Opinión
Seguridad y tránsito: pequeñas grandes delicias de la vida nórdica
La autora, una mendocina y comunicadora residente en Noruega, aporta una visión novedosa sobre temas que a los argentinos nos resultan una tortura. Pasen, y vean el primer mundo.
Noruega una vez más y por octavo año consecutivo fue elegida como el país con mayor índice de desarrollo humano en el mundo en el período 2008/2009. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es una medida comparativa de la esperanza de vida, alfabetismo, educación y niveles de vida para países de todo el planeta. ¿Cómo es en el país más desarrollado del mundo la situación de los dos temas que más angustian hoy a los argentinos: seguridad y tránsito? Presentamos aquí algunas experiencias, reflexiones e información que describen cómo es la vida en estas gélidas y lejanas tierras en relación a ambos temas.
En la sociedad noruega, seguridad y tránsito ocupan muy poco espacio y tiempo tanto en los medios, la agenda política, como en las conversaciones y la vida cotidiana de sus afortunados habitantes.
Sensación de seguridad
En Noruega tienen costumbres extrañas. Mi vecino que vende muebles y objetos varios usados –que parecen o son casi nuevos- los deja afuera, debajo de una construcción semi- cerrada con techo, que es suficiente para protegerlos de las duras inclemencias climáticas, pero que de nada serviría si tuviera que resguardarlos de las inclemencias humanas. Por suerte no hace falta. Cuando termina su jornada laboral y se va a su casa, o los fines de semana o cuando se va de vacaciones y retorna a su local, encuentra las sillas, mesas, sillones, bicicletas y demás elementos todos en su lugar, tal cual los dejó: intactos, enteros, indemnes.
En Noruega tienen costumbres extrañas. Mi vecino que vende muebles y objetos varios usados –que parecen o son casi nuevos- los deja afuera, debajo de una construcción semi- cerrada con techo, que es suficiente para protegerlos de las duras inclemencias climáticas, pero que de nada serviría si tuviera que resguardarlos de las inclemencias humanas. Por suerte no hace falta. Cuando termina su jornada laboral y se va a su casa, o los fines de semana o cuando se va de vacaciones y retorna a su local, encuentra las sillas, mesas, sillones, bicicletas y demás elementos todos en su lugar, tal cual los dejó: intactos, enteros, indemnes.
Aquí en Kongsberg un pequeño pueblo de 30.000 habitantes ubicado a 100 km al sur de Oslo, no hace falta colocar rejas, ni alarmas, ni cercos, ni alambres de púa ni nada que funcione como medio de protección/autoprisión. Es más, cuando uno sale puede dejar la puerta de casa sin llave si quiere e irse con la tranquilidad casi absoluta de que las cosas van a estar en su lugar cuando regrese. Prácticamente no existen riesgos ni probabilidad de que alguna presencia extraña intente por la fuerza alterar ese orden doméstico. Para corroborar esta “sensación de seguridad” se puede recurrir a datos que aporta la policía local: no se han reportado robos ni hurtos ni otros delitos contra la propiedad en los dos últimos años. Tampoco delitos contra las personas.
El tránsito en estas latitudes fluye serena y pacíficamente, sin bruscos e histéricos movimientos o repentinas interrupciones. Con la conducta automática de quien tiene arraigado un hábito en lo más profundo del inconsciente individual y colectivo, se detiene quien debe detenerse y cede el paso a quien haya que cederlo.
No es necesario adivinar, anticipar, ni conjeturar acerca de lo que el otro esté intentando hacer. Se va a hacer lo que todos esperan que se haga. Simple y seguro. Previsibilidad se llama esto y es muy útil por cierto cuando de tránsito y manejo ordenado se trata. Se respeta al otro, lo respetan a uno, y sí, se conocen, aplican y respetan las reglas. Y también, hay que decirlo, se castiga con todo rigor y sin excepción a quien no las cumple. O para expresarlo con mayor precisión, se tiene la absoluta certeza de que se va a castigar con rigor y sin excepción a quien no cumple. Entonces es mejor no arriesgar. ¿Tiene sentido que por tomar un vaso de cerveza y manejar después, te arriesgues a ir preso tres días? Porque la policía controla, no en exceso, pero controla. Y si detecta que el conductor ha bebido –aunque sea medio vaso de cerveza- no va a haber ni contacto, ni “arreglos extra judiciales/ legales”, ni amigo, ni conocido, ni pariente “acomodado” que pueda evitar esos tres días de retiro social involuntario. Respondiendo la pregunta anterior: no, la verdad es que arriesgarse no tiene mucho sentido.
