Opinión
Pequeña historia de un agujero infame
El periodista, por casualidad, comprobó directamente la crisis en que está sumida Obras Sanitarias Mendoza, la empresa que suministra el agua a los mendocinos. Y también el peso supremo de los medios a la hora de solucionar los problemas que sufren los usuarios.
Hacer periodismo a veces nos pone frente a contrastes muy molestos. Esta semana me ocupé periodísticamente del tema Obras Sanitarias Mendoza y la novela de la compra de acciones por parte del Estado. Se trata hoy de uno de los temas importantes de la agenda política mendocina actual; es un asunto complejo para la política y la economía, de aquellos en los que a los periodistas nos gusta incidir con la pregunta y la pluma.
El problema es que, desde hace bastante tiempo, las falencias de Obras Sanitarias (se habla de un colapso general de obras y de servicio) se venían manifestando en mi propia cara: frente a la casa en que vivo, en Godoy Cruz, se había abierto una pequeña grieta en el asfalto de la calle, de la que empezó a filtrarse agua, sin que nadie se hiciera cargo de arreglarla.
Tarde a tarde fui contemplando con sorpresa el agrandamiento de la grieta, que terminó generando un hilo de agua que corría por la calle. Al mismo tiempo, varios de mis vecinos hicieron muchos reclamos por la vía formal a la empresa, para que viniera a solucionar el problema.
La ayuda nunca llegó, y el asfalto siguió rompiéndose, hasta que un camión hizo el resto: despositó sus pesadas ruedas sobre la grieta, el cemento se terminó de ablandar, y rápidamente el agujero se transformó en cráter. Entonces, una suerte de fuente de agua marrón quedó inaugurada en el medio de la calle y el hilo que corría por el pavimento pasó a ser un pequeño río.
Recuerdo por esos días haber mantenido algunas charlas con “personas importantes” en búsqueda de información sobre OSM y la venta de acciones de la empresa. Esos diálogos con “gente influyente” se daban al tiempo que la empresa ignoraba soberanamente los pedidos de mi cuadra en el tema del agujero. El asunto empezó a molestarme en serio.
Sinceramente, nunca me ha gustado usar "contactos" o el medio en el que trabajo para resolver problemas personales. Cuesta hacer eso, creo que, de alguna manera, estaría traicionando la ética de la profesión. Sin embargo, alguien menos purista que yo se dio cuenta de que la prensa es, por estos tiempos, el camino más corto y efectivo para lograr una solución.
Y vaya si lo fue: cuando el agujero se convirtió en "noticia periodística" ( apareció como comentario en una popular página de chismes de un diario mendocino, gracias a la gestión de alguien), la empresa no tardó en reaccionar.
Me cuenta alguna gente que, a pesar de que el reclamo formal tenía meses de antigüedad y ninguna respuesta, OSM estaba pidiendo información sobre el agujero de mi cuadra a las 8 de la mañana del día en que se publicó la noticia. Y habría más sorpresas: ese mismo día, a las tres de la tarde, había una camioneta y una máquina vial tapando el hueco infame.
Estas cosas dan rabia. Nosotros, los periodistas, conocemos claramente el poder que dan los medios. Ahora, hay un desequilibrio: no puede ser que los diarios, radios y canales de TV sean la única vía efectiva de reclamo para que nuestras autoridades y empresas de servicio atiendan como corresponde al ciudadano.
¿Puede ser que, hasta que no lo vean en los diarios, no se tome conciencia que los problemas son reales? ¿No hay "realidad" fuera de los diarios? ¿No les interesa nada que no esté o se denuncie en los medios de prensa?
Hay mucha miopía, o, lo que es peor, mucha hipocresía y manejo especulativo en las empresas de servicio y los organismos públicos.
Por último, es doloroso constatar por la vía directa, como cuando hacemos una nota, el descuido al que las autoridades -privadas en este caso- someten a los ciudadanos.
Basta ponerse del lado del tipo común, el que debe hacer colas interminables para sacar el carnet de conducir o hacer un trámite en el Registro Civil, o rogar hasta el cansancio que OSM le tape un simple agujero de la calle.
Tanto desprecio vacía de contenido los grandes anuncios, las supernoticias, las cruciales “ventas de acciones de OSM”, por ejemplo. Esos temas de los que los periodistas a veces nos ocupamos con pasión y que, para los que tienen que padecer los enormes problemas de la cotidianeidad, son asuntos ajenos y lejanos. Abstractos y mucho menos importantes que la odisea de tener que chapotear todos los días en una pileta de agua marrón cuando salen de sus casas hacia sus trabajos, sin que nadie venga a ayudarlos y les tape el pozo.
Sinceramente, nunca me ha gustado usar "contactos" o el medio en el que trabajo para resolver problemas personales. Cuesta hacer eso, creo que, de alguna manera, estaría traicionando la ética de la profesión. Sin embargo, alguien menos purista que yo se dio cuenta de que la prensa es, por estos tiempos, el camino más corto y efectivo para lograr una solución.
Y vaya si lo fue: cuando el agujero se convirtió en "noticia periodística" ( apareció como comentario en una popular página de chismes de un diario mendocino, gracias a la gestión de alguien), la empresa no tardó en reaccionar.
Me cuenta alguna gente que, a pesar de que el reclamo formal tenía meses de antigüedad y ninguna respuesta, OSM estaba pidiendo información sobre el agujero de mi cuadra a las 8 de la mañana del día en que se publicó la noticia. Y habría más sorpresas: ese mismo día, a las tres de la tarde, había una camioneta y una máquina vial tapando el hueco infame.
Estas cosas dan rabia. Nosotros, los periodistas, conocemos claramente el poder que dan los medios. Ahora, hay un desequilibrio: no puede ser que los diarios, radios y canales de TV sean la única vía efectiva de reclamo para que nuestras autoridades y empresas de servicio atiendan como corresponde al ciudadano.
¿Puede ser que, hasta que no lo vean en los diarios, no se tome conciencia que los problemas son reales? ¿No hay "realidad" fuera de los diarios? ¿No les interesa nada que no esté o se denuncie en los medios de prensa?
Hay mucha miopía, o, lo que es peor, mucha hipocresía y manejo especulativo en las empresas de servicio y los organismos públicos.
Por último, es doloroso constatar por la vía directa, como cuando hacemos una nota, el descuido al que las autoridades -privadas en este caso- someten a los ciudadanos.
Basta ponerse del lado del tipo común, el que debe hacer colas interminables para sacar el carnet de conducir o hacer un trámite en el Registro Civil, o rogar hasta el cansancio que OSM le tape un simple agujero de la calle.
Tanto desprecio vacía de contenido los grandes anuncios, las supernoticias, las cruciales “ventas de acciones de OSM”, por ejemplo. Esos temas de los que los periodistas a veces nos ocupamos con pasión y que, para los que tienen que padecer los enormes problemas de la cotidianeidad, son asuntos ajenos y lejanos. Abstractos y mucho menos importantes que la odisea de tener que chapotear todos los días en una pileta de agua marrón cuando salen de sus casas hacia sus trabajos, sin que nadie venga a ayudarlos y les tape el pozo.