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Opinión

"El PJ ahora va por todo, o de cómo hacer del instinto, un estilo"

Un análisis de las alternativas políticas que el nuevo gobierno planteará con los distintos poderes de la provincia. Se avizora un panorama favorable para el despligue de la estrategia histórica del peronismo en el poder: la disputa de la mayor cantidad de espacios que permitan asegurar la continuidad y el resurgimiento de la partidocracia por encima de los proyectos transversales.
“La única verdad es la realidad”, decía el general Juan Domingo Perón, tal vez sintetizando una fraseología que parece haber sido elevada a los altares de la comprensión lectora por sus seguidores. Bajo ese paraguas conceptual, el resultado de las elecciones del 28 de octubre en Mendoza, no deja menos que augurar más que el fin de un proceso, el inicio de uno nuevo; que pone en el centro de la escena, no tanto al gobernador electo, Celso Jaque, sino a la voraz maquinaria política que posibilitó su llegada al poder: el PJ.

Bajo esa impronta, que alguna vez supo expresarse marketineramente con el lema sobreimpreso del “equipo de los mendocinos”, resurge una estructura que tras el retorno democrático en el 83, logró colocar de manera consecutiva a tres gobernadores peronistas: José Octavio Bordón, Rodolfo Gabrielli y Arturo Lafalla. Cada uno con sus perfiles, los tres supieron amalgamar la impronta personal con el necesario visto bueno de la corporación partidaria. Ninguno desoyó el libreto, y cada cual a su tiempo, ejecutó sin demasiadas pifias lo que el PJ (local y nacional) expresaba en esos momentos históricos.

Entonces, ¿por qué se debería pensar que Jaque actuará de manera distinta? Especialmente cuando por más que hayan trabajado fuertemente para ello, mayoritariamente sus cuadros y gran parte de sus dirigentes no esperaban este triunfo. Con este niño en los brazos, y llorando a gritos, el PJ ha planteado la necesidad de reconstruir los equipos de gobierno y de mostrarse ordenado frente al desafío institucional que a partir del 9 de diciembre tendrá la agrupación. Si bien sus equipos técnicos trabajaron para establecer una plataforma de gobierno, una cosa es escribir y otra, muy distinta dicen, ejecutar; y sobre todo, cumplir.

Sin embargo, tal deseo (inspirado en la deuda que generó el voto popular), parece chocar contra la fijación de prioridades políticas, especialmente en relación con la Concertación. Para decirlo más claramente, Julio Cobos no es el gobernador que se va y al que se podrá alegremente culpar de todos los males que encuentre Jaque en el camino: es el vicepresidente que incluso el malargüino y el mismo PJ llevó en su boleta. Tal intríngulis los hace socios en una eventual gloria y cómplices en una también hipotética derrota. Entendido, obviamente, en términos de gestión.

Claro, habrá que ver como reconstituye la Concertación la misma Cristina Kirchner. Pues hay quienes, en el mismo partido, que suponen que el resultado electoral no ha hecho más que redefinir las pertenencias, y por ende, cuestionar la génesis misma de la confluencia entre radicales y peronistas. Pregunta entonces, ¿seguirá Cristina hablando de Concertación? 

Esta agenda que se fije desde la Nación será clave para la batalla que se dará en la Legislatura, donde se apunta a polarizar los bloques, sumando voluntades a favor del jaquismo y desde algunos sectores del PJ se posiciona por estas horas a hombres como Miguel Serralta, con el consiguiente ruido que la versión produce.

El problema es que incluso en los tiempos de Néstor Kirchner, en el PJ han subsistido aquellos que lo siguen percibiendo como una mera estructura electoral y burocrática para acumular más poder. Por más que el presidente abjure contra el pejotismo, a la hora de los bifes termina (como pasó en Mendoza) recurriendo a los muchachos peronistas que a fuerza de bombos y aparato, hacen su sueño realidad: ganan elecciones.

En ese sentido, el abanderado de esa concepción parece ser según algunos observadores,  el propio multioperador y asesor presidencial Juan Carlos Chueco Mazzón. Un sobreviviente de aquel viejo peronismo que sin embargo ha sabido cuadrar también con habilidad en “la nueva política” que pregonan los Kirchner.

Nadie sabe si en el futuro esto seguirá así, sobre todo cuando el presidente ha anunciado que desde su fundación (Calafate) se apresta a reordenar el mapa político y partidario nacional. Tal vez, para refundar el peronismo. Tal vez para hacer del Frente para la Victoria su lanza más aguda. Tal vez, para darle impulso definitivo a la Concertación… Todos “tal vez” que nadie se anima a responder. Pero mientras esto no ocurra, el mismo Mazzón dejó en Mendoza dos mensajes prístinos: en Mendoza no ganó el Frente para la Victoria, ni la Concertación. En Mendoza ganó el PJ, fue el primero. El segundo, el PJ ya tiene un conductor y un líder político, por lo tanto “y a partir de este momento, no me llamen más”, dicen que dijo en el almuerzo tras la victoria. Con lo cual dejó sentado que de ahora en más las disputas internas no se dirimen más en Buenos Aires… No todos los asistentes le creyeron, especialmente aquellos que creen que tanto esfuerzo supone una suculenta recompensa, al menos para sus amigos.

