hacer otra, son moneda corriente en este país y en la mayoría y así estamos”.
Pasan por nuestra memoria los porcentajes para obtener licitaciones, coimas para destrabar ciertos trámites o pasar algunas cosas por la aduana, el obtener dinero de empresas o grupos económicos para hacer campañas políticas, en un ida y vuelta de beneficios mutuos. Es bastante frecuente que cuando el Estado compra bienes o servicios, halla algún “vuelto” para algún o algunos funcionarios, que desgraciadamente no se pueden comprobar, o los que licitan obras que dejen algún “diezmo”, porque sino no consiguen las mismas. Todos sabemos que estás cosas son bastantes frecuentes, pero bastante toleradas o cuando se inauguran obras que otros comenzaron, u a veces buenos proyectos que otros fueron los autores, pero al momento de ejecutarlos ni siquiera los nombran. Parece que la sociedad solo reconoce a los que “triunfan” y no a los que luchan y prepararon el camino para determinadas conquistas y que muchas veces lo hicieron en soledad. Tenemos en general memoria muy corta y los hombres y mujeres mayores, tenemos la obligación de marcar ciertos nombres, para que la juventud conozca la historia.
Cuantos jóvenes sabrán por ejemplo, que Illia no quiso recibir la jubilación como ex presidente, por no haber terminado su mandato por un golpe de Estado, por enfrentar intereses poderosos como multinacionales de medicamentos o petróleo y que hizo la presidencia más transparente de la historia. Quienes recordaran a Alfredo Palacios, gran impulsor de leyes sociales, como jubilaciones, programas materno infantil y defensa de los más desprotegidos, que vivió y murió en su misma y vieja casa y que afirmaba “la política sin moral no es política”. O a Lisandro de la Torre, aquel tribuno excepcional que intentó desarmar el negociado de las carnes de los ingleses en nuestro país y que se pegó un tiro ante la impotencia de modificar la política de su tiempo. O Elpidio González, vicepresidente de Irigoyen, que termino sus días vendiendo baratijas en las calles para sobrevivir, o Agustín Tosco, ese gran líder sindical que murió en la clandestinidad, que siendo secretario general de un gremio, nunca dejó de trabajar (¿Cuántas calles tienen su nombre?). Hay muchos más, muchísimos más, que vivieron como pensaban, pero que son malos ejemplos, aparentemente, en esta época con tanto travestismo y tanto pragmatismo, donde no importa como se llega y cualquier cosa vale para llegar al poder. La “lógica” de la política actual parece ser la “búsqueda de los atajos”, en lugar de construir caminos. Las alianzas electorales entre fuerzas que nada tienen ver, colectoras de todo tipo para beneficios mutuos, que lo único que importa es que sumen, donde hay de todo y no cuentan los principios y la historia personal, sino los resultados electorales, van convirtiendo la política en un cambalache donde no hay lugar para los que la conciben sobre bases ético-morales.
Me pregunto si el Estado tiene mecanismos de control suficiente o intención de controlar todas estas pequeñas y grandes trampas, o el enriquecimiento en la función pública. Creo que no.
En nuestra sociedad, que un hombre como “Pepe Mujica”, done parte de su sueldo y siga viviendo en su modesta chacra, será visto solo como una anécdota simpática, o como un gran valor? Tengo mis dudas, porque no está dentro de los parámetros de la viveza criolla.
Pero no solo a los políticos hay que pedirles conductas éticas, sino la sociedad debe ejercerla, para que la vida tenga otro contenido. Desde los grandes financistas y banqueros que especulan con la usura, o los supermercadistas, terratenientes o exportadores, que les sacan provecho a los que trabajan, o los grandes laboratorios que solo les interesa el dinero, usando como excusa que están preocupados por la salud, o los que se quejan de la inseguridad y compran de lo robado, “estimulando el mercado”, o los que aumentan los precios por si acaso y que corroen los salarios de los que tienen sueldos fijos, son solo una muestra del por qué la ética debe ser una constante social, para cambiar una sociedad donde las trampas son permanentes y los que actúan con honestidad y transparencia, son no solo víctimas, sino vistos como bichos raros que no se adaptaron a la nueva realidad, por no decir otra cosa.
