Opinión
Crónica de una palabra enunciada
No deja de resultar llamativo el tema expuesto por Caparrós en el diario “Crítica”, en donde critica que la presidenta de la Nación prefiera decir “país profundo” en lugar de “el interior”. Curiosa su preocupación porque lo plantea como un conflicto antropológico-filosófico y a fuerza de ser sincero –o sincero a la fuerza- estoy convencido que hay muchísimos temas más importantes de los cuales preocuparse en relación al gobierno, salvo que –en Caparrós prevalezca el literato sobre el periodista- y en este caso –aún cuando no me gusten las comparaciones- fue más brillante y talentosa la intervención del “Negro” Fontanarrosa en el Congreso de la Lengua.
Haber recorrido más de 30.000 kilómetros por el país no es ningún respaldo, el suscripto ha recorrido más de 45.000 Km., y apenas he podido reafirmar algunos conceptos y valores y darme cuenta que no se trata de pasar por distintos lugares, sino de vivir en ellos. Eso puede hacer la diferencia entre un cronista y un filósofo.
Como pieza literaria, el escrito de Caparrós muestra varias contradicciones; en efecto, si hablamos de un país del interior, es porque consecuente tendría que haber un país del exterior –que él cita como una metáfora sin sentido-. En realidad la diferencia parte de la distancia al puerto unitario de Buenos Aires y no con respecto al Río de la Plata (con el que juega con su base de argentum).
Es cierto por otro lado, que nadie se ofende o se opone a que lo llamen del “interior” saliendo de la provincia de Buenos Aires, incluso dentro de la misma, ya que es un término impuesto por las tradiciones y costumbres. Pero acá viene la pregunta concreta: Si la presidenta dice: “para el país profundo, porque no me gusta decirle interior” ¿Cuál es el pecado? Frases como estas las ha utilizado Atahualpa Yupanqui, Carlos Dávalos y repetidamente Armando Tejada Gómez, que más allá de las connotaciones poéticas, tiene que ver como sentían a la madre tierra – Mapu o Pachamama- esa gente que “mamó desde su nacimiento el canto y el silencio de los pueblos perdidos”, por eso decía más arriba que no se trata de cantidad de kilómetros sino de calidad de paradas.
Siento un gran respeto por Martín Caparrós, sobre todo como maneja la ironía –directa o indirectamente- pero en esta ocasión le diría, desde mi humilde opinión, que a la gente “del interior” no le ha molestado el término de “país profundo”, que además tiene una connotación socio-cultural; los “cabecitas negras” –término despectivo por cierto- siempre han considerado a los porteños como verborrágicos y superficiales, al revés de ellos que eran callados y profundos.
En síntesis Sr. Caparrós, creo que Ud., es muy capaz –literariamente hablando- para escribir artículos con mayor y mejor contenido, sobre todo evitando la reiteración de frases despectivas –haciendo la salvedad que no estoy defendiendo una gestión política o un gobierno- sino porque su talento merece otra altura.