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Opinión
No seamos chantas con el Mundial
El máximo espectáculo futbolístico no puede ser una excusa para que el país se "pare" un mes. El faltazo masivo en los colegios de este viernes debe alertarnos a todos. Alguien que predique con el ejemplo, se necesita.
Todo bien con el fútbol. Todo más que bien con el Mundial.
Soy futbolero de alma. Mis amigos y compañeros lo saben. Dejo casi todo por ir a la cancha a ver a mi querido club del Argentino B, aunque tenga que hacer muchos kilómetros. No soy un contra de este deporte, ni mucho menos.
Ahora bien: ¿El amor al fútbol y la pasión que despierta el Mundial justifican que todo el país se “pare” durante un mes?
Desde hace semanas sabemos que el mundo de la política (que siempre da el ejemplo) no se va a mover para nada mientras dure la cita futbolística de Sudáfrica. Era de esperar que la profecía comenzara a cumplirse este viernes, a partir del acto inaugural del Mundial, con una Legislatura vacía y una Casa de Gobierno apenas un poco distinta.
¿Pero también había que tolerar la alta inasistencia de alumnos a los colegios de Mendoza debido al imperdible espectáculo de apertura del Mundial y el primer partido? Con el corazón en la mano: ¿Algún chico se muere por vivir minuto a minuto el partido entre Sudáfrica y México?
Los niños son, tal vez, el público más sensible a los tanques publicitarios del Mundial y este viernes quedó demostrado. O tal vez encontraron en el fútbol la excusa justa para no ir al aula.
No parece que maestros y directivos se hayan preocupado demasiado por evitarlo y hasta puede ser que algunos de ellos lo hayan promovido. ¿Después nos quejamos de las ratas masivas convocadas a través de Facebook?
Con tanta cobertura y horas de mundial televisado, con tanta reprogramación de todo lo que se emite, cuesta entender la necesidad de que los niños vean estos eventos “en vivo”.
Es una falacia decir, por otro lado, que el país “se para” por el Mundial. ¿Puede un médico dejar de operar a un paciente de urgencia por el Mundial? ¿La Policía no tiene que patrullar mientras se jueguen los partidos del Mundial?
La sentencia es, por lo menos injusta: muchos argentinos y mendocinos sencillamente no pueden dejar de trabajar para ver un partido, porque de ellos depende la vida de otras personas.
Es bastante chanta mirar para otro lado y asumir determinadas “libertades” como legítimas y naturales. Un permiso particularmente lesivo en el caso de los más chicos, que tienen que estar en la escuela para aprender y que no pueden darse el lujo de perder un mes entero. Incluso tienen que estar allí cuando la selección Argentina juegue en horas de clase y en el colegio tengan televisores para que el partido se vea en el ámbito natural (porque, obviamente, nadie habla de dictar clases de historio y geografía cuando la mente de todo un país está en otra cosa)
Una vez más antes de terminar: está buenísimo el Mundial y está buenísimo el fútbol. Pero no lo usemos de excusa para dejar todo a la deriva.
Tengamos en cuenta también que siempre hay algún vivo que sabe aprovecharse de la desconcentración de la mayoría.
Los niños son, tal vez, el público más sensible a los tanques publicitarios del Mundial y este viernes quedó demostrado. O tal vez encontraron en el fútbol la excusa justa para no ir al aula.
No parece que maestros y directivos se hayan preocupado demasiado por evitarlo y hasta puede ser que algunos de ellos lo hayan promovido. ¿Después nos quejamos de las ratas masivas convocadas a través de Facebook?
Con tanta cobertura y horas de mundial televisado, con tanta reprogramación de todo lo que se emite, cuesta entender la necesidad de que los niños vean estos eventos “en vivo”.
Es una falacia decir, por otro lado, que el país “se para” por el Mundial. ¿Puede un médico dejar de operar a un paciente de urgencia por el Mundial? ¿La Policía no tiene que patrullar mientras se jueguen los partidos del Mundial?
La sentencia es, por lo menos injusta: muchos argentinos y mendocinos sencillamente no pueden dejar de trabajar para ver un partido, porque de ellos depende la vida de otras personas.
Es bastante chanta mirar para otro lado y asumir determinadas “libertades” como legítimas y naturales. Un permiso particularmente lesivo en el caso de los más chicos, que tienen que estar en la escuela para aprender y que no pueden darse el lujo de perder un mes entero. Incluso tienen que estar allí cuando la selección Argentina juegue en horas de clase y en el colegio tengan televisores para que el partido se vea en el ámbito natural (porque, obviamente, nadie habla de dictar clases de historio y geografía cuando la mente de todo un país está en otra cosa)
Una vez más antes de terminar: está buenísimo el Mundial y está buenísimo el fútbol. Pero no lo usemos de excusa para dejar todo a la deriva.
Tengamos en cuenta también que siempre hay algún vivo que sabe aprovecharse de la desconcentración de la mayoría.