Opinión
Nuestros primos tontos de Buenos Aires
"¿Sería posible que el Papa adelante o atrase la fecha de Navidad para lograr apoyos políticos en un concilio o en un colegio cardenalicio? No. El Papa nunca hace eso. Navidad es siempre el 25 de diciembre".
¿Sería posible que el Papa adelante o atrase la fecha de Navidad para lograr apoyos políticos en un concilio o en un colegio cardenalicio?
No. El Papa nunca hace eso. Navidad es siempre el 25 de diciembre. Esa continuidad institucional ha fortalecido la identidad de esa fecha. Y las familias se programan con tiempo para celebrarlo. Se planifican viajes, se organizan reuniones y se logra crear un clima especial.
¿Se podrían adelantar o atrasar las fechas de los mundiales de fútbol, según los intereses de la interna de la FIFA? No. Los 16 mundiales se han hecho con un ritmo, con un periodo de 4 años, con regularidad y mucha anticipación, que siempre se cumple (salvo durante la II Guerra Mundial). Eso da tiempo para organizar las eliminatorias en los cinco continentes, preparar los equipos, construir los estadios y armar el espectáculo más importante del mundo.
¿Sería posible que el gobierno de EEUU adelante o atrase la fecha de las elecciones para acomodarse a las encuestas, a las guerras o a los movimientos de la economía?
No. En EEUU las elecciones son el primer martes de noviembre. De esta forma, los partidos políticos tienen tiempo de diseñar sus proyectos y seleccionar sus candidatos con la debida anticipación. Con madurez. Eso lleva a ese país a ser la democracia más sólida del mundo.
¿Sería posible correr la fecha de la Fiesta Nacional de la Vendimia, para tratar de cuadrarla con los intereses del gobierno de Mendoza? No. La fiesta es siempre en la misma fecha, en el primer fin de semana de marzo. Eso ha contribuido a fortalecerla como atracción internacional; los involucrados trabajan con un año de anticipación para que salga un producto de tan alta calidad. Y los turistas y medios internacionales de comunicación, tienen calendarizada esta fecha con el tiempo necesario.
El respeto por los cronogramas contribuye a fortalecer la calidad institucional. Implica una actitud de respeto por los demás. Facilita la vida y entrega certezas. Los países e instituciones que funciona, se cuidan mucho de actuar así.
En este contexto, nuestros primos tontos de Buenos Aires han vuelto a las andadas.
En primer lugar, el jefe de gobierno de la ciudad, resolvió adelantar las elecciones para junio. Además, propuso a su vice jefa de gobierno como candidata, lo cual implica interrumpir su mandato y defraudar la función que se comprometió a cumplir ante los ciudadanos.
Después de esta barbaridad, los otros primos tontos de Buenos Aires, esta vez, los de la Casa Rosada, elevaron ese disparate a nivel nacional, y convocaron las elecciones generales también para junio.
Esta acción afecta sensiblemente las instituciones fundamentales de la democracia. Ahora los partidos políticos no pueden completar sus procesos naturales de selección de candidatos y formulación de proyectos. Están obligados a improvisar.
La decisión de Macri y de Kirchner equivale a si George W. Bush hubiera interrumpido las primarias entre Hilary y Obama, para obligar al partido Demócrata de EEUU a elegir uno de los dos, tirando la moneda al aire.
¿Quiénes van a ser candidatos del oficialismo y de la oposición ahora en la Argentina? Todo se va a dirimir por azar e improvisación. No por planificación ni por métodos racionales.
Con estas actitudes, Buenos Aires fortalece las tradicionales tendencias populistas que exhiba la Argentina desde hace más de 60 años. El capricho por sobre las reglas de juego estables.
Macri demuestra representar un populismo conservador, al estilo de Berlusconi en Italia y Menem en Argentina; y los K ratifican su populismo izquierdista (al menos en el discurso), al estilo de Chávez en Venezuela. O sea, más allá de su tendencia ideológica (que es lo de menos), nuestros gobernantes de Buenos Aires confirman su voluntad de entronizar el populismo como método de hacer política en la Argentina.
¿Qué puede hacer Mendoza ante esto?
Hay que evitar por todos los medios, que la enfermedad institucional del populismo nos vuelva a infectar.
