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Opinión

Radicales, paredón ¿y después?

En la calle Alem radicalizan su radicalismo. La Concertación busca construir a futuro, creyendo que la esperanza también se milita. Tales diferencias de enfoques, hace que hoy por hoy, y supuestamente por un buen tiempo, cada uno irá por su lado. Mientras unos quieren expulsar a todos, otros buscan irse a la Nación. Entre tantos misiles cruzados parece imposible de vislumbrar cuál es el radicalismo que viene.

La sensación es de duelo. O tal vez mucho peor, como si el 28 de octubre una inmensa trituradora hubiera destrozado las aspiraciones y sueños políticos de un partido que terminó de mostrar su fractura expuesta, sangrante, intensa, símil agonía frente a la sociedad. La Unión Cívica Radical perdió en casi todos los frentes y bajo las diversas denominaciones con las que se presentó a la contienda electoral. Tanto con la tradicional Lista 3, como de la innovadora Concertación. Ninguna de las dos agrupaciones de inspiración radical supo cautivar mayoritariamente, y eso significó la pérdida del poder tras ocho años de gobierno en la Provincia.

Muchos son los puntos para el análisis. Y aún con la tropa y la cabeza caliente, la mesura no es lo que prima en los comentarios de dirigentes y militantes. Desde ambos bandos se tejen maniobras que supuestamente explican la debacle, pero que no hacen otra cosa que seguir alimentando la feroz interna, la terrible cerrazón que los llevó a este presente tan amargo. Una realidad que preocupa puertas adentro del comité de la calle Alem y también en el despacho del todavía gobernador Julio Cobos, pero que sin embargo inquieta mucho más puertas afuera, si se considera la importancia que en todo sistema democrático tienen los partidos fuertes y bien constituidos. Incluso en la oposición, rol que tanto los “radicales-radicales” como los “radicales k” tendrán que asumir el 10 de diciembre, pues ese fue el designio del pueblo de Mendoza. Aún así, no habría que sorprenderse si en la Legislatura se producen nuevos pases entre los bloques del panradicalismo, o si hasta –según el tema– articulan estrategias comunes a la hora de votar. Tal actitud, habla de grado de confusión y enrarecimiento que prima en el ambiente.

Ante la debacle, de la que posteriormente nos ocuparemos en particular, el pequeño gran juego de la política también permite que incluso en el desierto exista agua. ¿Cómo es eso? Nada está del todo perdido, parece ser la consigna en la que las diversas facciones radicales coinciden. Por ejemplo, algunos analistas partidarios creen que a pesar del dolor de cabeza que todavía les genera el Huracán Celso, hay quienes “ganaron” (bien entre comillas y bajo estricto sic), y otros que “no perdieron”, eufemismo que en el contexto general suena casi a victoria. El asunto es saber, de cara al futuro, quién o quienes podrán sacar fuerzas de flaqueza para cargar en el lomo una mochila tan pesada y hacer de dos opciones un partido, o de un partido una maquinaria más efectiva y útil que la de fabricar internas. Aunque esto signifique la ruptura total.

Vamos por parte. Entre los escasísimos “ganadores” se anotan diversas ramas, una la del renovado Víctor Fayad, quien optó por jugar con las reglas del juego de la intervención, y sin embargo, pudo –a último momento y con la picardía de los habilidosos del fútbol– colarse en otras listas y salvar su pellejo y el del modelo de “la Muni”, institución radical desde el ‘83. Él mismo dicen que reconoce ante sus íntimos que “esta elección la gané solo, no la ganó la UCR”. Concretada la hazaña de volver por sus fueros, no son pocos los que creen que el Viti se concentrará en la gestión, decaída en los últimos tiempos, soslayará la interna, e intentará construir un nuevo y poderoso bastión de cara a la sucesión de Jaque dentro de cuatro años. Obviamente, conducido y liderado por él. ¿Podrá ser nuevamente exitoso y traducir luego en una provincia que ya en los ‘90 se le negó?

Alfredo Cornejo, desde la Concertación, también logró su cometido inicial: ser intendente de Godoy Cruz, pero se supone que su futuro será solitario, y especialmente aburrido cuando su alto perfil deba convivir con la gestión doméstica, más allá de las complejidades municipales de la actualidad, que exigen que sus intendentes pongan énfasis, especial y particularmente, en el alumbrado, el barrido y la limpieza. Tampoco, como Fayad, muestra muchas intenciones de reconstruir nada que tenga que ver con el radicalismo, para él es historia superada, la UCR es un sello insípido y lo único que le queda es avanzar: “además, siempre van a pensar que fui un traidor…”, refunfuña con sus amigos en confianza. ¿Hará los deberes que le piden sus vecinos, o será el niño díscolo del nuevo panorama político hegemonizado por el jaquismo? ¿Podrá dar el salto de gran alquimista a gran dirigente?

