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Opinión

Las noticias esperadas

El escenario de baja de los precios de las materias primas era una posibilidad cierta a principios de año. Pero ahora comenzó a mostrarse con más intensidad y esto puede complicar seriamente las cuentas públicas del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

En los últimos 30 días, los granos que Argentina exporta han perdido un 25% promedio en el mercado de Chicago, mientras el petróleo ha perdido un 20% de valor en los últimos veinte días. Estas noticias, que suenan buenas para el mundo, ya que implica que ceden los valores que están empujando la inflación en el mundo, son muy malas para la Argentina.

En realidad, hay muchas explicaciones para justificar estas caídas de precios de las materias primas, pero todo parece estar centrado en el precio de petróleo. El precio del crudo está cayendo porque disminuye la demanda en EE.UU., pero esta retracción hace que también importe menos de terceros países a los cuales les cae la producción y también demandan menos crudo.

Esta situación estaría haciendo salir del mercado a inversores especulativos, pero genera expectativas de menor demanda, lo cual tira el mercado hacia abajo. Una caída de precio como la actual ya genera otro tipo de especulación y esta es hasta dónde será la caída, y hay muchos que coinciden que se detendrá en torno a los 90 ó 100 dólares.

Esta caída del crudo, coincide con una menor demanda China de granos y con un cierto aumento de la oferta, sobre todo de soja. Así, se verifican caídas de precios tanto en soja, como en maíz y trigo.

Esta noticia era esperable. En medio del conflicto con el campo, el gobierno armó un plan de retenciones que especulaba con precios cercanos a los 850 dólares la tonelada de soja, que hoy cotiza en 480 dólares.

Y aquí empieza una parte compleja del problema del gobierno, que es estrictamente fiscal. Los ingresos del gobierno han tenido cuatro patas básicas. Dos naturales, como el IVA y Ganancias, que crecieron por la mayor actividad económica y la inflación. Los otros dos son distorsivos, como las retenciones el impuesto al cheque.

De alguna manera, con los elevados niveles de gasto actuales, donde los subsidios ya pintan para un total anual cercano a los 36.000 millones de pesos, el gobierno solo tiene una parte de las retenciones para armar el superávit primario. No obstante, la cuenta financiera, es decir, después que se pagan intereses y servicios y de la deuda, da deficitaria, salvo porque el Banco Central le traspasa sus ganancias financieras.

Con la caída del precio de los granos ingresarán menos divisas y, probablemente, el Banco Central deba dejar de intervenir no curando, pero tampoco vendiendo. Con el dólar a $3,06, el precio en baja y la inflación, las retenciones suponen que el gobierno se quede con toda la rentabilidad y bastante más del negocio.

Si las autoridades deciden bajar las retenciones tendrá el gobierno un problema fiscal que, en principio, solo podría compensar con menos subsidios, y ello implicará nuevos ajustes y sinceramientos tarifarios. Pero para hacer esto le queda muy poco tiempo, ya que desde el último trimestre de este año estará lanzada la carrera electoral de 2009.

Pero si no lo hace, llegará demasiado deteriorado el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a 2009, por lo que tendrá que hacer cirugía mayor le guste o no le guste. Otra alternativa sería devaluar la moneda, pero  los flujos de divisas por exportaciones y un dólar aún muy deprimido en todo el mundo, no le dan mucho margen para esta jugada.

El gobierno juega tiempo de descuento pero no parece tener en claro el escenario. No atina a ninguna medida antiinflacionario de fondo, más que enfriar la economía. No se anima a reajustar cuadro tarifarios con mayor decisión y eliminar mayores volúmenes de subsidios, mientras se le cae la recaudación en términos reales.

Con todas estas dudas, y con el panorama internacional en ciernes, es claro que debemos prepararnos para un ciclo con turbulencias