Tenemos que asumir a nuestros primos tontos de Buenos Aires. Lamentablemente, estamos sometidos a su autoridad. Tenemos que soportarlos con sus tendencias irresponsables y arcaicas.
Tratemos de defendernos. Y, a su vez, de dar un ejemplo al país, con la esperanza que, poco a poco, podamos cambiarlo.
¿Cómo hacer?
Tenemos una herramienta excelente en la Legislatura de la provincia. Esta institución puede sancionar una ley por la cual se establezca que en Mendoza (igual que en EEUU), la fecha de elecciones es fija, inamovible y previsible: podría ser, por ejemplo, el último domingo de octubre.
Además, sería bueno establecer, entre las condiciones para ser candidato, el compromiso de cumplir el mandato al cual se postula. Solo se aceptarán renuncias por motivos de salud y familiares. Y si alguien renuncia, no podrá postular a ningún otro cargo público hasta después de cumplirse el periodo del mandato anterior. De esta manera, se fortalecerá el contrato entre el gobernante y el gobernado; entre el elector y el elegido; entre el pueblo y el gobierno.
Finalmente, la ley podrá establecer una cláusula en la cual los candidatos tendrán que hacer un compromiso de honor con sus partidos politicos, para respetar sus autoridades y sus programas de gobierno. Como resultado, se fortalecerán las instituciones fundamentales de la democracia. Y Mendoza podrá presentarse, con orgullo, ante el resto del país, como una provincia seria.
Para evitar una confrontación con el actual gobierno de Mendoza, esta ley podría ponerse en vigencia a partir del año próximo.
Sería hermoso que nuestro gobernador, Celso Jaque, a pesar de las difíciles circunstancias que está atravesando, deje para Mendoza un tesoro así, que tienda a proteger y fortalecer nuestras instituciones.
Además, esta ley podrá incluir un artículo por el cual se invita a las demás provincias y al gobierno nacional, a adherirse. Tal vez, con el tiempo, se logre que los demás vayan tomando este ejemplo de Mendoza, y logren avanzar hacia una política de Estado.
En resumidas cuentas, Mendoza tiene que asumir a sus primos tontos de Buenos Aires. Protegerse de ellos, para que le hagan el menor daño posible. A ellos les encanta pelearse; se van del gobierno cuando lo tienen complicado (Alfonsín, De la Rúa, Duhalde); no cumplen los mandatos, o se obsesionan por mantenerse en el poder, aún después del cumplimiento de su periodo constitucional, con reelecciones (Menem) o con nepotismo enmascarado (Kirchner).
Todos ellos, lamentables. Pésimos presidentes. Entre los peores de América Latina.
En cambio, en Mendoza, todos los gobernadores, desde 1983, han cumplido su mandato de cuatro años y se han ido del gobierno. Eso es calidad institucional. Es un tesoro construido desde abajo. Hay que cuidarlo y tratar de llevarlo al resto del país.
Mendoza es como una buena casa en un mal barrio. Lo mejor que puede hacer, es tratar de colaborar para el mejoramiento de ese barrio.
¿Sería posible correr la fecha de la Fiesta Nacional de la Vendimia, para tratar de cuadrarla con los intereses del gobierno de Mendoza? No. La fiesta es siempre en la misma fecha, en el primer fin de semana de marzo. Eso ha contribuido a fortalecerla como atracción internacional; los involucrados trabajan con un año de anticipación para que salga un producto de tan alta calidad. Y los turistas y medios internacionales de comunicación, tienen calendarizada esta fecha con el tiempo necesario.
El respeto por los cronogramas contribuye a fortalecer la calidad institucional. Implica una actitud de respeto por los demás. Facilita la vida y entrega certezas. Los países e instituciones que funciona, se cuidan mucho de actuar así.
En este contexto, nuestros primos tontos de Buenos Aires han vuelto a las andadas.
En primer lugar, el jefe de gobierno de la ciudad, resolvió adelantar las elecciones para junio. Además, propuso a su vice jefa de gobierno como candidata, lo cual implica interrumpir su mandato y defraudar la función que se comprometió a cumplir ante los ciudadanos.
Después de esta barbaridad, los otros primos tontos de Buenos Aires, esta vez, los de la Casa Rosada, elevaron ese disparate a nivel nacional, y convocaron las elecciones generales también para junio.