Sin embargo, algo une a Fayad y Cornejo. Los dos tienen ansias de poder y saben que si hacen bien las cosas pueden ir por más. Asimismo, los dos descreen de la estructura que alguna vez los cobijó. De hecho, ambos ganaron sin atarse al sello, si no a su propio talento o estrategia. Cada uno, a su tiempo y según el viento a favor, intentarán construir un futuro que nadie puede asegurar si será común o no. Hoy parece más que difícil, pero mañana, ¿quién sabe? Ambos son las más claras esperanzas de sus respectivos sectores.

Finalmente, los que también salieron airosos son los dirigentes denominados “territoriales” quienes lograron mantener sus reductos en Junín, Rivadavia, La Paz y Tunuyán. Una meta no menor y que de alguna manera significó que la Concertación hiciera al menos una elección decorosa. Salieron ilesos, se bancaron ir con la Concertación y evitaron la depresión más absoluta que hubiera significado perder también en sus departamentos. Ahora, a estos intendentes les espera ser el contrapeso y la articulación en toda la provincia (tanto con el PJ como con la propia UCR ortodoxa), pero y especialmente, tendrán un papel importante en un debate como el que vendrá por la ruptura total o la reconstrucción partidaria. ¿Podrán ejercer esa responsabilidad con criterio, o por el contrario aprovecharán la coyuntura para ampliar su propio peso?

Otro que mantuvo su poder partidario casi desde el ostracismo es José Genoud, quien puso un interventor en el partido, Carlos Le Donne, y consiguió para su sector Causa Nacional, algunos cargos electivos que le siguen garantizando inserción territorial. Cargos que tal vez, y muy difícilmente, hubiera logrado de haber sido éste un proceso electoral más equilibrado y “normal”. Algunos dicen que su desafío ahora es, aprovechando la depresión iglesista, ir por todo el partido (o lo que queda de él). ¿Podrá reorganizar sus huestes para ser más o lo suyo es apenas una mera táctica de supervivencia?

Entre los netamente perdedores el panorama es variopinto. No sólo Julio Cobos, el principal perdedor, que no pudo retener la provincia, ni César Biffi que no logró su cometido de ser gobernador, ni Roberto Iglesias, que tampoco pudo concretar su retorno son los principales derrotados. Iglesias, dicen incluso algunos que lo acompañaron hasta el final “no pudo generar poder efectivo, se peleó con todos, perdió su impronta de ex gobernador, y también la elección; es con Cobos, el otro gran perdedor”. Junto a ellos se anotan dirigentes de peso y trayectoria como Juan Carlos Jaliff, Juan Manuel García, Sergio Marinelli, Eduardo Cicchitti, Marcelino Iglesias, Gabriel Conte, entre otros, que no lograron absolutamente nada. Sus manos vacías tal vez son la mejor imagen de un proceso que se agotó en sí mismo, que se fagocitó brutalmente desde su cabeza a sus entrañas.

De todos ellos, Cobos va a Buenos Aires y el tiempo y su obediencia marcarán su futuro. Mientras tanto amenaza con tomar un partido del que ha sido expulsado… En todo caso lo tomarán otros que luego lo podrán llamar, pero él, per se, no. Biffi es la expresión de un hombre talentoso que hoy se debate en considerar su continuidad en la política. Sabe que a futuro puede reciclarse, pero por estos días sólo busca “tranquilidad de espíritu” para analizar lo que viene. El resto, todos parecen virar al sector privado (salvo Marinelli que podría acompañar a Cobos en Buenos Aires) luego de haber manejado municipios, ministerios, direcciones y hasta la obra social más importante de la Provincia. Esta vacuidad también describe la sensación radical de tristes, fané y descangayados.

Sin embargo y mientras todas estas piezas se reposicionan, salvo para aquellos con urgencias más mundanas como salir a buscar trabajo, se suceden en ambos sectores diversos movimientos que hoy son tenues y solapados pero que con el correr de los meses irán tomando forma. En primer lugar se advierte un fuerte acercamiento de muchos cuadros y dirigentes hacia la figura de Fayad. Creen que el capitalino, con experiencia en la gestión y también en las grandes ligas, puede ser el líder capaz de disciplinar a un partido bravo,  y que a su vez pueda recomponer algo de lo que queda en pie de cara al 2011.