Las estadísticas de enero y febrero del 2009 muestran un total de 103 accidentes viales y 19 víctimas fatales sobre una población de casi 5 millones. No es mucho si se tiene en cuenta que estos meses de pleno invierno son los más complicados debido a factores climáticos (tormentas de nieve, hielo en las calles y rutas), visibilidad (oscuridad la mayor parte del día) y aumento de tránsito por vacaciones, temporada de esquí, etc.
Entonces ¿se podría decir a modo de conclusión que la vieja fórmula de rigor + castigo funciona? Parece que sí. Pero esto no es ningún secreto, ni novedad, ni hallazgo primermundista. Es sentido común, voluntad y permanencia e insistencia en las medidas y decisiones en el largo plazo.
Claro, es lógico alegar que en el país más desarrollado del mundo hay riqueza y recursos suficientes para que la sociedad no deba lamentar ni sufrir pobreza, delitos, accidentes, crímenes y demás flagelos sociales. Sí, nadie puede negarlo, pero es cierto también que hay una cultura, una manera de ser y hacer que posibilitó y posibilita las condiciones de desarrollo, que lo fomenta y lo hace sostenible en el tiempo.
¿Cómo es esa cultura?, ¿qué la caracteriza?, ¿cuáles son las diferencias con nuestra cultura? ¿cuáles son sus fortalezas? ¿y sus debilidades? Estas serán algunas de las preguntas a las que intentaremos dar respuesta en la próxima nota.
No es necesario adivinar, anticipar, ni conjeturar acerca de lo que el otro esté intentando hacer. Se va a hacer lo que todos esperan que se haga. Simple y seguro. Previsibilidad se llama esto y es muy útil por cierto cuando de tránsito y manejo ordenado se trata. Se respeta al otro, lo respetan a uno, y sí, se conocen, aplican y respetan las reglas. Y también, hay que decirlo, se castiga con todo rigor y sin excepción a quien no las cumple. O para expresarlo con mayor precisión, se tiene la absoluta certeza de que se va a castigar con rigor y sin excepción a quien no cumple. Entonces es mejor no arriesgar. ¿Tiene sentido que por tomar un vaso de cerveza y manejar después, te arriesgues a ir preso tres días? Porque la policía controla, no en exceso, pero controla. Y si detecta que el conductor ha bebido –aunque sea medio vaso de cerveza- no va a haber ni contacto, ni “arreglos extra judiciales/ legales”, ni amigo, ni conocido, ni pariente “acomodado” que pueda evitar esos tres días de retiro social involuntario. Respondiendo la pregunta anterior: no, la verdad es que arriesgarse no tiene mucho sentido.
Las estadísticas de enero y febrero del 2009 muestran un total de 103 accidentes viales y 19 víctimas fatales sobre una población de casi 5 millones. No es mucho si se tiene en cuenta que estos meses de pleno invierno son los más complicados debido a factores climáticos (tormentas de nieve, hielo en las calles y rutas), visibilidad (oscuridad la mayor parte del día) y aumento de tránsito por vacaciones, temporada de esquí, etc.
Entonces ¿se podría decir a modo de conclusión que la vieja fórmula de rigor + castigo funciona? Parece que sí. Pero esto no es ningún secreto, ni novedad, ni hallazgo primermundista. Es sentido común, voluntad y permanencia e insistencia en las medidas y decisiones en el largo plazo.
Claro, es lógico alegar que en el país más desarrollado del mundo hay riqueza y recursos suficientes para que la sociedad no deba lamentar ni sufrir pobreza, delitos, accidentes, crímenes y demás flagelos sociales. Sí, nadie puede negarlo, pero es cierto también que hay una cultura, una manera de ser y hacer que posibilitó y posibilita las condiciones de desarrollo, que lo fomenta y lo hace sostenible en el tiempo.
¿Cómo es esa cultura?, ¿qué la caracteriza?, ¿cuáles son las diferencias con nuestra cultura? ¿cuáles son sus fortalezas? ¿y sus debilidades? Estas serán algunas de las preguntas a las que intentaremos dar respuesta en la próxima nota.
