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Opinión

Rusia vs. OTAN ¿la guerra que viene?

Las razones se reparten en las dimensiones histórica y política del conflicto. Mientras tanto, la tragedia humana se profundiza y el futuro cercano plantea oscuros interrogantes. De no mediar un acuerdo entre Moscú y Occidente, la guerra en el Cáucaso puede desembocar en una conflagración mayor y de consecuencias impredecibles.

Los cadáveres permanecen en las calles y en la plaza. Algunos están atravesados por balas de Kalashnikov y otros destrozados por granadas. El aire se contamina mientras avanza la inexorable descomposición de los cuerpos.

La explicación es tan dramática como la postal. Karbi es una aldea diminuta habitada por campesinos georgianos en el corazón de Osetia del Sur. Desde que entraron los rusos, igual que otras comarcas georgianas ha sido azolada por bandas osetias que saquean, violan y matan. Pero todos los habitantes de Karbi son ancianos y no tienen fuerzas para enterrar a sus víctimas.

Esta es una de las caras de la tragedia humana que se vive en el Cáucaso, a veces imperceptible desde los países lejanos. Por cierto, osetios y abjasios denuncian tratos similares por parte de los georgianos. El desprecio interétnico es la antesala del pogromo y la limpieza étnica.

Por detrás de la tragedia humana está el debate histórico- político. Las potencias de Occidente no escucharon a Rusia cuando, en defensa de la integridad territorial de Serbia, su eterno aliado en los Balcanes, rechazaba la independencia de Kosovo.

En ese rincón conocido antiguamente como el “Campo de los Mirlos”, la mayoría de la población es de raza y religión distintas a las de Serbia. Los albaneses son ilirios y musulmanes, mientras que los serbios son eslavos y cristiano ortodoxos. Esa mayoría quiso independizarse con argumentos históricos y étnicos similares a los que osetios y abjasios plantean para separarse de Georgia.

Rusia tiene todo el derecho y buena parte de la razón histórica y geopolítica, al preguntar a Europa y Estados Unidos por qué rechazan en los pueblos caucásicos el mismo argumento que aceptaron en los Balcanes. Si fue correcto favorecer el deseo kosovar de separarse de Serbia, ¿por qué es incorrecto y peligroso el deseo osetio y abjasio de separarse de Georgia?

En este punto sólo queda un argumento válido a las potencias de Occidente: históricamente, los musulmanes balcánicos fueron segregados y maltratados por los eslavos cristianos, que los consideran un pueblo apóstata que traicionó la fe de los evangelios para adoptar la del imperio otomano que lo sometía.

Ese maltrato se vio en el Reino de los Croatas, Serbios y Eslovenos del rey Pedro Karajeorgevic, y también en la Yugoslavia pos-titoísta. Por eso el mariscal Tito había dado a las minorías étnicas de las provincias serbias de Kosovo y Vojvodina la autonomía que Slobodan Milosevic abolió de un plumazo, dando inicio a la brutal limpieza étnica que dejó en las retinas del mundo la imagen de las caravanas de tractores en que los campesinos musulmanes abandonaban sus tierras para refugiarse en Albania y en Montenegro.

Por sobre las dimensiones histórico-política y humana del conflicto que se desarrolla en esas tierras situadas entre el Mar Caspio y el Mar Negro, están los interrogantes que oscurecen el futuro inmediato: ¿será posible ahora que la OTAN cumpla su objetivo de incorporar en diciembre a Georgia y a Ucrania? ¿qué ocurrirá si Rusia sigue desoyendo la exigencia de retirar sus fuerzas del país invadido? ¿es posible una guerra entre la OTAN y Rusia?

A esta altura del conflicto está claro que Rusia interpreta los seis puntos del armisticio que negoció Sarkozy de manera diferente a Georgia y sus aliados occidentales. La retirada rusa demora más de la cuenta y el ejército georgiano no puede cumplir su parte de retornas a sus bases porque éstas están ocupadas por el ejército invasor.

¿Son las dificultades operativas y logísticas propias de movimientos de semejante envergadura? ¿Son artimañas de Moscú para completar sus planes de destrucción de las defensas georgianas? ¿O son desmesuradas exigencias de la OTAN destinadas a imponer lo que parece fantasioso?

Eso que parece fantasioso es que Rusia acepte que todo vuelva a la situación previa al estallido del conflicto. O sea que Osetia del Sur y Abjasia vuelvan a ser consideradas internacionalmente como parte inalienable del territorio soberano de Georgia.

Eso es sencillamente imposible. La guerra ocurrió y toda guerra impone consecuencias y condiciones sobre la negociación posterior. Ergo, aunque Moscú no lo diga con todas las palabras, ya considera que Osetia del Sur se integrará a la republica rusa de Alania, del mismo modo que Abjasia quedará integrada a la porción rusa de ese territorio dividido por el georgiano Stalin.

Pero si esta nueva realidad no queda instituida e internacionalmente legalizada antes de diciembre, ¿qué ocurrirá si Georgia entra a la OTAN en ese mes?

En otras palabras: ¿qué hará la OTAN cuando Rusia anexione en los papeles lo que acaba de conquistar en el campo de batalla?

Todas estás preguntas se elevan al mundo desde las montañas caucásicas, mientras en las calles y la plaza de la inhóspita Karbi, los cuerpos, acribillados con kalashnikov y destrozados por grandas   siguen descomponiéndose a la intemperie, porque los que  sobrevivieron a los vandálicos pogromos están demasiado viejos y no tienen fuerza para sepultar sus muertos.