Sobre todo porque estamos hablando de un PJ que vía Mazzón, tiene aún fuerte influencia de sus antecedentes en Guardia de Hierro, y que algunos de sus dirigentes especulan en el más estricto off: “el peronismo en Mendoza no es K ni lo va a ser nunca…”. La frase, que también suena a advertencia, parece plantear la autonomía conceptual del PJ de Mendoza respecto a las aspiraciones de la Casa Rosada, que no se equivocaba en tener para la provincia un plan B (iffi), que finalmente se diluyó en las urnas.

Asimismo, hay quienes, apuntan en este momento a derribar fantasmas, amparados en otro viejo apotegma de la democracia partidaria peronista: el que gana, conduce; el que pierde, acompaña. Especialmente se encargan de decir y repetir que así como a los “azules” sólo le queda Mazzón, los “naranjas” ya no son del lafallismo que está muerto y sepultado. “Esto es una nueva realidad, con otros actores. Jaque va a dar a luz un nuevo espacio en el que conviven desde Alejandro Cazabán a Guillermo Pereyra, desde Jorge Tanús a Guillermo Carmona”.

Por lo pronto, el partido es un hervidero, pero todos coinciden en que el segundo paso es reorganizar la estructura. Especialmente para realizar una buena gestión que permita legitimarse ante la sociedad y pulsar en el concierto nacional. El mismo Jaque en entrevistas periodísticas ha blanqueado su deseo de trabajar en conjunto con los gobernadores que como él provienen del Senado, a quienes lo unen una mirada generacional, partidaria, y fuertemente comprometida con el proceso encarnado ahora por Cristina. El referente: Jorge Capitanich, aunque claro, y sobre todo por el rol que jugó en la campaña, no habrá que desestimar los consejos que puedan provenir de San Juan de la boca del propio José Luis Gioja.

Desplegada esa estrategia, los analistas internos y externos estiman que el PJ será fiel a su historia de “ir por todo”, pero todo a su “tiempo y armoniosamente”, como también le gustaba decir al viejo líder. En primer lugar estiman que convivirá sin mayores conflictos con otros poderes provinciales (tanto políticos, pero fundamentalmente económicos). Hoy el sector empresario no ve la llegada del PJ como una amenaza. Al contrario, expresa claramente muchas de sus ideas, especialmente en lo que hace a la explotación minera, y también respecto del (¿?) futuro Banco de Mendoza. Tal como está planteado puede ser sepultado (salvo que el informe de la consultora diga lo contrario); pero conforme a esta visión de las cosas, no habría que descartar que el proyecto pueda resurgir con un fuerte aporte de inversión privada. Sus allegados suponen que en materia económica, el gobernador electo se recostará en el sector agropecuario y en las pymes, ya que el ámbito vitivinícola ha sincerado su competitividad más allá de los apoyos o retaceos de las políticas públicas de los gobiernos anteriores.

En lo que hace a la Iglesia, la relación es inmejorable. Su vice, Cristian Racconto se reconoce como católico practicante y el propio Jaque se ha expresado en contra del aborto, en defensa de la vida, lo cual le otorga crédito ante el clero. Incluso, no son pocos quienes en el ámbito del oficialismo especulan que tras asumir tirará por tierra los avances producidos, por ejemplo, en materia de salud reproductiva, con lo que sumaría más puntos en los sectores afines al pensamiento católico ortodoxo. Habrá que ver, pero de confirmarse, puede ser un síntoma preocupante.

En lo que respecta a la Justicia y los sindicatos, y en realidad al panorama de gobierno a partir de su asunción, todo indica que la lógica a seguir será –como describe un analista que conoce al PJ en sus entrañas- “pegar y negociar (más negociar que pegar…)”. Históricamente, el peronismo no ha tenido los pruritos ni los complejos que el radicalismo en el poder ha exhibido, lo que muchas veces ha diluido sus movimientos con los grupos de presión. Sin embargo, otros especialistas reconocen que la fortaleza sindical de Jaque está en el sector privado (sus diputados nacionales, tanto Pereyra como Dante González son de los empleados de comercio y de los petroleros, respectivamente), no así en el sector público, donde se pueden avecinar dificultades. “Se trata de gremios más combativos a los que tendrá que marcarles la cancha de entrada para que no se lo lleven puesto y se quede sin presupuesto…”, reconocen en las cercanías del futuro gobernador.

Por lo pronto, si bien es prematuro aventurar movimientos, sí es posible establecer algún análisis en torno de lo que se avecina. Algo así como una restauración conservadora fiel a la naturaleza del PJ. La de disputar todos y cada uno de los espacios, y la no dejar resquicio olvidado a influencia extraña. La doctrina puede olvidarse o incluso reaprenderse, pero el instinto nunca se pierde.