Opinión
¿Podrán perdonarnos los niños?
Mientras dormía tuve un sueño alucinante en el que se mezclaban las figuras luminosa del Principito, los piececitos descalzos de Gabriela, la espada voladora de Harry Potter y miles de angelitos no bautizados que se elevaban hacia una galaxia incandescente.
Era un sueño turbador. El camino, o vuelo, que dolorosamente recorría, movía escenarios superpuestos y supongo que dantescos. En uno de ellos, me miraban grandes ojos de niños, sostenidos por huesos de hambre y miseria.
En una especie de viejo zaguán una niña embarazada me observa con mirada perdida en el futuro incierto de su creciente bebé. ¿Nacería? ¿Morirían en el intento? Muchas garras alrededor disputaban su fruto según fuera rubio o moreno. Quise extender mi mano hacia ella y un vendaval de leyes me llevaron al lugar del desconcierto y la impotencia.
Las imágenes se sucedían sin continuidad, como figuras acusadoras del Bosco. Llego a un lugar espantosamente triste , blanco, largas hileras de camas con niños adormecidos, no me permitían saber si se trataba de un albergue de niños, como en tiempos de guerra o catástrofes, o un depósito de niños, o un mal sueño de un político o de amargas cuidadoras que han borrado para siempre su sonrisa. El miedo de los niños subía como volutas en el aliento del espacio…
Al dar la vuelta, un patio frío me mostraba niños bebiendo agua de un gran tacho azul. Veo los monstruos de la contaminación , del dengue. Les grito que no beban, pero no me ven, ni me oyen. Es la Sed.
Respiro esperanzada porque de pronto, observo un claro en donde una multitud de mujeres jóvenes ríen y charlan animadamente, mientras se alejan de sus pequeños hijos. Los niños impávidos frente a una gigantesca pantalla de televisor no se dan cuenta de que como una gran boca los absorbe, hasta que son deglutidos por una gran zapatilla de marca que sonríe satisfecha.
Desciendo y espío en un gran salón una reunión de sabios pedagogos, brillantes comunicadores, adustos psicólogos que confundidos miran la escena de un mago que anuncia : “Señores, estamos reunidos por la educación de nuestros niños” Y de un gran bonete baraja con destreza cartas que dicen: Conocimiento, Paradigmas, Complejidad, Inteligencias múltiples Informática, Globalización….y mientras en este improvisado circo todos opinan disfrazados de expertos:
Un niño mira a través de una reja
Abrazado a Mafalda
En una vieja aula
De una escuela cualquiera.
Comienza a dolerme mi piel de docente, me alejo indignada sin imaginar que mis imágenes oníricas me deparan un lugar siniestro. Con espanto veo un pozo del tiempo en el que están descendiendo niños violados, abusados, explotados. Pequeños pajaritos moribundos por la droga y el abandono.
No puedo explicar la angustia que me provoca esta pesadilla, mis propias telas de arañas no me permiten distinguir si sueño o estoy despierta.
“Día del Niño” Vaya felicidad e hipocresía de veinticuatro horas. “En nuestro país los únicos privilegiados son los niños”.
Les robamos la ternura, la inocencia, los juegos, el derecho a ser niños.
Despierto con una sensación de vacío y trato de ilusionarme pensando en la lucha de todos aquellos que tienen todavía un gesto de ternura con obras que son amores, pero todavía falta tanto por hacer…
¿Podrán perdonarnos los niños?