Presenta:

Opinión

Los radicales están juntos; Jaque lo hizo

Como un efecto no deseado por el gobierno provincial, los intendentes de la UCR se constituyeron como oposición orgánica a Celso Jaque, pero también enviaron una poderosa señal hacia la interna partidaria. Una nueva alianza que tiene su eje con dos líderes perfilados: Víctor Fayad y Alfredo Cornejo.
108792.jpg
Como si el escenario político de Celso Jaque no tuviera suficientes dificultades, basadas en sus tropiezos con la gestión y en la lenta puesta en funcionamiento de la rueda del gobierno, las consecuencias de su accionar han empezado a tomar forma y corporizarse.

El sorpresivo almuerzo del jueves entre los intendentes radicales de todas las vertientes, es tal vez la creación más resonante de ese panorama. La respuesta más dura que podía venir tras firmar el regreso al PJ del intendente sanrafaelino Omar Félix, tras su breve lapsus concertador. No sólo porque implica la reunificación de una oposición que hasta el momento estaba lo suficientemente desarticulada como para hacer daño, pero que por otra parte, tenía la necesaria existencia que le daba –al menos- derecho al pataleo. Tal vez por eso, cansados de las propias contradicciones que le hicieron perder la provincia, groogy tras el resultado electoral y también de ladrar pero no morder, los radicales parecen haber olvidado ciertas diferencias del pasado inmediato.

Al menos eso fue lo que transcendió tras los postres del restorán de la calle Amigorena, en el que más allá de plantar bandera ante el gobierno provincial, y lanzar una clara señal hacia sus respectivos legisladores provinciales, los caciques radicales sabían que estaban dando un paso inmenso en las turbias aguas de la interna nacional. La misma, que a pesar de la intransigencia del presidente partidario Gerardo Morales, ha tendido numerosos puentes para recuperar (al menos en lo que sea posible) la diáspora que generó Julio Cobos en su alianza con Néstor Kirchner en la hoy tambaleante Concertación.

Algunos factores externos han contribuido en esta tarea. En primer lugar, la decisión del mismo Kirchner de rearmar el PJ, y priorizarlo como estructura propia antes que la Concertación. Casi en paralelo, el desaire que Roberto Lavagna, último candidato presidencial le hizo a la UCR tradicional, en pos de su recuperado vínculo con el ex presidente. Y finalmente, los movimientos de Elisa Carrió, que ni lerda ni perezosa, tentó dirigentes con el fin de quedarse con muchos más radicales que los que ya tiene en su Coalición Cívica.

Sin embargo, y más allá de las quejas de la frecuencia con la que el gobernador le atiende el teléfono a Víctor Fayad, o de la calidad del óleo con el que Alfredo Cornejo dice que el ministro Juan Marchena está pintado, de lo que parece haberse tratado la juntada es de aunar un criterio básico de recuperación partidaria local. La reunión, que en principio fue difundida como sólo de los radicales K, finalmente contó con la presencia del intendente de Capital, quien una semana antes en MDZ había admitido algunas coincidencias pero también algunas cuantas diferencias con su par de Godoy Cruz.

En el medio, al parecer, hubo algunas cuantas conversaciones secretas, tal vez en el mismo sentido de muchos de los mensajes que llegaron al video chat con ambos intendentes en MDZ. Casi todos hablaban de trabajar en conjunto y de deponer las actitudes hostiles que supieron dividir a los radicales. La lectura de ambos fue simétrica y el resultado, el ahora comentado.

Pero como decíamos, el objetivo encubierto de la convocatoria supone una apuesta superadora de la actual situación que padece el Comité Provincia. El pedido hacia la intervención de Carlos Le Donne es claro: normalización, convocatoria a elecciones y una especie de amnistía que les permita posicionar nuevamente a la UCR como alternativa clara y válida de cara a las elecciones legislativas del 2009.

En síntesis, un cierre de filas entre radicales K, los Territoriales y el sector que responde a Fayad y del cual se quedan fuera Roberto Iglesias, José Genoud y los que apoyan la intervención. La jugada significa una nueva embestida de los K por la recuperación partidaria, empezando por Mendoza a la que se considera la madre de todas las batallas, pero también la constitución de una nueva alianza interna que tiene al propio Fayad y a Cornejo como líderes indiscutidos.

Aunque, y más allá de eso, lo que ya está desatado aquí es la construcción radical opositora de cara al 2011, y la conducción específica de ese espacio y sus respectivas candidaturas. Algo para lo que todavía aún falta mucho tiempo y levadura, pero que en estos días locos de balances vertiginosos y concreciones apresuradas, es innegable achacar exclusivamente a Jaque. Si algo puede exhibir hoy como un logro político concreto el gobernador, es la tímida y tardía intención de unión de los hermanos que se dieron cuenta que si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera.