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Opinión

¿El Big Bang de una Latinoamérica potente?

"Soñar no cuesta nada", se llama la nota editorial del periódico "Le Monde Diplomatique". En ella, Carlos Gabetta se propone imaginar un aspecto potencialmente bueno para Latinoamérica como consecuencia de la crisis financiera mundial.

El susto invade la cara de quienes tienen a mano mayor flujo de información. El resto de la gente, en cambio, sigue con sus mismas caras de todos los días: dolor, angustia, alegría, esperanza, desazón.

El estallido de Wall Street de los últimos días cada vez está siendo retratado de múltiples maneras: la llegada al infierno para los más místicos, el fin del imperio para los venezolanos y sus amigos, el fin de una época para los analistas más tibios, la crisis del capitalismo (mortal, para los no capitalistas; refundacional, para los que resisten).

Sin embargo también se puede lograr refugio en términos más creadores que destructivos, mientras aguardamos el inicio del día después.

Por ello también debe considerarse que tremenda explosión financiera se asemeja al Bing Bang que, presumiblemente, le dio origen a la vida en la Tierra, con sus cosas buenas y sus lados oscuros.

Si nos damos esa oportunidad, habrá derecho a pensar que luego de la tormenta, una nueva organización del mundo podrá, inclusive, beneficiarnos.

De esta posibilidad da cuenta el periodista Carlos Gabetta (foto), director del periódico Le Monde Diplomatique. En su última edición, tituló con exactitud y oportunidad: “Soñar no cuesta nada” a su nota editorial sobre la crisis.

Provoca a los lectores a respirar “por un momento el aire que se organiza en la masa de movimientos y declaraciones políticas, las informaciones y análisis sobre la crisis financiera en el corazón del sistema…”

“Respiremos eso. ¿A qué huele ese aire? –preguntó. Para algunos, a declive, para otros, a oportunidad”.

Con este énfasis, propone imaginar una Latinoamérica unida, en bloque, para autoabastecerse y salir al frente.

“De un terremoto –grafica- surgen grietas planetarias, nuevas formaciones. Pero hay que esperar a que el terremoto acabe para ver qué quedó en la cima y qué en el abismo, o simplemente, qué nueva geografía se ha conformado”, escribe en el último número de “El Dipló”.

En esto, dice, consiste la oportunidad. Agrega un elemento nuevo al análisis periodístico, que ha permanecido ausente, hundido entre los números de las pizarras de los centros financieros mundiales. “Soñemos”, escribe.

“Soñemos que Unasur, o el MERCOSUR, decide crear un equipo en cada uno de los países para analizar un plan económico y social de corto, mediano y largo plazo, con la perspectiva estratégica de una colaboración estrecha entre todos los miembros (…) Soñemos que la hipótesis de trabajo es que se prescinde de toda ayuda exterior, tanto económica como de los intercambios científicos y tecnológicos y, en un caso extremo, hasta del comercio”.

Gabetta indaga sobre el lado positivo del fenómeno que ha puesto en debate al corazón mismo del capitalismo, hasta haciéndolo pecar de su propia Biblia antiestatista.

El objetivo, acota, no es aislarse del mundo, “simplemente expresa confianza en las propias fuerzas y posibilidades”.

“Soñemos –continúa- que no hay ´política´, sino ´políticas de Estado´. Que cada gobierno democrático y legítimo hace una verdadera, generosa convocatoria nacional dando muestras de sinceridad, ejerciendo autoridad sin demagogia, haciendo propuestas claras y trabajando responsablemente”.

Vale la pena leer el artículo completo de la edición impresa de El Dipló, pero valga este resumen para señalar que lo que Gabetta indica como posibilidad de sueño es, en definitiva, que “en unos años en ese proceso (…) los países de América Latina que participasen alcanzarían un nivel de desarrollo y cohesión, aun con defectos y lagunas, del cual sería muy difícil volver atrás”.

En definitiva, lo que se impulsa con la nota de Gabetta es ni más ni menos que dejar de ser espectadores y sumarse a la acción. Inclusive, desde una actividad que parece pasiva, como es soñar.