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Opinión

Luz roja para Cleto Cobos

"El vicepresidente tiene que tomar una decisión. Si especular personalmente por el rol que la sociedad está depositando en él después de su voto negativo en el Senado y escuchar a quienes ya intentan armar su candidatura, o intentar dar la pelea interna en el gobierno para conseguir que Cristina despierte".

“Atención que es más difícil mantener el equilibrio en el éxito que en el fracaso…”. Felipe Solá sabe de éxitos rutilantes y de fracasos estrepitosos. Por eso vale la frase que le dedicó en las últimas horas a Julio César Cobos. El diputado peronista que deambuló por Mendoza hace unos días y que a simple vista podría sumar a las huestes del armado político del vicepresidente, fue quien encendió la luz amarilla para evitar que haya quienes quieran probarle a Cleto el traje antes de tiempo. En rigor, una excelente advertencia.

Confieso que es difícil escribir sobre Cobos para lectores mendocinos. Básicamente porque estoy segura que cualquiera de ustedes conoce las entrañas del ex gobernador mejor que todos los analistas políticos porteños juntos. Pero quizás estas líneas sirvan para discernir qué es lo que Buenos Aires compró y qué no del vicepresidente. Sobre todo para poder vislumbrar si Cobos llegó al firmamento de la política nacional para quedarse o fue sólo una  estrella fugaz.
Para eso tenemos que volver una vez más al momento cumbre. A ese instante eterno en el que Cleto dijo “mi voto no es positivo” y logró así instalarse hasta en el merchandising de la web con remeras ad hoc. Está claro que lo que despertó la pasión de la multitud fue el sentido de su voto, el decir no a la resolución 125 y terminar de un votazo con casi cinco años de hegemonía política del kirchnerismo. Pero qué fue lo más interesante de Cobos, más aún que su propio voto: la puesta en escena.

Con conocimiento de causa puedo decir que si en su lugar hubiera estado Daniel Scioli o más aún Carlos Ruckauf dos hombres que han pasado también por la vicepresidencia, la gestualidad hubiera sido otra. De alguna u otra forma se les habría caído el hilo de baba que sentiría cualquier político al ver que lo han dejado solo frente al arco en el área. Para cualquier peronista estaba claro que Cobos pasaba a tener La Gran Oportunidad política. Esa que se da pocas veces y que no hay que dejarla pasar.

Pero Cleto más que sentirse frente a una oportunidad, demostró que a pesar de estar expulsado del partido la sangre radical corre por sus venas. Y lo que reflejaron las cámaras y repitieron hasta el hartazgo fue eso: el peso que tendría frente a ese momento un ser humano normal. No un político.

Esa gestualidad de barrio más que de estadista fue lo que conmovió a porteños, líderes de opinión y público en general. Y es lo que reflejaron y siguen reflejando las encuestas. Pero está claro que no por casualidad Cobos llegó donde está. Y nadie llega hasta ahí ingenuamente.

Por eso la alerta. En cuanto la opinión pública como ya ha empezado a reflejar por sus propios movimientos, empiece a mostrar a Cobos apurado por no perder protagonismo, o especulando con las mieles del éxito, no necesitará ni siquiera otro desplante de Cristina para ubicarlo nuevamente en el pelotón de siempre, pero con un agravante, ya no será un vicepresidente que puede caminar tranquilo porque nadie le reconoce el rostro, sino aquél que quiso aprovecharse de un momento político especial para sacar provecho personal.

La tentación es grande y sobre todo cuando a sus oídos llegan las voces de las famosas viudas del poder, aquéllos cuasi jubilados que hace años no manejan partidas del estado y ahora ven en Cobos la posibilidad del retorno menos esperado…

El vicepresidente tiene todo a su alcance. Pero deberá tener la sabiduría de los grandes para no equivocar el camino ni los tiempos. Y aprender de sus antecesores. Hoy por hoy Cobos está más cerca que nunca de Carlos Chacho Alvarez. No porque tenga que renunciar, pero sí porque el gran equívoco de Chacho fue haber renunciado sin haber dicho la verdad. Es fácil hacer historia contrafáctica, pero otro habría sido el final de la Alianza  si Chacho en vez de irse a su casa denunciaba desde adentro la famosa Banelco.

Los gritos cobistas porque no se cumple con la concertación política no se escuchan más que a diez cuadras a la redonda de la Casa Rosada y el Congreso. Pero si el vicepresidente se anima a embestir contra los puntos neurálgicos del poder, si se atreve a pedirle públicamente a Cristina que se anime a cumplir con lo que prometió en campaña, deshaciéndose de Moreno, De Vido y compañía, si alerta por el actual momento económico y dice que hay que tomar medidas ya, si la pone contra las cuerdas en el próximo yerro presidencial que no hay que esperar mucho porque uno siempre vuelve a las fuentes, ahí sí realmente Cobos torcerá el rumbo de la historia.

Armar listas en todo el país para el año que viene cuando no sabemos si la inflación va a hacer estallar todo por los aires antes o no, es absurdo y casi nihilista.

La realidad indica que hoy a Cristina y Cobos no los une el amor pero tampoco el espanto. Los une algo tan simple como vital: la legalidad, esa firma que estamparon juntos el día que asumieron sus cargos. Hoy Cobos debe hacer revalorizar su 50% en la fórmula, recordando públicamente qué significó su inclusión en la lista. Desde ahí, desde ese lugar casi de sentido común es desde donde puede instalarse. No ya para ver su futura candidatura, sino para darle la oportunidad a su compañera Presidenta que despierte del sueno eterno en el que ha caído gracias al Diario de Yrigoyen que le siguen escribiendo sus adláteres.

En ese intento quizás voluntarista, Cobos va a encontrar más aliados que opositores. Pero siempre y cuando esté convencido que puede dar y ganar la batalla interna en el gobierno.
Está claro que el vicepresidente no gobierna. Pero sí está para recordar lo que se le prometió al electorado. Y nadie votó por llamar a gritos una crisis económica ni por barrer bajo la alfombra los índices de inflación.

Los que saben dicen que no es tan difícil salir del brete financiero en el que estamos metidos. Cristina intuye que algo tiene que hacer. El problema es que no tiene con quién. A los problemas de estilo se le suman ahora los nunca bien ponderados problemas de aptitud. Y eso hay que decirlo con todas las letras: en muchas áreas del estado estamos en manos de INEPTOS.

Salir hoy a rescatar títulos de la deuda porque después de leer a los analistas políticos se dieron cuenta que fue un escándalo endeudarse con Venezuela al 15%, es letal. No por la medida en sí sino por ir una vez más atrás de los problemas.

Quizás no haya nacido para eso, pero hoy más que nunca Argentina necesita a Cobos. No como especulador personal, sino como quien puede tener el vozarrón suficiente para despertar a quien nos debería estar gobernando.