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Opinión

EE.UU: el impacto de la crisis en la campaña

El movimiento pendular que muestra la historia del capitalismo; la responsabilidad de la actual administración republicana en la tormenta financiera que sacude al mundo, y el peligro de naufragio que corre John McCain en medio de la tempestad.

A esta altura de la crisis financiera, algunas voces vaticinan la muerte del capitalismo y el fin de los Estados Unidos. No parece que eso vaya a suceder, aunque la magnitud de la debacle podría obligar al repliegue de fuerzas militares desplegadas en el mundo, a una fuerte contracción de la economía norteamericana y, probablemente, a que el corazón financiero del planeta salga de Nueva York y se traslade a Europa; además de poner fin a la casta en que se habían convertido  los altos ejecutivos de las finanzas del primer mundo.

Es cierto que, como se dijo, Estados Unidos no tiene ideología porque es en sí mismo una ideología. Pero bastante más polifacética que el fundamentalismo ultra-mercadistas de los neo-conservadores. Confundir el capitalismo con esta única expresión llevaría a conclusiones  tan absurdas como que Estados Unidos fue un país socialista en los tiempos del keynesianismo y el Welfare State.

El keynesianismo fue una fase del capitalismo y no algo contrapuesto a él. De hecho, la intelectualidad marxista y las izquierdas revolucionarias sostuvieron, prácticamente hasta la década del noventa, que el pensamiento de John Maynard Keynes y el Estado de Bienestar, constituían estratagemas capitalistas para engañar al proletariado y mantenerlo bajo su sistema de explotación.

En todo caso, de haber conservado coherencia y honestidad intelectual, hoy debieran decir que haberse vuelto tardíamente keynesianos implica un corrimiento hacia el capitalismo, y no que el keynesianismo sea anticapitalista. Lo que ha sido siempre es la fase contrapuesta a del libremecadismo total, sin controles, sin Estado y sin redes de contención social.

El carácter multifacético del capitalismo le permite reciclarse y sobrevivir a sus sucesivas crisis. Mientras, por no ser multifacético, el colectivismo de planificación centralizada se extinguió en su primer colapso.

Lo que los últimos dos siglos parecen demostrar es que la economía sin mercado no funciona, mientras que el mercado sin controles ni regulaciones burbujea, o sea genera ficciones especulativas inexorablemente destinadas a estallar.

El estallido de esas burbujas pone en movimiento el péndulo de las fases del capitalismo. Y así como la crisis de Wall Street llevó la economía hacia la injerencia del Estado como elemento reactivador de la producción y protector de la sociedad, la crisis en la que desembocó el laborismo británico tras el apogeo del gobierno de Harold Wilson y la declinación en los tiempos de James Callagham, llevó, sobre el final de los setenta, el péndulo hacia el tatcherismo y la “revolución conservadora”: los neocon.

Esa fase es la que parece estar eclosionando en esta crisis. Al menos así lo ven los principales gobiernos europeos. Por caso el que encabeza la conservadora alemana Angela Merkel. El francés Nicolás Sarkozy lo resumió convocando a un nuevo Bretton Woods (la conferencia que fundó la economía internacional tras la Segunda Guerra Mundial) y proclamando que “le laissez fair c’est fini”.

Por estas horas, sobran elementos para demostrar que la actual crisis tiene la dimensión suficiente como para poner en marcha la oscilación pendular de las fases del capitalismo. Y en los Estados Unidos el movimiento favorece a Barak Obama, por pertenecer al partido que con Woodrow Wilson instrumentó la “new freedom” y con Franklin Roosevelt la “new deal”. A quien, obviamente, perjudica es a John McCain por pertenecer al partido del gobierno conservador que extinguió las regulaciones y los controles sobre los mercados  financieros.

El impacto en la campaña

Como si fuera un partido de básquet, John McCain pidió la suspensión momentánea del juego para amontonar a su equipo a un costado de la cancha y ponerlo repensar la estrategia en marcha. ¿Un gesto de responsabilidad y sensatez ante la magnitud de la crisis financiera? ¿o la necesidad desesperada de apartarse de una situación que perjudica su campaña electoral?

El senador republicano apostó, sin mucho éxito, a que su candidatura pueda desmaterializarse y volver a existir en un momento más adecuado, por caso cuando las medidas en marcha estabilicen el mercado lo suficiente como para que la economía baje su incidencia en el actual duelo por la Casa Blanca. ¿Por qué? Aparentemente, porque la tormenta financiera puso sus ideas en naufragio.

Justo en este tema, se queda corta esa independencia que siempre evidenció frente a Bush, la burocracia partidaria y el establishment de Washington. Sucede que McCain fue crítico del gobierno actual en muchos asuntos, pero no en el que está entre las causas de esta crisis.

Criticó, y con razón, los recortes de impuestos en plena escalada del gasto militar por las guerras en Irak y en Afganistán, advirtiendo que ambas realidades constituirían una tenaza económica que revertiría el histórico superávit heredado de la administración Clinton, en un asfixiante déficit de niveles siderales.

También confrontó con la política republicana sobre inmigración, impulsando iniciativas en conjunto con legisladores demócratas, y atacó antes que ningún otro republicano la estrategia implementada en Irak por los números uno y dos del Pentágono, Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz.

Las consecuencias que McCain había advertido que tendrían los errores de suprimir el ejército iraquí, proscribir el Partido Baas y expulsar de la administración a todos los baasistas, se hicieron realidad y fueron las razones por las que, tras la derrota republicana en las legislativas de mitad de mandato, Rumsfeld y Wolfowitz fueron eyectados del gobierno norteamericano.

Pero en la coyuntura actual, todas aquellas valientes y críticas distancias que jalonan su relación con Bush le sirven de muy poco, precisamente porque en lo que no se había diferenciado es en una de las esencias ideológicas de los “neocon”: la desregulación absoluta del mercado financiero.