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Opinión

A los mendocinos nada nos asusta

Poco a poco Mendoza va adquiriendo fama nacional entre las demás provincias, pero lamentablemente no por temas positivos, sino por la cantidad de niños menores de un año, muertos en accidentes viales.
No importa el cartel de PARE, no importa el badén, el semáforo no sé para qué sirve, sólo importa llegar más rápido, antes y evitando todos los estorbos (autos, motos, camiones, gente) que se me crucen en el camino. Nada me detiene, nada es suficientemente importante para que yo lo respete.

A veces manejar en Mendoza es simplemente eso, una falta de respeto hacia el otro conductor, hacia el peatón, hacia las señales de tránsito y todo lo demás.

Pero cuando esa falta de respeto, es hacia ese Ser que apenas tiene un año de vida, la cosa cambia. Ese pequeño Ser está en nuestras manos (o en nuestro auto) y depende de nosotros para que siga viviendo, para que pueda crecer y equivocarse también. Sin embargo, tampoco lo respetamos.

No lo respetamos cuando manejamos nuestro auto con ese pequeño en nuestro regazo, no lo respetamos cuando le permitimos ir sentado adelante y sin seguridad. Tampoco lo respetamos cuando lo dejamos que libremente salte en el asiento de atrás junto a tres o cuatro niños más, cuando la capacidad en los autos es para tan sólo tres personas.

Todas las pruebas de seguridad que se realizan en los autos antes de ponerlos a la venta indican que es de vital importancia que quienes vayan en el interior del vehículo llevar puesto el cinturón de seguridad. En los países desarrollados esto se hace, y es fuertemente penado por la ley si no se cumple.

Una nota publicada en este diario da cuenta de que un relevamiento realizado por la Asociación para Políticas Públicas, coloca a Mendoza con un total de 40 niños menores de un año, muertos en accidentes de tránsito entre 1997 y 2005. Lo llamativo de ese informe es que Mendoza tiene uno de los índices más altos junto a San Luis, La Rioja, La Pampa y Catamarca. Mientras que la que menos muertes tiene en este aspecto es Buenos Aires.

En Estados Unidos un niño al nacer debe ir sentado mirando para atrás en su “carseat”  (asiento para autos), sólo en casos extremos podrá ir en el asiento de adelante, pero siempre con su silla especial, nunca directamente en el asiento del auto. Luego, y en la medida que el menor vaya creciendo, el carseat se deberá modificar y adecuarlo a su tamaño. La ley en ese país indica que el niño debe ir en un carseat o booster (plataforma de asiento) hasta por lo menos los 12 años. La multa por no cumplir con esta medida arranca desde los 2000 dólares por ser la primera vez, y el padre puede tener graves consecuencias si es reincidente en el caso.

Pero en Argentina esto no se cumple, y en Mendoza menos, aunque tampoco hay quien pueda controlarlo, por eso es fácil no acatar la ley.

Todavía me acuerdo una vez que amigos del país del norte estuvieron en Mendoza, espantados solían preguntarme “¿porqué los chicos no van seguros dentro del auto?”, entre la falta de una explicación razonable sólo atiné a decirles “es que acá no es obligatorio”, pero la verdad es que ni yo creí en esa respuesta.

Por suerte los chicos en Mendoza tienen un Dios aparte y un ángel que los cuida, porque de otra manera, el índice de víctimas sería superior al
actual.