Opinión
Fondo anticíclico: demasiada expectativa
Con la catástrofe de 2001 cercana todavía en el tiempo, se veía con mucha nitidez la necesidad de acumular en una bolsa la mitad de los excedentes de una recaudación que empezaba a crecer lentamente. Era una época de vacas gordas para el Estado.
No se trataba sólo de sentido común: se buscó una la ley obligara a hacerlo, luego de que la provincia adhiriera a la legislación nacional en materia de Responsabilidad Fiscal.
Sin embargo, todo refrán tiene sus pros y sus contras y, en este caso, le correspondió aquel que dice que “el sentido común es el menos común de los sentidos”: la norma (sus autores) no previó la posibilidad de que un proceso inflacionario pudiera desactualizarlo en el futuro. Y tampoco tuvo en cuenta que una provincia con recursos guardados no podría acceder a financiamiento de la Nación a tasas preferenciales.
Sus detractores y quienes se anotan entre los que creen que ese dinero debe usarse para gastos corrientes, sostienen que tuvimos ley y trampa al mismo tiempo, si es que un apotegma puede sintetizar un momento político.
Aunque otros, acaso desde la tribuna de quienes primero se vieron obligados a cumplirla, insisten en que lo importante no fue el Fondo, sino la Responsabilidad Fiscal del Estado y lo demuestran con datos y recomendaciones internacionales hacia los inversores mostrando a Mendoza como un lugar con solvencia, con seriedad y seguridad jurídica.
Una parte de la razón los acompaña. Por eso es bueno hacer memoria.
Tres días antes de la Navidad del 2004 y, situados de otra manera, con los festejos del primer año de Julio Cobos en el poder, la Legislatura sancionó la ley 7314, de Responsabilidad Fiscal, mediante la cual se estableció la creación del Fondo, su administración en manos del Fondo de la Transformación y Crecimiento y la constitución de bolsas similares de recursos en cada municipio.
Mendoza fue la primera provincia del país con una ley de de este tipo, que obligó a sus funcionarios a tener un Presupuesto sin déficit y las finanzas equilibradas. De hecho, la ley nacional se nutrió de la nuestra.
Veníamos de años en los que la deuda pública equivalía al doble del presupuesto provincial y, tras el “blanqueo” de la situación que se dio durante la gestión del gobernador Arturo Lafalla ahora quedaba como misión corregir el camino.
Hoy, tras el cumplimiento con altibajos de la ley de Responsabilidad Fiscal, la deuda representa el 40% del presupuesto. Por ello, en términos relativos, puede afirmarse que la deuda ha bajado.
“Esto sigue siendo elevado y se desaprovechó una gran oportunidad”, dicen unos. Los otros responden: “Mendoza se volvió previsible y por eso creció en los últimos años un 4% promedio por encima del país”.
La consultora Standard and Pool recomienda invertir en Mendoza porque “cuenta con una Ley de Responsabilidad Fiscal que
prohíbe el déficit, coloca límites al gasto público y al endeudamiento del gobierno y establece un Fondo Anticíclico”. Así lo anuncia el portal de Internet “Mendoza Invest” del Consejo Empresario mendocino.
Poder local
Pero, puertas hacia adentro de la casa, nos preguntamos: ¿algún municipio de Mendoza habrá cumplido con la ley y tendrá guardado o invertido su Fondo Anticíclico?
Es ley: “El Fondo Anticíclico Provincial se integrará hasta alcanzar el 2% del Producto Bruto Geográfico (PBG), mientras que los Fondos Anticíclicos Municipales lo harán hasta alcanzar el 8% de los Ingresos Corrientes Municipales. Cuando los recursos alcancen estos niveles, los excedentes acumulados durante ese ejercicio serán aplicados a la cancelación de deuda pública consolidada y/o inversión en obra”.
Hoy, haber hecho las cosas prolijamente, le permite a la mayoría de los municipios que cuidaron sus cuentas y que no cedieron a tentaciones electoralistas, contar con solvencia.
Traducido al lenguaje político, esto no es ni más ni menos que “poder propio” para los municipios de diferente signo al gobierno provincial en momentos en que la inflación les vuelan los sueños y las promesas a más de un jefe comunal.
El Fondo
En 2006, mediante el decreto 1.265, el Ejecutivo provincial constituyó el Fondo Anticíclico correspondiente a 2005 con un monto de $ 63.170.000, al destinar la totalidad (y no la mitad, como lo indicaba la ley) de los excedentes de la recaudación. Para ello, necesitó un permiso legislativo. En aquella misma norma, se dispuso la constitución de un fondo provisorio correspondiente a 2004 por $ 30.090.000. No estaba previsto, pero el gobernador Cobos dijo que lo hacía “por una cuestión de prudencia”. El campo abundaba de pastos y las vacas parecían satisfechas.
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Con unos 150 millones guardados para épocas de crisis, el proyecto de Presupuesto provincial para 2007 no previó superávit, pero sí se preocupó por prometer esos recursos como anticipo o financiamiento transitorio para la construcción de la represa Portezuelo del Viento, en el Sur provincial.
Lo cierto es que Cobos puso y Cobos sacó –con anuencia legislativa, claro- cuando le hizo falta para pagar aumentos salariales a los estatales. Y Cobos dejó, antes de irse, un decreto firmado poniendo 50 millones más al Fondo, cosa que frenó la nueva administración no bien se dio cuenta que estaba tensando demasiado la manguera en su esfuerzo por apagar los incendios gremiales.
¿Se puede decir, entonces, que “Cobos lo hizo”, como rezaba la canción de la campaña reeleccionista de Menem?
Por ahora, puede afirmarse que sí, aunque se caminó al filo de lo que la Ley de Responsabilidad Fiscal indicaba. Puso (no más allá de lo que la ley pedía) y también sacó (pidiendo excepciones a lo estipulado por la ley).
El ministro Adrián Cerroni ha dicho que el Fondo Anticíclico hoy tiene no más de $163 millones. MDZ informó hace unos días que a la provincia le van a faltar unos 1000 millones cuando termine el año (mitad por el déficit calculado y mitad por los compromisos salariales asumidos) y que debe ahorrar, solo para que el Estado funcione, unos $75 millones por mes.
En perspectiva: ahora, cuando no hay plata que alcance y aquel Fondo está depreciado frente a tamaña necesidad nos queda preguntarnos: ¿fueron demasiado optimistas las expectativas puestas en el arranque del Fondo Anticíclico?, ¿se desperdició una gran oportunidad de estabilizar financieramente a la provincia? o ¿la incapacidad de liderazgo y visión estratégica de antes y de ahora impide trazar caminos nuevos o alternativas diferentes para afrontar las responsabilidades que vienen con el “combo” de ganar una elección?
La respuesta quedará abierta, pero es indudable que más importante que el Fondo Anticíclico es el Presupuesto provincial: es allí en donde deben preverse las obras y en donde los montos siempre van a resultar superiores a los que pueda haber en una “caja de ahorros”.
El Fondo en cuestión representa solo una caja de emergencia que, tal vez, podría ser mayor. Pero el objetivo de un Gobierno no es sólo juntar plata, sino no despilfarrarla, usarla bien, conseguir más y a mejores tasas. Y esto último solo es posible con todo el “combo” funcionando.
Mucho más importante que el presente del Fondo, será el futuro cumplimiento de los parámetros de “responsabilidad fiscal”, vale decir, la capacidad o no de sostener el equilibrio y la solvencia fiscal, como se vino haciendo cuando las vacas estaban gordas, pero con ese ganado ahora en estado raquítico.
Grave sería, en cambio, que echarle mano a los recursos guardados resultara el principio rector de la gestión financiera de la provincia. Lo trascendente, en cambio, está en que Mendoza de las señales adecuadas para no ponerle freno al crecimiento.