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Opinión

INDEC: mentira, indignidad y el ridículo

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El gobierno ha dado un paso más en su política de falsificar sistemáticamente los datos del Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC). Con esta actitud, la administracion kirchnerista no hace nada más que reforzar su decisión de gobernar desde la mentira, de someter a los empleados públicos a la indignidad y de poner a la Republica Argentina en ridículo ante el mundo.

“Verás que todo es mentira”, señala el tango. Y el gobierno está resuelto a realizarlo en forma plena. Esto es muy grave porque rompe el lazo que debe unir al gobierno con el pueblo. O que tiene que existir en cualquier relación social, sea de amigos, de familiares o de socios comerciales. Si se basa en la mentira, todo lo que se construye, de allí en más, es inviable. No hay futuro posible. Se destruye la base misma de la confianza.

A ello hay que añadir la gravedad del tema sobre el cual se está mintiendo.

La construcción de información estadística, por parte del Estado, es uno de los elementos propios de la historia contemporánea. Las naciones que desean alcanzar un progreso económico sostenido, con vistas a mejorar la calidad de vida de sus habitantes, invierten mucho dinero y energía en producir esta información. La Argentina también tuvo una época en la cual, tenía este proyecto. En el siglo XIX, el genial Sarmiento fue el impulsor del I Censo Nacional (1869). A partir de entonces, se puso en marcha un a política de Estado, que se mantuvo a lo largo del tiempo. En ese contexto se realizaron los siguientes censos nacionales (1895 y 1914), para continuar después con los sucesivos relevamientos. Más adelante se crearon organismos para generar información complementaria, en cuyo marco surgió el INDEC. Este organismo alcanzó gran prestigio internacional y fue admirado por profesionales y técnicos de toda América Latina, que lo consideraron un referente durante muchos años. Hasta que la administración K vino a destruir esta tradición. Ahora no tenemos información creíble.
El significado de la decisión que el gobierno K ha llevado adelante con el INDEC, equivale a mentirle al abuelito, que tiene una enfermedad grave. Se le oculta la realidad por estimarse que no es capaz de asumirla. Hasta que el pobre hombre se muere. Esa actitud puede ser un acto de caridad en un caso individual, pero es un grave error en caso del Estado, porque el Estado no puede morir. Tiene que luchar con todas sus fuerzas para salir adelante. Debe asumir la verdad, por dura que resulte, para sanarse y salir adelante.

En ese sentido, la mentira de los K con respecto al INDEC, equivale a descomponer –a propósito- los sistemas de radar de la flota de submarinos en plena guerra. Se genera una sensación de bienestar transitorio en la tripulación, pues ésta tiende a pensar que no hay barcos enemigos cerca. Hasta que, de golpe, comienzan a estallar las bombas de profundidad.
Es decir, la decisión de los K, implica convertir a la Argentina en un país vulnerable y débil. Convierte a los submarinos en tiburones ciegos: Presa fácil de sus adversarios internos y externos.
El segundo problema es la indignidad a la cual somete la administración K a los empleados públicos y a los gobiernos provinciales.  Todos ellos saben que están falsificando los datos del INDEC. Y el gobierno los obliga a dar la cara para defender los datos falsos. Esto es muy complicado porque la administración K, al robarles la dignidad, los está degradando como seres humanos. Es como una suerte de prostitución de ciudadanos argentinos implementada desde Buenos Aires. Muchos pensamos que el gobierno nos puede pedir sacrificios. Pero hay un límite: la dignidad. Cuando el gobierno obliga a perder la dignidad…

El tercer punto preocupante es que, con estas medidas de la administración K, la Argentina está haciendo el ridículo ante el mundo. Basta conversar con el personal de la CEPAL, en Santiago de Chile; o con analistas que siguen la evolución de la economía internacional, en EEUU, Francia o cualquier país con empresarios e inversores, para advertir el generalizado consenso que existe, fuera de la Argentina, sobre la falsificación de esos datos. Sociólogos, economistas, historiadores, geógrafos, estadígrafos, ejecutivos y empresarios: todos coinciden en mirar con lástima lo que está pasando en la Argentina.

Es muy doloroso, como argentinos, ver los gestos, los comentarios, las risas: estamos haciendo el ridículo.

Antes, la Argentina era respetada en el mundo. Ahora, hace el triste papel de un bufón. Como el funcionario que ayer trató de explicar lo inexplicable del INDEC.