Presenta:

Opinión

Cobos, Duhalde y el futuro de la Argentina

192657.jpg

Cobos y Duhalde tienen muchos elementos en común. En los últimos tiempos, se han convertido en dos de los principales blancos de la agresiva política del kirchnerismo. Néstor los detesta a ambos y ha realizado numerosas acciones para golpearlos políticamente.

Asimismo, tanto Cobos como Duhalde estuvieron, cada uno en su momento, muy cerca de Kirchner. Duhalde designó a Néstor Kirchner como sucesor en 2003; a su vez, Cobos fue electo por NK para acompañar a su esposa como candidato a la vicepresidencia en 2007.

O sea, Cobos y Duhalde comparten esa dicotómica relación de amor-odio con el matrimonio K.
Pero además, los dos líderes tienen otro elemento en común: ambos fueron los principales responsables de la fragmentación de los dos principales partidos políticos argentinos, situación que hoy se mantiene vigente.

En efecto, el Partido Justicialista se dividió en 2003, con motivo de las elecciones presidenciales, cuando presentó tres candidatos distintos (Carlos Menem, Néstor Kirchner y Alberto Rodríguez Saá). Eso ocurrió porque el PJ no fue capaz de elegir un candidato único en elecciones internas, como era tradición en ese partido desde 1983. Y no se realizó esa interna porque el entonces conductor del PJ, Eduardo Duhalde, maniobró ex profeso para evitarlo, con vistas a evitar que, una segura victoria de Menem en esas primarias, le abriera el camino a la victoria presidencial. Duhalde alcanzó su objetivo, en el sentido de cerrarle el camino a Menem; pero las consecuencias fueron peores, con la creación del poder K y la perpetuación de la división peronista, que se ha prolongado hasta hoy.

Por su parte, Julio Cobos hizo lo mismo con el partido radical. Entre 2005 y 2007, siendo gobernador de Mendoza, lideró la construcción del radicalismo K, formado por otros gobernadores e intendentes radicales, que aceptaron romper con su partido y formar una alianza con el populismo K. A través de este camino, Cobos llegó a la vicepresidencia de la Republica, cargo que mantiene hasta hoy. Pero el costo fue muy alto, al provocar la división del partido radical que, igual que la del PJ, se mantiene vigente hasta hoy.

La fragmentación de los dos grandes partidos argentinos (radical y peronista), ha tenido efectos perniciosos, tanto a nivel nacional como provincial y municipal. Los concejales, diputados y senadores, nacionales y provinciales, deambulan sin identidad ni consistencia ideológica. Los bloques partidarios se estructuran y desestructuran constantemente. Los votos no se resuelven por criterios ideológicos o valóricos, sino por prebendas.

El actual empantanamiento que sufre la Argentina se va a perpetuar si no se logra reconstruir los partidos políticos como herramientas fundamentales de institucionalización y de vida republicana y democrática. Cobos y Duhalde se han dado cuenta de ello, y están trabajando en esa dirección.

En este momento, tanto Duhalde como Cobos se sienten en la misma situación: se sienten responsables de haber dividido a sus respectivos partidos, y de haber confiado en los Kirchner. Ambos se han dado cuenta de los errores cometidos, y están tratando de repararlos. Los dos se han distanciado del poder K, y están trabajando para reconstruir la unidad de sus respectivos partidos. Por medio de este camino, en caso de no presentarse obstáculos imprevistos, ambos pueden llegar a las elecciones presidenciales de 2011, con los deberes hechos, es decir, con la UCR y el PJ reconstruidos, como instituciones fundamentales que sostengan las instituciones del próximo gobierno (ya en el oficialismo, ya en la oposición) y aseguren niveles razonables de gobernabilidad en la Argentina.

De todos modos, Duhalde y Cobos tienen una amenaza fantasmal, que vuelve a unir sus destinos. El plácido camino que están tratando de recorrer hacia 2011, puede encontrarse, de un momento a otro, ante un obstáculo formidable.

¿Qué pasa si los Kirchner se retiran precipitadamente del gobierno y no se cumple el mandato de Cristina?

No cabe en esta columna examinar a fondo esta pregunta. Pero basta con señalar que la posibilidad, existe. Y que las cuentas públicas, cada vez más cerca del rojo que del azul, sumadas a la ausencia de aliados, ni dentro ni fuera del país, establecen que los K son altamente vulnerables. Pueden encontrarse, de un momento a otro, en la imposibilidad de mantenerse al frente del Estado, y dar un portazo intempestivo.

En este caso, se puede generar un escenario angustiante para la Argentina. Porque en tal caso, de acuerdo a la Constitución, corresponde al vicepresidente asumir el poder. Pero resulta a todas luces evidente, que Cobos no está en condiciones de asegurar la gobernabilidad.

En efecto, Cobos lidera un pequeño partido, que todavía no alcanza a tener la representatividad mínima para sostener una gestión. Por lo tanto, si Cobos asume, tendrá que formar un gobierno de coalición. Pero, ¿con quién? Y aquí surge la importancia de Duhalde.

Si Cobos asume la presidencia de la Republica para completar el mandato de Cristina Kirchner, necesitará el apoyo de Duhalde. Posiblemente, deba ofrecerle el cargo de ministro del Interior o un lugar parecido. El papel de Duhalde va a ser central para asegurar la gobernabilidad. Basta señalar que este país tiene todavía fresco el recuerdo de diciembre de 2001, cuanto tuvo cinco presidentes en una semana.

En este contexto, las conversaciones que actualmente se están entablando entre Cobos y Duhalde, están llamadas a ejercer una influencia muy relevante en los futuros escenarios de la República Argentina.