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Opinión

El gobernador encapsulado

El trajinado conflicto del campo ha generado para Jaque un desafío político más que interesante en el que pretende demostrar a toda costa su fe kirchnerista, pero sin perder el favor de los sectores agroindustriales de la provincia, y en especial, de la clase media urbana que mira con cierta simpatía el tesón peleador de los productores. Mientras todo esto sucede, casi no habla con la prensa.

“La calle está muy dura”, dice el taxista, pero también la maestra, el jubilado, el empleado público, el profesional o el comerciante. A la cotidiana y aplastante inflación, se suma en Mendoza un vendaval de grandes hechos delictivos cuyo último eslabón fue el golpe comando al Banco Crédito de Cuyo. El asalto, realizado a plena luz y a la vista de todos, habla de la parálisis social que la inseguridad provoca; pero también, del rotundo fracaso de las políticas implementadas en los últimos 20 años.

Para colmo de males, y azar (¿?) mediante, el contexto nacional que a Julio Cobos le calzó como un traje de buen sastre, a Celso Jaque parece ser la pilcha que heredó de un finado reciente. Cuando intenta disimular lo que le queda holgado o le aprieta, siempre aparece una pierna más larga, o una manga más corta.

El trajinado conflicto del campo ha generado para el gobernador un desafío político más que interesante en el que pretende demostrar a toda costa su fe kirchnerista, pero sin perder el favor de los sectores agroindustriales de la provincia, y en especial, de la clase media urbana que mira con cierta simpatía el tesón peleador de los productores. Jaque no quiere enfrentar, como deben hacerlo casi a diario los gobernadores de Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos o Buenos Aires, la disyuntiva de verse obligados a jugar con el gobierno nacional o con sus respectivos electorados que son de base eminentemente rural.

Y lo cierto es que hasta el momento a Jaque la gambeta no le ha salido para nada mal. La prueba de fuego la pasó con éxito en la Fiesta de la Ganadería de General Alvear, y como en una especie de rayuela del poder, avanzó casilleros con audacia, y luego hasta firmó días atrás el polémico documento del Partido Justicialista que acusó de “golpistas” a los productores quejosos. En realidad, su teoría para el regate se basa en la diferenciación de lo que el sistema de retenciones significa para la Pampa Húmeda y lo que implica en la provincia.

Sin embargo, tal convulsión nacional, parecería ser en esta coyuntura el paraguas ideal que algunos allegados al gobernador habrían encontrado en su desesperación por protegerlo. Estiman que es necesario dejar su figura al margen del desgaste cotidiano que la dureza de la gestión produce, limando a diestra y siniestra, y acrecentando la idea instalada de un gobierno que no termina de despegar. Esta cobertura pretendería ser refractaria no tanto a las críticas de los medios (aunque su entorno se enoje con ellas), ni a los zarpazos de la oposición (que duelen en lo profundo) y sí a cierto malhumor social que in crescendo, parece comenzar a preocupar gravemente a los que deciden en Casa de Gobierno.

A ello se suman los tropezones legislativos, que como en el caso de la vapuleada ley de emergencia sanitaria, han desnudado alguna incapacidad del lobby oficialista a la hora del manejo político de proyectos que el Ejecutivo considera clave. Esta semana, una iniciativa de la que se dice, pende la suerte del ministro Sergio Saracco, volvió a provocar un disgusto al gobernador. Tras ese nuevo paso en falso, ¿seguirá insistiendo, arriesgándose a un nuevo fracaso y al archivo? ¿O, por el contrario, esperará mejores vientos?

Esta última opción parecería ser la elegida por los estrategas jaquistas, que creen que la situación nacional bien podría servir (y hasta sobrar) para relegar en estos días a un segundo plano a lo que suceda en la política local. Especulan que estos son tiempos de recluirse en la gestión y el territorio, arriar las velas y soportar el temporal, que también amenaza con endurecerse en un amplio abanico: desde el plano de los trabajadores estatales (que ya han anunciado paros, como el sector de la salud) hasta los estudiantes que propugnan por un boleto subsidiado. Además, dicen, que aplicando un “cono de silencio” al gobernador, no se corre el riesgo de que la ola del campo pampeano, y sus ingredientes locales, termine bañando las áridas playas mendocinas; y en ese caso, entre la zozobra y la niebla, deba tener elegir entre unos u otros. El poder K o el poder de los tractores, sabiendo que cualquier opción posible significa -en términos políticos- una pérdida.

En este plan de encapsulamiento también encajaría a la perfección el próximo viaje del gobernador, quien durante un poco más de una semana estará en México, lejos de los conflictos domésticos, pero también de la gran puja nacional que cada vez presenta más difíciles aristas. Tal vez por ello, y para ir preparando el nuevo escenario del hermetismo, en los últimos días Jaque directamente casi no ha respondido a los requerimientos de la prensa. Al parecer, no quiere ni tiene nada más para decir por el momento.

O tal vez, prefiere juntar fuerzas y templar el ánimo para la gran próxima parada que le depara el calendario: el 9 de junio, cuando se cumplan los seis meses más famosos de una gestión provincial, y ahí sí, deba anunciar de manera impostergable, sus propios índices del delito y ponerlos en un marco de justos términos con su rutilante promesa electoral.