Esta acción afecta sensiblemente las instituciones fundamentales de la democracia. Ahora los partidos políticos no pueden completar sus procesos naturales de selección de candidatos y formulación de proyectos. Están obligados a improvisar.
La decisión de Macri y de Kirchner equivale a si George W. Bush hubiera interrumpido las primarias entre Hilary y Obama, para obligar al partido Demócrata de EEUU a elegir uno de los dos, tirando la moneda al aire.
¿Quiénes van a ser candidatos del oficialismo y de la oposición ahora en la Argentina? Todo se va a dirimir por azar e improvisación. No por planificación ni por métodos racionales.
Con estas actitudes, Buenos Aires fortalece las tradicionales tendencias populistas que exhiba la Argentina desde hace más de 60 años. El capricho por sobre las reglas de juego estables.
Macri demuestra representar un populismo conservador, al estilo de Berlusconi en Italia y Menem en Argentina; y los K ratifican su populismo izquierdista (al menos en el discurso), al estilo de Chávez en Venezuela. O sea, más allá de su tendencia ideológica (que es lo de menos), nuestros gobernantes de Buenos Aires confirman su voluntad de entronizar el populismo como método de hacer política en la Argentina.
¿Qué puede hacer Mendoza ante esto?
Hay que evitar por todos los medios, que la enfermedad institucional del populismo nos vuelva a infectar.
Tenemos que asumir a nuestros primos tontos de Buenos Aires. Lamentablemente, estamos sometidos a su autoridad. Tenemos que soportarlos con sus tendencias irresponsables y arcaicas.
Tratemos de defendernos. Y, a su vez, de dar un ejemplo al país, con la esperanza que, poco a poco, podamos cambiarlo.
¿Cómo hacer?
Tenemos una herramienta excelente en la Legislatura de la provincia. Esta institución puede sancionar una ley por la cual se establezca que en Mendoza (igual que en EEUU), la fecha de elecciones es fija, inamovible y previsible: podría ser, por ejemplo, el último domingo de octubre.
Además, sería bueno establecer, entre las condiciones para ser candidato, el compromiso de cumplir el mandato al cual se postula. Solo se aceptarán renuncias por motivos de salud y familiares. Y si alguien renuncia, no podrá postular a ningún otro cargo público hasta después de cumplirse el periodo del mandato anterior. De esta manera, se fortalecerá el contrato entre el gobernante y el gobernado; entre el elector y el elegido; entre el pueblo y el gobierno.
Finalmente, la ley podrá establecer una cláusula en la cual los candidatos tendrán que hacer un compromiso de honor con sus partidos politicos, para respetar sus autoridades y sus programas de gobierno. Como resultado, se fortalecerán las instituciones fundamentales de la democracia. Y Mendoza podrá presentarse, con orgullo, ante el resto del país, como una provincia seria.
Para evitar una confrontación con el actual gobierno de Mendoza, esta ley podría ponerse en vigencia a partir del año próximo.
Sería hermoso que nuestro gobernador, Celso Jaque, a pesar de las difíciles circunstancias que está atravesando, deje para Mendoza un tesoro así, que tienda a proteger y fortalecer nuestras instituciones.
Además, esta ley podrá incluir un artículo por el cual se invita a las demás provincias y al gobierno nacional, a adherirse. Tal vez, con el tiempo, se logre que los demás vayan tomando este ejemplo de Mendoza, y logren avanzar hacia una política de Estado.
En resumidas cuentas, Mendoza tiene que asumir a sus primos tontos de Buenos Aires. Protegerse de ellos, para que le hagan el menor daño posible. A ellos les encanta pelearse; se van del gobierno cuando lo tienen complicado (Alfonsín, De la Rúa, Duhalde); no cumplen los mandatos, o se obsesionan por mantenerse en el poder, aún después del cumplimiento de su periodo constitucional, con reelecciones (Menem) o con nepotismo enmascarado (Kirchner).
Todos ellos, lamentables. Pésimos presidentes. Entre los peores de América Latina.
En cambio, en Mendoza, todos los gobernadores, desde 1983, han cumplido su mandato de cuatro años y se han ido del gobierno. Eso es calidad institucional. Es un tesoro construido desde abajo. Hay que cuidarlo y tratar de llevarlo al resto del país.
Mendoza es como una buena casa en un mal barrio. Lo mejor que puede hacer, es tratar de colaborar para el mejoramiento de ese barrio.