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Opinión
La difícil tarea de levantar vuelo, o al menos, la puntería
El contexto local y nacional parece no ayudar a Jaque. Tras su pedido de perdón, el panorama se avizora como conflictivo. El paro del campo cierne un duro escenario que suma malhumor y desengaño. De su liderazgo, cautela y astucia política dependen las posibilidades de revertir el presente. Aunque también de encarar con contundencia las realizaciones de su gestión.
Luego de la teatral escenificación del Día del perdón, el gobernador Celso Jaque quedó frente a un nuevo punto de inflexión en su todavía jovencísima gestión. Tal vez el más importante, porque como ha sido desde que ganó las elecciones, los tiempos de la realidad parecen no ser coincidentes con los de la política. O al menos con los de la política que Jaque lleva adelante.
Porque así como fagocitó la transición, dilatando el nombramiento de sus ministros, también pasó por alto la luna de miel y entró de lleno a las exigencias de la realidad provincial. Por impericia o forzado por las circunstancias, debió inmediatamente ponerse al frente de la resolución de asuntos concretos. Una tarea en la que aún hoy se encuentra abocado, y cuyo ejemplo más palpable es la obra social de los empleados públicos, la emblemática Osep.
Sin embargo, los seis meses pasaron como un rayo y tras las especulaciones de toda índole, el gobernador salió a dar su versión de los hechos. Intentó así contrarrestar una fuerte ola crítica que factura en mano, reclamaba por la disminución del 30 por ciento del delito en este medio año, algo que por supuesto, no sucedió.
La actitud, a la que vía encuestadores cercanos se procuró instalar posteriormente como un gesto de grandeza que la población sabría reconocer, fue valorada por el oficialismo como la disposición de un gobernador que no esquivó la cita y enfrentó la situación con gestos estudiados, pero con hidalguía. Algo que tal vez haya quedado desdibujado ante el peso del vaticinio incumplido, o la celebratoria ola opositora que supuso el fracaso oficial en la lucha contra el delito.
En el propio gobierno saben que la jugada de la rendición de cuentas y sus efectos puede ser clave para el futuro de la gestión. Y bajo esa premisa decidieron afrontarla como esos males inevitables que mientras más rápido pasen, mejor.
Algunos oficialistas notables aseguran que superado este momento, el gobierno tiene nuevamente el camino despejado para desarrollar sin ataduras de plazos sus proyectos. El peso de la guillotina que significó durante estos meses el Día D, ya pasó. Ahora, sin fantasmas, y a pesar de las críticas que cosechó el discurso de Jaque, -dicen- es tal vez el momento de concentrarse en gestión y hacer despegar un pesado avión que nunca pasó de carretear.
Sin embargo, y para que esto suceda, será mucho lo que deberá corregir el gobernador. En primer lugar, cierta actitud conspirativa permanente, tal vez una desconfianza implícita hacia propios y ajenos que exhibe como característica básica. En segundo lugar, procurar una mayor apertura del gobierno a los reclamos que desde el propio PJ y alguna pata sindical peronista se le achacan a Jaque, a fin de no perder peso específico y representatividad. Y, finalmente, encarar con decisión la gestión para solucionar y conducir de manera efectiva los destinos de la Provincia. Esto último, lo único que esperan los mendocinos.
Durante estos seis meses, y en términos generales, el gobierno ha propuesto ideas de soluciones que no han pasado en muchos casos de ser abstractas; ha repartido culpas y ha generado acuerdos y salidas del paso que a poco de andar se han vuelto nuevas encerronas. El acuerdo salarial obtenido en paritarias al inicio de la gestión es por estos días lejano y ha abierto un nuevo foco de conflicto para esta nueva semana con los empleados estatales, donde se destacan especialmente el sector de la salud y los docentes.
Finalmente, y si el gobernador desea tras dejar de lado la prueba de fuego del 9 de junio, pasar a una nueva fase de su gestión, deberá prestar especial atención al desenvolvimiento del escenario nacional. Una coyuntura que por estas horas parece entrar en zona crítica y a la que también puede estar atada la percepción sobre Jaque.
A pesar de vivir la realidad nacional con distancia y lejanía, Mendoza no es ajena a un contexto de crisis social y política que se agudiza con la amenaza del desabastecimiento de productos básicos y combustibles.