Otros, desde la Concertación, apuntan a fortalecer la unión con peronistas como opción legislativa y en consonancia con la tarea en algunos municipios, por ejemplo San Rafael, donde Omar Félix ha reafirmado la pertenencia al espacio. Aunque, no son pocos los que dudan de la continuidad en el tiempo del noviazgo. Pensada como un instrumento para ganar la Provincia y obtener inserción nacional, se quedó a mitad de camino y en terapia intensiva. Y se sabe, los moribundos impresionan, pero rara vez enamoran.

Por el lado de la UCR ortodoxa, pero no del todo “vitista”, culpan de todo este estado de las cosas a Julio Cobos. Creen que toda esta tristeza de funeral podría haberse evitado simplemente desdoblando en su momento las elecciones para asegurar el triunfo en la provincia y luego ver cómo pintaba el escenario nacional. “No, el Julio prefirió jugar de leal a un tipo que lo hizo vicepresidente solo para los libros de Historia, pero que no le va a permitir ni que contrate al afinador de la campanita del Senado…” dice uno de los que abonan la tesis inflexible del que se rompa pero que no se doble.

En ese sentido, casi todos los dirigentes consultados (radicales y concertadores en sus diferentes especies), aseguran que por el momento no hay ninguna chance de reconciliación. Con matices, algunos tiran la pelota para adelante, dejando un interrogante que sólo parece resolver la imprevisibilidad de la política. Otros, también duros, pero a medias, creen que –analogía de por medio- “el juicio a las juntas hay que hacerlo…, tal vez los mandos medios y bajos puedan ser amnistiados y volver, pero la cúpula no”. Tal idea, apunta, claramente a dejar en claro la responsabilidad de la ruptura, la pérdida del gobierno, y también hasta la “traición” –como definen la jugada- a Cobos, Juan Carlos Jaliff, Alfredo Cornejo, César Biffi y también incluyen a algunos ministros como Sergio Marinelli y Sergio Pinto.

Por supuesto, aquellos líderes que tomaron otro rumbo tampoco muestran muchas ganas de volver porque no quieren ser testigos silenciosos de un derrumbe anunciado. Además, no pueden digerir la triste sensación que se resume en la frase más clásica de los concertadores: “el Roberto nos cagó…”, atribuyendo –con cierta razón- que el caudal de la lista 3 más una presentación más compacta ante la realidad, hubieran supuesto la victoria de Biffi. Sin embargo, suponen que aún en la derrota, en la Concertación hay alguna expectativa a futuro, sobre todo, galopando sobre el desgaste del PJ en la provincia y sobre todo, de ser alternativa de recambio en lugares claves en el cristinismo.

Mientras tanto, hay quienes son más optimistas y suponen que a futuro todo puede volver a su cauce natural. Claro, exigen una renovación generacional que exprese una nueva camada de dirigentes sin los rencores de sus mayores, que al menos pueda tender lazos con los hoy rivales y opositores. Sólo piden que nada se refunde desde los mismos cimientos que hicieron posible la tragedia de hoy, si no que pasen a cuarteles de invierno generales de ambos bandos y que la tregua se firme entre aquellos a los que el odio todavía no los ha alcanzado tanto como a sus jefes que se retiraron el saludo. En esta corriente se encuadraría Mariana Juri y algunos dirigentes jóvenes de los departamentos como Leonardo Salvini de Godoy Cruz, quienes podrían encontrar alguna recepción en cuadros medios de la Concertación. Juri, quien se fue de la gestión de Cobos pregonando la unidad perdida, y tras acompañar sin éxito a Iglesias en su patriada, busca reposicionarse y liderar esa reconstrucción desde la supuesta ortodoxia.

Por pronto, lo cierto es que mientras en la calle Alem radicalizan su radicalismo y quieren cabezas rodantes, en la Concertación buscan construir a futuro, creyendo que la esperanza también se milita. Tales diferencias de enfoques básicos, hace que hoy por hoy, y supuestamente por un buen tiempo, cada uno irá por su lado. Mientras unos quieren expulsar a todos y reafiliar nuevamente, otros especulan filtrar nombres en la Nación y junto a intendentes y gobernadores afines construir un nuevo radicalismo. Algo que entre tantos misiles cruzados parece imposible de vislumbrar.