Todas las actividades humanas están llenas de atajos y podríamos nombrar hasta el infinito, como la pequeña y gran corrupción son sistémicas y es obligación de las corporaciones políticas, judiciales, religiosas, sociales, sindicales y económicas, comenzar a mirarse hacia adentro, sino terminaremos todos contra todos y una sociedad así se autofagocita y termina todo el futuro. Con esos ejemplos y esa escuela de vida, que derecho tenemos de pedirle a los jóvenes, para que no busquen en el delito o en las drogas, la escapatoria a tanta miseria humana.
“Detrás del ruido del oro van los maulas como hacienda” decía Don Atahualpa Yupanqui. A esta altura de mi vida no me interesa que piensan tantos pragmáticos y “exitosos” aunque ganen elecciones y dinero, prefiero seguir mirando y recordando la dignidad y la coherencia de los Gandhi, Sandino, Luther King, Emiliano Zapata, Martí, Allende o el “Che”, que tenerlo en una remera, un tatuaje o un cuadro, sino se cumplen sus principios, es una injuria o un insulto, como tantos lo hacen. La vida no es solo desarrollo económico-social, es también Honestidad, Solidaridad; Ética, Moral, Coherencia y Transparencia en las conductas y en el accionar y pautas culturales que permitan edificar una sociedad más humana y donde el canibalismo sea desterrado, como forma de ascender en cualquier actividad que se diga humana.
Lo más seguro que a esta altura de mi vida no veré la sociedad por la que luché y soñé, pero lo último que un hombre puede perder, es la dignidad de los principios, que intenta mantener hasta el final de sus días.
No se porque hoy estoy recordando a Jorge Contreras por su ética social y a Luís Triviño por su ética intelectual, amigos a los cuales nunca dejaré de recordar y extrañar.
En nuestra sociedad, que un hombre como “Pepe Mujica”, done parte de su sueldo y siga viviendo en su modesta chacra, será visto solo como una anécdota simpática, o como un gran valor? Tengo mis dudas, porque no está dentro de los parámetros de la viveza criolla.
Pero no solo a los políticos hay que pedirles conductas éticas, sino la sociedad debe ejercerla, para que la vida tenga otro contenido. Desde los grandes financistas y banqueros que especulan con la usura, o los supermercadistas, terratenientes o exportadores, que les sacan provecho a los que trabajan, o los grandes laboratorios que solo les interesa el dinero, usando como excusa que están preocupados por la salud, o los que se quejan de la inseguridad y compran de lo robado, “estimulando el mercado”, o los que aumentan los precios por si acaso y que corroen los salarios de los que tienen sueldos fijos, son solo una muestra del por qué la ética debe ser una constante social, para cambiar una sociedad donde las trampas son permanentes y los que actúan con honestidad y transparencia, son no solo víctimas, sino vistos como bichos raros que no se adaptaron a la nueva realidad, por no decir otra cosa.
Todas las actividades humanas están llenas de atajos y podríamos nombrar hasta el infinito, como la pequeña y gran corrupción son sistémicas y es obligación de las corporaciones políticas, judiciales, religiosas, sociales, sindicales y económicas, comenzar a mirarse hacia adentro, sino terminaremos todos contra todos y una sociedad así se autofagocita y termina todo el futuro. Con esos ejemplos y esa escuela de vida, que derecho tenemos de pedirle a los jóvenes, para que no busquen en el delito o en las drogas, la escapatoria a tanta miseria humana.
“Detrás del ruido del oro van los maulas como hacienda” decía Don Atahualpa Yupanqui. A esta altura de mi vida no me interesa que piensan tantos pragmáticos y “exitosos” aunque ganen elecciones y dinero, prefiero seguir mirando y recordando la dignidad y la coherencia de los Gandhi, Sandino, Luther King, Emiliano Zapata, Martí, Allende o el “Che”, que tenerlo en una remera, un tatuaje o un cuadro, sino se cumplen sus principios, es una injuria o un insulto, como tantos lo hacen. La vida no es solo desarrollo económico-social, es también Honestidad, Solidaridad; Ética, Moral, Coherencia y Transparencia en las conductas y en el accionar y pautas culturales que permitan edificar una sociedad más humana y donde el canibalismo sea desterrado, como forma de ascender en cualquier actividad que se diga humana.
Lo más seguro que a esta altura de mi vida no veré la sociedad por la que luché y soñé, pero lo último que un hombre puede perder, es la dignidad de los principios, que intenta mantener hasta el final de sus días.
No se porque hoy estoy recordando a Jorge Contreras por su ética social y a Luís Triviño por su ética intelectual, amigos a los cuales nunca dejaré de recordar y extrañar.