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Opinión

"Una buena noticia"

La apertura de la Escuela de Gobierno y Administración es una de las mejores noticias que ha dado la gestión de Celso Jaque. La intención de formar dirigentes es por demás alentadora, pero se deberá hacer con un sentido pluralista y con la participación de actores no oficialistas.

Una de las mejores noticias de la gestión de Celso Jaque se ha dado a conocer. La creación de la llamada Escuela de Gobierno vendrá  a ocuparse de uno de los aspectos fundamentales de la vida social mendocina: la formación de dirigentes. 

A nadie escapa la influencia negativa de incontables administraciones de organismos públicos que se han desarrollado en Mendoza y en el país sin el menor sentido de la proyección y, aun, del servicio social. 

¿Por qué ha sucedido esto? Básicamente, porque de manera muy difundida los roles de decisión han sido ocupados por políticos sin formación ni vocación por la gestión, que ocupan roles técnicos, por el sólo hecho de haber militado una campaña política, dejando de lado a profesionales eficientes, pero sin color partidario. 

Esta escuela, si cumple sus objetivos, vendrá a implementar acciones formativas concretas para mejorar la administración pública y, por qué no, otras organizaciones como las de la sociedad civil, los partidos políticos e incluso estructuras del sector  privado. 

La defensa de la democracia será una de las banderas, dicen los promotores, quienes, si bien cargan tatuaje justicialista, tuvieron la delicadeza de poner como nombre a la escuela el del radical Santiago Felipe Llaver, primer gobernador mendocino desde el último retorno a la democracia. 

Una pronta aclaración, que no explicaremos para no ser obvios: una escuela como ésta no se crea para enseñar a gobernar a los gobernantes y a funcionar a los funcionarios.

 

Seducción 

 

La política es el arte de seducir. Como un experto en publicidad o en turismo, el político se dedica a hacer creer a su público que un gato puede ser liebre. 

Así, los potenciales adherentes son instados a considerar que todo aquello que el político piensa es plausible de ser llevado a la práctica, que está convencido, que sólo tiene nobles valores, una trayectoria ejemplar, intachable, en su vida familiar, social y política y que está capacitado para el ejercicio de la cosa pública, para lo que se ha preparado durante años de estudio académico y de territorio. 

En el fondo (como en la publicidad o el turismo) el discurso tiende a urdir una ilusión, a entretejer una ficción sin la cual es imposible que se genere el clima que hace posible que la seducción se concrete. 

Ser político, de una u otra manera, es ejercer esa seducción como lo hace un donjuán, un mago, un vendedor en los colectivos, una gitana o un encantador de serpientes varias. “Síganme”, dice con convicción el político, aunque ni él mismo sabe a ciencia cierta adónde va. Y mucha gente, deseosa de que alguien la guíe, lo sigue, aunque no vayan a ningún lugar. 

Ahora bien, una vez que el político gana la elección, comienza el lío. Ganar en las urnas inaugura una etapa normalmente calamitosa en la vida de la gente. Es como si un estudiante de medicina se recibiera de cirujano y al día siguiente le pusieran enfrente un paciente para que le opere el corazón. Azorado, el estudiante no sabe para dónde agarrar, mientras al paciente le afanan la ropa que está a un costado, lo golpean y, para colmo, le facturan la operación el doble de lo que cuesta su propia casa. 

Esta es la realidad de la gestión en muchos casos. Por eso, que se inaugure una escuela de gobierno, repitamos, es una de las mejores noticias que la gestión del actual gobernador le ha dado a Mendoza en sus pocos (pero largos) primeros meses de gestión. 

 

Semillero

 

Uno tendería a pensar que todos los interesados en administrar cosas públicas han de estar, a la vez, interesados en participar como alumnos de este proyecto y que serán mejores quienes participan que quienes no lo hagan. 

En este sentido, uno se da a pensar que los docentes y sus visiones debieran ser pluralistas, a fin de que la bajada de línea ideológica (que siempre existe) no corra para un solo lado. 

“Los gobernantes tenemos que demostrar un especial carácter democrático. Como se dice en España, un talante democrático, abierto al diálogo y humilde, pero a la vez firme y seguro. Desde este lugar tenemos la obligación de convocar a toda nuestra comunidad a trabajar en conjunto por el bien común”, dice Jaque, en la flamante revista EGA (Escuela de Gobierno y Administración), publicación oficial en la que, lamentable, extraña y paradójicamente, todos o prácticamente todos los que escriben son peronistas. 

Siguiendo la línea, causa también extrañeza que no forme parte de la iniciativa la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, que cobija la carrera Administración Pública.

Uno también quiere pensar que, con esta herramienta, los “animales políticos” que llegan a la gestión estarán entonces más preparados para enfrentar sus nuevos trabajos, que son una mezcla de técnica por un lado y de planificación estratégica por otro. Para enfrentarlos, está claro, con la militancia no basta. 

Finalmente, también se tendería a pensar que esta Escuela de Gobierno viene a solucionar un bache que se hizo laguna a la hora de formar el actual gabinete en Mendoza: muchos candidatos, a priori considerados como capacitados, se quedaron en la actividad privada, porque allí ganan más dinero. 

Una suerte de semillero quiere ver luz en la provincia. Ojalá que los frutos sean genuinos, plurales, eficientes y duraderos. Estaremos atentos.