Mientras el Gobierno nacional seguramente seguirá obcecado, apostando a la polarización, y para ello se valerá especialmente de sus gobernadores afines, el equilibrio social parece poco proclive a soportar cualquier palabra o gesto de más. Jaque también deberá ser muy cauto en la conducción de los asuntos locales pero ni por un segundo podrá perder de vista lo que suceda con el conflicto del campo que ha llevado tensión y enfrentamientos a cada pueblo del territorio argentino.
De la capacidad de liderazgo del gobernador, del trabajo concreto y efectivo de sus ministros (muchos de los cuales sólo reciben cuestionamientos a diestra y siniestra), pero especialmente del manejo político que de ahora en más se realice, serán las posibilidades del PJ, de Jaque y también de lo que hoy puede considerarse el jaquismo. Muchos, en sus mismas filas, ya están empezando a mirar hacia las elecciones legislativas del 2009 y los celos, los miedos y los egos pueden ser rivales inesperados para un gobierno maltratado que además se inscribe en un contexto nacional que tampoco le ayuda a levantar la puntería.
Algunos oficialistas notables aseguran que superado este momento, el gobierno tiene nuevamente el camino despejado para desarrollar sin ataduras de plazos sus proyectos. El peso de la guillotina que significó durante estos meses el Día D, ya pasó. Ahora, sin fantasmas, y a pesar de las críticas que cosechó el discurso de Jaque, -dicen- es tal vez el momento de concentrarse en gestión y hacer despegar un pesado avión que nunca pasó de carretear.
Sin embargo, y para que esto suceda, será mucho lo que deberá corregir el gobernador. En primer lugar, cierta actitud conspirativa permanente, tal vez una desconfianza implícita hacia propios y ajenos que exhibe como característica básica. En segundo lugar, procurar una mayor apertura del gobierno a los reclamos que desde el propio PJ y alguna pata sindical peronista se le achacan a Jaque, a fin de no perder peso específico y representatividad. Y, finalmente, encarar con decisión la gestión para solucionar y conducir de manera efectiva los destinos de la Provincia. Esto último, lo único que esperan los mendocinos.
Durante estos seis meses, y en términos generales, el gobierno ha propuesto ideas de soluciones que no han pasado en muchos casos de ser abstractas; ha repartido culpas y ha generado acuerdos y salidas del paso que a poco de andar se han vuelto nuevas encerronas. El acuerdo salarial obtenido en paritarias al inicio de la gestión es por estos días lejano y ha abierto un nuevo foco de conflicto para esta nueva semana con los empleados estatales, donde se destacan especialmente el sector de la salud y los docentes.
Finalmente, y si el gobernador desea tras dejar de lado la prueba de fuego del 9 de junio, pasar a una nueva fase de su gestión, deberá prestar especial atención al desenvolvimiento del escenario nacional. Una coyuntura que por estas horas parece entrar en zona crítica y a la que también puede estar atada la percepción sobre Jaque.
A pesar de vivir la realidad nacional con distancia y lejanía, Mendoza no es ajena a un contexto de crisis social y política que se agudiza con la amenaza del desabastecimiento de productos básicos y combustibles.
Mientras el Gobierno nacional seguramente seguirá obcecado, apostando a la polarización, y para ello se valerá especialmente de sus gobernadores afines, el equilibrio social parece poco proclive a soportar cualquier palabra o gesto de más. Jaque también deberá ser muy cauto en la conducción de los asuntos locales pero ni por un segundo podrá perder de vista lo que suceda con el conflicto del campo que ha llevado tensión y enfrentamientos a cada pueblo del territorio argentino.
De la capacidad de liderazgo del gobernador, del trabajo concreto y efectivo de sus ministros (muchos de los cuales sólo reciben cuestionamientos a diestra y siniestra), pero especialmente del manejo político que de ahora en más se realice, serán las posibilidades del PJ, de Jaque y también de lo que hoy puede considerarse el jaquismo. Muchos, en sus mismas filas, ya están empezando a mirar hacia las elecciones legislativas del 2009 y los celos, los miedos y los egos pueden ser rivales inesperados para un gobierno maltratado que además se inscribe en un contexto nacional que tampoco le ayuda a levantar la puntería.